Resiliencia: modelo España
Uno de los argumentos para afrontarlo es la resiliencia del modelo productivo español forjado tras múltiples crisis. España no solo es la despensa de Europa, sino que, además, es un garante en tiempos difíciles. Cuando las cosas se ponen realmente complicadas Europa mira a España. El problema para nosotros es que, cuando escampa, volvemos a cambiar cromos por intereses, no estratégicos, sino tácticos.
La gestión de este tipo de contextos ha evolucionado hacia aproximaciones más estratégicas, que van más allá de la eficiencia operativa tradicional. Ahora se incorporan elementos clave como el aumento del tamaño empresarial, el pensamiento estratégico, el marketing y la labor de lobby, superando el enfoque clásico centrado únicamente en calidad, servicio y precio. En la práctica, esto obliga a mirar el negocio con una visión más amplia y más conectada con el entorno competitivo y regulatorio. Morir en la eficiencia, en lo que hacemos ahora, en estos tiempos cambiantes, puede ser el fin. Hoy es más importante saber qué hacer en cada momento, que ser bueno haciendo lo que haces.
Aprendizajes y costes
El aprendizaje fundamental ha sido un cambio de mentalidad (mindset) hacia el desarrollo de una visión estratégica más amplia y adaptativa, para navegar en entornos complejos. Ya no basta con gestionar bien el corto plazo; resulta imprescindible anticiparse y pensar en términos de posición futura. La ventaja competitiva está cada vez más en la capacidad de reaccionar bien y a tiempo.
El modelo productivo europeo está demasiado expuesto a factores externos y esto se debe a que durante años se priorizaron los precios bajos sin considerar otros factores estratégicos, lo cual ha derivado en los altos costes actuales cuando la geopolítica cambia. Ese enfoque ha dejado al sector en una posición especialmente vulnerable cuando se tensionan materias primas, energía o suministros clave.
Estrategias, autonomía y colaboración
La prioridad principal, en el caso de Única, es el modelo de relación con los clientes y los agricultores. En tiempos de incertidumbre, es clave generar un entorno de seguridad y compromiso mutuo entre todas las partes. Sobre esa base se pueden construir acuerdos duraderos y decisiones estratégicas más sólidas.
De igual forma, es necesario avanzar hacia una mayor autonomía estratégica actuando como actores globales, no solo europeos. Esto implica que el sector agroalimentario europeo asuma un liderazgo mundial sin complejos. Para ello, será necesario ampliar la mirada, reforzar capacidades y competir con mayor ambición en un mercado global.
El contexto actual de crisis es el momento propicio para fortalecer estos vínculos colaborativos en toda la cadena de valor. Cuanto mayor sea esa coordinación, mayor será también la capacidad del sector para responder con solidez a escenarios adversos. Y ahora es creciente y deseada por todas las partes.



