Evolución
En los últimos veinte años, la presencia de manzana nacional en los lineales ha aumentado un 47%, un crecimiento que no es fruto de la casualidad. Según Álex Creixell, gerente de Giropoma, este avance responde a una combinación de factores como la concienciación del consumidor, la apuesta por variedades adaptadas al gusto actual y una progresiva y constante renovación varietal. “Desde la pandemia, se ha creado más conciencia sobre el producto nacional”, explica Creixell.
“El consumidor prioriza el precio, sí, pero también busca sabor y origen. Cada vez hay más personas que, si pueden elegir, prefieren fruta nacional”, explica Alex, para quien este cambio de percepción ha ido acompañado de una transformación en el campo. Si bien el mercado español sigue liderado por las Golden, rojas americanas (como Red Delicious, aunque en retroceso), Granny o Fuji, las nuevas generaciones se decantan por manzanas con más sabor y crocancia, lo que está abriendo la puerta a variedades tipo club como Pink Lady, Joya o Candine, esta última aún en fase inicial, pero con gran potencial. “Candine tiene todo lo que busca el consumidor español: es crujiente, dura, bonita y, sobre todo, muy estable en calidad y sabor”. Además, a nivel productivo, añade el gerente de Giropoma, con una calidad homogénea.
Un consumidor más exigente
El perfil del consumidor de manzana se está diversificando. Las generaciones mayores siguen fieles a la Golden, mientras que los jóvenes prefieren nuevas experiencias gustativas, identificando su consumo al snacking, “por eso, las variedades tipo club están ganando cuota”.
En paralelo, los calibres también están cambiando. Si hace unos años el mercado premiaba las piezas grandes, ahora los calibres medianos ganan terreno por ser más prácticos para el consumo diario o como snack.
Estabilidad en precios y promoción
La campaña actual ha sido estable en precios, sin grandes sobresaltos, pero marcada por una menor producción. Aun así, la demanda nacional se mantiene fuerte. “El mercado español es deficitario en manzana. Consumimos mucho más de lo que producimos, por eso todavía necesitamos importar”, recuerda Creixell. Por su parte, Giropoma produce unas 30.000 toneladas de manzana, de las cuales entre el 80 y el 85% se destina al mercado español.
Uno de los grandes desafíos del sector sigue siendo la promoción. “Si no te ven, no existes”, resume. La falta de unión en el sector y la atomización de la producción dificultan grandes campañas como las que sí pueden realizar los grupos internacionales.
Apuesta tecnológica
La adaptación varietal también se ve empujada por el cambio climático. Las variedades antiguas sufren más con las nuevas condiciones meteorológicas, mientras que las nuevas se diseñan ya pensando en resistencias y estabilidad.
Además, Giropoma ya ha introducido innovación tecnológica en sus instalaciones con la implantación del primer robot de confección de manzanas de España, que opera tres turnos al día. “La falta de mano de obra en nuestra zona, que es muy turística, nos llevó a apostar por esta solución. Es rentable y eficiente”, concluye Creixell.

