El encuentro ha vuelto a poner en primer plano la conservación de las variedades tradicionales y el trabajo de quienes mantienen vivas semillas y sabores que forman parte del patrimonio agrícola. En esta edición, el tomate ganador ha destacado tanto por sus características organolépticas como por la historia que existe detrás de su recuperación.
Negro del Escorial, una variedad fruto de la selección
El tomate ganador es el resultado de cerca de una década de trabajo de Emilio Medina Román en la conservación de semillas tradicionales. En su huerta de La Mielga mantiene cientos de variedades de tomates y otros cultivos, con el objetivo de recuperar materiales que durante años han formado parte de las huertas familiares.
En el caso del Negro del Escorial, su origen está en una selección realizada durante años a partir de un tomate procedente de la Campiña del Henares, cruzado posteriormente con alguna variedad de tomate negro. El proceso refleja la evolución natural de muchas variedades tradicionales, basadas en la selección realizada por los propios agricultores.
«Todas las variedades tradicionales son variedades abiertas que se cultivan en las huertas, pueden tener algún cruce y, seleccionándolas durante años, puedes obtener variedades diferentes, con nuevos aromas y sabores», explica Medina Román.
Un tomate marcado por el clima y el cultivo en secano
El Negro del Escorial destaca por su equilibrio entre acidez y dulzor, aunque su principal característica es la intensidad de su sabor. Para el hortelano, una parte importante de estas cualidades está relacionada con las condiciones en las que cultiva sus plantas en tierras palentinas.
«Los cultivo en secano o con muy poca agua, prácticamente nada, y eso hace que concentren muchísimo el sabor», señala. A esta forma de cultivo se suman las características de Tierra de Campos, con sus suelos arcillosos y pesados y unas diferencias importantes de temperatura entre el día y la noche.
Según Medina, la combinación de estos factores favorece la concentración de los sabores. Así, una variedad vinculada tradicionalmente a Madrid ha encontrado en las tierras palentinas unas condiciones que han contribuido a potenciar sus características y a llevarla hasta lo más alto del certamen celebrado en Cantabria.
Recuperar semillas para conservar el patrimonio hortícola
El reconocimiento obtenido en Polanco es también el resultado de un proyecto personal centrado en recuperar variedades y conocimientos tradicionales. Desde hace aproximadamente diez años, Medina trabaja para evitar que desaparezcan productos y sabores que fueron habituales en las huertas familiares.
Su banco de semillas incluye, además de tomates, variedades antiguas de patatas, lechugas, alubias y otras legumbres, pimientos, sandías y melones. Para ampliar esta colección ha recurrido al intercambio de semillas con agricultores y familias, algunas de ellas conservadas durante generaciones.
En este proceso también ha sido fundamental recuperar los conocimientos de antiguos hortelanos. «Me ha enseñado la gente mayor que todavía sabía cómo se hacía antes y también he sido muy autodidacta. He probado, he fallado muchísimo y he cometido muchos errores, pero al final todo va dando sus frutos», explica.
Ananas Noir, mejor tomate internacional
El palmarés de Emilio Medina en la feria no se ha limitado al premio nacional. El hortelano palentino también ha conseguido el reconocimiento al mejor tomate internacional con el Ananas Noir, una variedad francesa perteneciente al grupo conocido como tomates piña.
La principal particularidad de este tomate se aprecia al cortarlo. Su interior combina diferentes tonalidades de verde, amarillo y rojo, con matices de sabor diferenciados. «Es una pasada porque cuando lo abres aparecen tres colores, verde, amarillo y rojo, que se mezclan, y cada uno tiene un sabor diferente», destaca Medina.
Las zonas verdes presentan notas más dulces, mientras que las partes rojas aportan una mayor acidez y las amarillas contribuyen al equilibrio. El resultado es, según el hortelano, «un equilibrio brutal», al que se suman una piel fina, pocas semillas y una carne compacta y prácticamente sin agua.
Polanco reivindica las variedades tradicionales
El resto del palmarés de la VIII Feria Nacional del Tomate Antiguo ha reconocido también a otros productores. El premio al mejor tomate de Cantabria ha correspondido a Celestino Tresgallo, de Delicias de la Huerta, en Miengo, mientras que Mari Carmen Toca ha conseguido el galardón al mejor tomate de Polanco con la variedad Amarillo Ruso.
La alcaldesa de Polanco, Rosa Díaz, ha felicitado a los premiados y ha destacado la participación registrada durante una edición que ha convertido nuevamente al municipio cántabro en punto de encuentro para cultivadores, aficionados y especialistas en variedades tradicionales.
«Durante todo el fin de semana Polanco se ha convertido de nuevo en la capital del tomate antiguo», ha señalado la regidora, quien también ha puesto en valor el interés creciente por recuperar productos que forman parte del patrimonio agrícola y gastronómico.
La conservación de estas variedades y la transmisión de las semillas entre agricultores y generaciones constituyen uno de los principales objetivos de la feria. La VIII edición se ha celebrado los días 22 y 23 de agosto y ha vuelto a reivindicar la importancia de mantener vivo este patrimonio hortícola.


