En este contexto, la sanidad vegetal se ha convertido en uno de los grandes ejes de preocupación. La falta de herramientas en la desinfección de suelos obliga a los viveros a trabajar con un enfoque más preventivo, técnico y constante. Las rotaciones, las medidas culturales, el uso de soluciones biológicas, la vigilancia continua y los análisis ganan peso, aunque el sector advierte de que estas alternativas no tienen la fiabilidad que tenían los tratamientos.
Otro de los grandes retos es la mano de obra. La producción de planta de fresa sigue teniendo un fuerte componente manual, por lo que la falta de personal condiciona los calendarios, la selección, la calidad final y la capacidad de crecimiento. A ello se suma la presión por la precocidad, una demanda creciente del productor, pero a lo que el propio sector viverista exige prudencia, “adelantar fechas no garantiza mejores resultados si la planta no llega suficientemente preparada”.
Las perspectivas pasan por un vivero más profesionalizado, diversificado y tecnológico. El futuro del sector dependerá de su capacidad para equilibrar calidad, sanidad, eficiencia productiva y respuesta a un entorno normativo y agronómico cada vez más exigente.


