Aunque ya estamos inmersos en la campaรฑa 2014/2015, hace poco se publicรณ el que casi todo el mundo considera resumen definitivo de la campaรฑa anterior, que es el que se realiza desde el Servicio de Estudios Agroalimentarios de Cajamar. Este informe da cuenta de que en la รบltima campaรฑa se batieron nuevos rรฉcords de cantidades producidas, comercializadas y exportadas; aunque, a causa del descenso de los precios de un 7 % en promedio, los ingresos se vieron reducidos en un 2,8 %.
La explosiรณn de la burbuja inmobiliaria y el estallido de la crisis financiera internacional impactaron de forma diferencial dejando al sector agroalimentario โsolo ante el peligroโ. Aunque por sรญ solo sea incapaz de compensar las pรฉrdidas de renta y empleo provocadas por el impacto en el resto de sectores, lo cierto es que el agroalimentario se encontrรณ con un panorama favorable desde el punto de vista de la inversiรณn: mejor acceso al crรฉdito (muy racionado en los primeros aรฑos para el conjunto de la economรญa), capital proveniente de otros sectores en ese momento mucho menos atractivos y retorno de un capital humano de alta capacitaciรณn que habรญa buscado acomodo en sectores mรกs atractivos y que ahora buscaba desarrollarse a travรฉs del negocio agrรญcola.
Esta confluencia de factores ha permitido el incremento de la superficie y de la producciรณn en los รบltimos aรฑos, al tiempo que una mejora en la calidad media de los activos productivos, con un aumento de los invernaderos mรกs avanzados y con la mejora en la gestiรณn de las explotaciones y de las comercializadoras. Sin embargo, estos avances no sirven para escapar de la trampa de los alimentos, segรบn la cual la tendencia de los precios reales a largoย plazo es decreciente, fruto de una demanda inelรกstica y los aumentos tendenciales de la producciรณn. Escapar a esta trampa no es una labor sencilla. Implica ser mรกs eficiente en el uso de los insumos y de los recursos productivos (en los gastos) y tambiรฉn intentar influir en el precio percibido (los ingresos). Lo primero estรก al alcance de cada uno de los agricultores. Sin embargo, lo segundo requiere de un nivel organizativo superior, en el que se compense de alguna forma el poder de mercado de los compradores (cada vez mรกs plataformas y cadenas de la gran distribuciรณn). Esta vรญa consiste, para la mayor parte de la producciรณn, en el reescalado de la comercializaciรณn, aumentando las cantidades comercializadas y reduciendo, en consecuencia, el nรบmero de empresas en la venta en origen.
En las campaรฑas anteriores asistimos al alumbramiento de algunas de las mรกs grandes comercializadoras por la vรญa de las fusiones y adquisiciones, movimientos corporativos que generan un gran efecto en muy poco tiempo. Sin embargo, ahora estamos observando tambiรฉn un fenรณmeno segรบn el cual los propios agricultores โvotan con los piesโ y eligen mudarse a comercializadoras mรกs grandes. Asรญ, el grado de concentraciรณn de la venta en origen ascendiรณ en la pasada campaรฑa al 34 % (cuota conjunta de las cinco empresas mรกs grandes).
La coincidencia en el tiempo de todos estos fenรณmenos, sumada a la demostrada resiliencia del distrito agroindustrial almeriense, nos hacen albergar renovadas esperanzas sobre el futuro inmediato del sector, al margen de coyunturas de campaรฑa mรกs o menos favorables. Si el campo almeriense es capaz de culminar su tercera sustituciรณn generacional en los tรฉrminos que la ha iniciado, nos espera una agricultura mucho mรกs profesionalizada, mejor dimensionada, mรกs eficiente, mรกs rentable y mรกs sostenible.


