La sanidad vegetal continúa marcando el desarrollo varietal en los cultivos de pepino y calabacín bajo invernadero. En un contexto donde el ToLCNDV (Nueva Delhi), el CGMMV o los virus transmitidos por pulgón siguen condicionando la rentabilidad de las explotaciones, Sakata refuerza su apuesta por variedades capaces de ofrecer seguridad al productor y responder a las exigencias de toda la cadena comercial.
La compañía destaca que la presión por enfermedades sigue siendo elevada. En pepino, el CGMMV es una de las principales preocupaciones tanto en Almería como en la Costa de Granada, mientras que el ToLCNDV mantiene una mayor incidencia en esta provincia. En calabacín, los virus transmitidos por pulgones se han consolidado como una amenaza especialmente relevante en las zonas con mayor superficie de producción ecológica, como el Levante almeriense.
Para hacer frente a este escenario, Sakata dispone ya de variedades con resistencia intermedia a ToLCNDV en ambos cultivos, combinadas con otras esenciales para el mercado. En pepino, ofrecen además seguridad frente a CVYV, CYSDV, CGMMV y oídio, configurando materiales cada vez más completos desde el punto de vista sanitario.
No obstante, desde la empresa insisten en que la genética por sí sola no es suficiente: “La elección varietal debe integrarse en una estrategia global basada en la protección integrada, combinando herramientas biológicas y químicas para optimizar el control de plagas y enfermedades y cumplir con los estándares de calidad exigidos por los mercados”, explica Cecilio Fernández, responsable de Desarrollo de pepino y calabacín de Sakata.
Rentabilidad y facilidad de manejo
Más allá de las resistencias, la rentabilidad se ha convertido en el principal criterio de selección para los agricultores. La producción comercial, la reducción del destrío y la eficiencia en las labores de cultivo son aspectos prioritarios.
En este sentido, Sakata trabaja con plantas abiertas y equilibradas que faciliten tanto la recolección como la aplicación de tratamientos fitosanitarios. En pepino, la selección se centra en materiales de elevada energía productiva, pero con un comportamiento más generativo que vegetativo. En calabacín, el objetivo son plantas erectas y de entrenudo corto que permitan reducir las necesidades de entutorado y, por tanto, los costes de mano de obra.
La genética se adapta al cambio climático
Las altas temperaturas y el estrés climático están condicionando cada vez más el comportamiento de los cultivos bajo invernadero. Ante esta realidad, Fernández señala que Sakata prioriza el desarrollo de variedades con menor superficie foliar, capaces de mantener un alto potencial productivo incluso en condiciones de calor: “El objetivo es lograr plantas equilibradas que destinen más recursos a la producción de frutos y presenten una mejor respuesta frente a episodios de estrés térmico”.
Uno de los ejemplos más destacados del catálogo de la compañía es Kai, una variedad de calabacín que se ha consolidado como referencia para ciclos tempranos en Almería. “Su combinación de resistencia intermedia a ToLCNDV, elevada productividad y reducción de las labores de entutorado ha favorecido una rápida implantación comercial”, puntualiza Fernández.
En pepino, Dorian continúa siendo uno de los materiales de referencia para los ciclos de primavera-verano gracias a su plasticidad y estabilidad productiva en diferentes condiciones de cultivo.
De cara a la próxima campaña, Sakata ampliará su oferta con nuevas incorporaciones como Bogotá, un pepino holandés para otoño muy productivo con un paquete completo de resistencias, y Kairoh, un nuevo calabacín para temprano diseñado para soportar altas temperaturas y ciclos cortos de producción.


