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Estufas para proteger la floración en Cieza

«Tenemos que proporcionar calor a los árboles, que en estos momentos se encuentran en pleno movimiento con la floración», explicó ayer Rafael Jiménez, un productor de fruta de hueso que podría ver frustrado todo un año de trabajo en tan solo unas horas.

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Rafael Jiménez, con botes de parafina, sigue a uno de sus empleados, que carga una estufa de gasoil. / C. CABALLERO

No es del todo normal que, encumbrando el mes de marzo, los agricultores de la Vega Alta tengan que prepararse para una posible helada cuando la floración de los frutales está en todo su apogeo. Sin embargo, la llegada de esta tardía entrada fría que ha envuelto a la Región en los últimos dos días ha hecho saltar todas las alarmas y los productores se han provisto de un arsenal ante una eventual descenso del mercurio por debajo de los cero grados.

«Tenemos que proporcionar calor a los árboles, que en estos momentos se encuentran en pleno movimiento con la floración», explicó ayer Rafael Jiménez, un productor de fruta de hueso que podría ver frustrado todo un año de trabajo en tan solo unas horas.

Por ello, Jiménez, y otros muchos agricultores de Cieza y de la Vega Alta, se han hecho de diferentes sistemas que podrían elevar la temperatura uno o dos grados, los suficiente para salvar las cosechas. «Si se nos viene una helada de siete u ocho grados bajo cero, poco podemos hacer, pero si el termómetro desciende entre dos o tres, sí que podemos amortiguar mucho el frío con estos métodos», indica el productor.

Y entre estos sistemas, el más común es la combustión con botes de parafina, colocándolos entre los árboles. Este procedimiento libra a la atmósfera del molesto humo derivado de la quema de alpacas de paja prensada, una práctica que ha sido objeto de la apertura de diligencias por parte de Fiscalía de Medio Ambiente a raíz de una denuncia de Ecologistas en Acción sobre la contaminación provocada por esos métodos.

La colocación de estufas de gasoil también se está extendiendo en los últimos años. Aunque algunos agricultores las compran en propiedad, lo más común es alquilarlas. «Con ellas, controlamos la cantidad de calor que queremos proporcionar. Es uno de los mejores sistemas porque dependiendo el frío que haga, podemos aplicar más o menos calor a los árboles en tiempo real, por lo que gastamos más o menos gasoil».

Efecto de iglú

También se ha convertido en un sistema antiheladas muy efectivo el riego por aspersión desde el aire, lo que crea un efecto de iglú en cada flor mediante hielo que la mantiene por encima de los cero grados, aprovechando la liberación de calor que se produce al congelarse el agua. «Su efectividad está muy demostrada, pero gastamos un agua que no tenemos, ya que hay que mantener los goteros abiertos muchas horas», destaca Rafael Jiménez, uno de los pocos cosecheros que ha apostado por otro novedoso sistema: la colocación de grandes ventiladores.

Se trata de hacer «recircular» el aire con grandes ventiladores. «Lo que hacemos es levantar el aire frío que por su mayor densidad se ha ido acumulando en el suelo con el aire más cálido en altura». Sin embargo, Jiménez lamenta que el principal problema «es la fuerte inversión inicial que hay que hacer y no todo el mundo está dispuesto». «Las administraciones, y ante la ineficacia de los seguros agrarios, deberían subvencionar estos artilugios», concluye.

Fuente: laverdad.es

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