Entrevista a Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia
¿Percibe una recuperación real del sector ecológico?
Analizando la evolución del mercado con perspectiva, sí hay una recuperación. Entre 2020 y 2022 vivimos un crecimiento extraordinario, con un incremento acumulado del consumo ecológico en España cercano al 35%. Era un ritmo difícil de mantener indefinidamente.
Durante 2023 y 2024 ha habido una estabilización del mercado, algo que considero incluso positivo porque ningún sector puede crecer eternamente a dos dígitos. Esa etapa ya ha quedado atrás y hemos vuelto a una senda de crecimiento más sólida, con aumentos del consumo del 5% y del 6% en 2025 y 2026, respectivamente.
Además, los datos del primer semestre de 2026 son especialmente esperanzadores: las tiendas especializadas registran un incremento del consumo cercano al 15% en el mercado interno. Por tanto, más que hablar de incertidumbre, el mercado está recuperando su trayectoria habitual.
El sector coincide en que el gran reto ya no es producir, sino aumentar el consumo. ¿Por qué sigue costando normalizarlo?
Porque todavía falta mucha información. El primer paso pasa por mejorar el reconocimiento del sello europeo, la conocida “Eurohoja”. Aunque es el distintivo agroalimentario más reconocido de Europa, en España aún existe un amplio margen de mejora.
Pero, sobre todo, necesitamos campañas de promoción y sensibilización que expliquen claramente qué es un producto ecológico y desmonten muchos de los falsos mitos que todavía persisten, especialmente en torno al precio o a la forma de producir.
Normalizar el consumo pasa por desarrollar una estrategia de comunicación a nivel nacional que explique las ventajas de estos alimentos, enseñe a identificarlos y anime a incorporarlos al consumo habitual.
¿El consumidor entiende realmente el valor añadido que hay detrás de un producto ecológico?
Todavía muy poco. Curiosamente, donde observamos un mayor crecimiento es entre los menores de 36 años, un perfil de consumidor más formado y sensibilizado, tanto con la salud como con el medio ambiente.
Tradicionalmente, en España el consumidor elegía productos ecológicos principalmente por motivos de salud. Ahora empieza a hacerlo también por su impacto ambiental, y esa es una evolución muy positiva.
Aun así, queda mucho trabajo por hacer para trasladar el verdadero valor añadido de este modelo productivo: la seguridad alimentaria, la conservación de la fertilidad del suelo, la protección de los acuíferos o el mantenimiento de los ecosistemas. Todo ello supone invertir en el futuro frente a una visión cortoplacista.
La diferencia de precio entre el convencional y el ecológico se ha reducido, pero los costes siguen siendo elevados. ¿Está en riesgo la rentabilidad del productor?
La rentabilidad siempre está sometida a incertidumbre porque el agricultor produce hoy sin conocer cuál será el precio de venta futuro. Conviene recordar que el sector convencional ha sufrido un fuerte incremento del precio de fertilizantes y fitosanitarios, superior al 30%, lo que ha elevado sus costes de producción alrededor de un 14%.
En producción ecológica esa dependencia de insumos externos es mucho menor. Precisamente por eso estamos comprobando que es un sistema más resiliente frente a situaciones como las guerras o las tensiones internacionales, que afectan mucho menos a su estructura de costes.
¿Existe una pérdida de competitividad frente a terceros países con normativas menos exigentes?
No existe ya que en producción ecológica todos jugamos con las mismas reglas. La normativa europea es única para los 470 millones de consumidores, de modo que un productor español o italiano debe cumplir exactamente los mismos requisitos.
Lo mismo ocurre con los países terceros. Un productor del norte de África que quiera exportar productos ecológicos a Europa tiene que cumplir íntegramente el reglamento europeo y estar certificado por organismos autorizados por la Unión Europea.
Además, desde hace décadas el etiquetado permite identificar claramente el origen del producto. Por tanto, en ecológico no existen atajos ni normativas más laxas para competir en el mercado europeo.
¿Qué impacto están teniendo el cambio climático, las nuevas plagas y la virosis sobre la producción ecológica?
Es un problema que afecta a todo el sector agroalimentario. En ecológico contamos con menos herramientas de intervención, por lo que el conocimiento técnico y el manejo de las explotaciones adquieren una importancia todavía mayor.
La propia gestión de las fincas ecológicas favorece un mayor equilibrio biológico y la creación de zonas de amortiguamiento que ayudan en la prevención de determinadas enfermedades y virosis.
No obstante, cuando aparece un problema sanitario importante en una explotación, sus consecuencias afectan tanto a la agricultura ecológica como a la convencional.
¿Qué medidas deberían impulsar Europa y las administraciones para fomentar realmente el consumo ecológico?
La principal herramienta son las compras públicas. Países como Dinamarca u Holanda superan el 30% de consumo ecológico gracias al impulso de los comedores públicos. España ya dispone de un Real Decreto para fomentar la presencia de productos ecológicos en la restauración colectiva y algunas comunidades, como Andalucía, también están avanzando en esa dirección.
Junto a ello, necesitamos campañas de información y una política fiscal que incentive el consumo. Desde Ecovalia defendemos que quienes producen sin contaminar y contribuyen a la sostenibilidad deben beneficiarse de una menor carga impositiva. La fiscalidad también puede convertirse en una herramienta para impulsar la transición ecológica.
Si tuviera que resumir el gran desafío y también la gran oportunidad de la agricultura ecológica europea, ¿cuál sería?
La gran oportunidad es que, tras 35 años de recorrido, la producción ecológica ha demostrado ser un sistema estable, resiliente y con menor dependencia de insumos externos. Lo hemos comprobado durante las dos últimas grandes crisis internacionales, en las que ha mantenido una mayor estabilidad de precios.
El gran desafío sigue siendo el mismo: conseguir que la sociedad entienda realmente qué es la producción ecológica y el valor que aporta.
Con más información, más promoción y un mayor compromiso de las administraciones —especialmente a través de las compras públicas— aumentaría el consumo, crecería el número de productores y el conjunto de la cadena alimentaria saldría reforzado.
Ese sigue siendo el gran reto del sector.


