Onubafruit ha cerrado la campaña 2024-2025 con una facturación de alrededor de 310 millones de euros. La cifra, presentada durante su asamblea general, confirma la dimensión de la cooperativa de segundo grado como una de las referencias, no solo en la comercialización de frutos rojos, sino de frutas y hortalizas. Sin embargo, detrás del dato económico hay una lectura más profunda, la consolidación de un modelo que ha cambiado la forma de producir, vender y proyectar el futuro de muchas explotaciones de Huelva.
La Asamblea reunió a agricultores de las cinco entidades que integran el grupo (Cobella, Cooperativa Costa de Huelva, Cartayfres, Freslucena y SAT Condado) en una jornada centrada en el balance de campaña, la innovación, la sostenibilidad y los retos que marcarán el futuro inmediato de los berries. Pero el verdadero valor del encuentro estuvo también en el relato compartido por sus socios, pequeñas y medianas explotaciones que han encontrado en Onubafruit no solo un canal de venta, sino una estructura para ganar estabilidad, acceder a nuevos mercados, apoyarse en asesoramiento técnico y participar en una estrategia común.
Ese es, probablemente, el principal cambio que expresan los agricultores cuando hablan de la evolución del grupo, la seguridad. Alfonsa Suárez Macías, agricultora de Costa de Huelva, resume esa idea desde una trayectoria familiar ligada al campo. Comenzó con fresa, ha incorporado arándano y mantiene una explotación que ha ido creciendo desde la base heredada de sus padres. Para ella, el salto más evidente ha estado “a la hora de la venta”, en la posibilidad de contar con una mayor tranquilidad comercial y con el acompañamiento técnico de la cooperativa para decidir variedades, planificar cultivos o resolver problemas en campo.
Esa misma palabra, tranquilidad, aparece de forma recurrente en las entrevistas realizadas a algunos los socios. Emilio José Mora Regidor, agricultor de Palos de la Frontera, lo plantea como una cuestión de estabilidad para tomar decisiones durante todo el año. Su empresa familiar, con fresa y arándano, ha apostado recientemente por la hidroponía, una inversión elevada pero orientada a reducir trabajos de montaje, desmontaje y movimientos de tierra, mejorar el manejo y adaptarse a un contexto de mayor incertidumbre climática y sanitaria. “No queremos tanto crecer por crecer, como que la empresa sea rentable”, viene a resumir. La clave no está solo en producir más, sino en obtener más valor con lo que ya se tiene.
Ese matiz es importante en un sector que durante años ha medido su competitividad en hectáreas, volumen y capacidad de respuesta. La evolución actual apunta hacia otra dirección, más calidad, más valor, más eficiencia y más continuidad. Onubafruit ha situado en el centro de su estrategia el desarrollo varietal, la sostenibilidad y la digitalización.
Estos ya no son conceptos abstractos para el agricultor. Se traducen en fruta que llega mejor al mercado, en campañas menos concentradas, en mayor capacidad para atender a clientes internacionales y en herramientas que una explotación individual difícilmente podría asumir por sí sola.
Manuel Ramírez Santana, agricultor de Cobella, lo explica desde la experiencia de quien llegó al campo tras la crisis de la construcción y terminó consolidando su proyecto en arándano y frambuesa. Para él, el cambio de Onubafruit ha sido especialmente relevante en dos ámbitos: la comercialización y el desarrollo varietal. La investigación exige campos experimentales, años de prueba y error, inversión y capacidad para validar si una variedad funciona agronómicamente y, además, es aceptada por el mercado. “Una empresa pequeña no puede asumir esos costes”, reflexiona. En su caso, pertenecer al grupo significa disponer de técnicos, financiación, variedades y estructura.
También Juan Francisco Serafín, de Rociana del Condado, identifica el salto colectivo como un antes y un después. Su explotación está centrada en fresa y pertenece a SAT Condado. Para él, Onubafruit ha abierto un abanico de clientes, formatos, envases y exigencias de calidad que antes no existía con la misma dimensión. La agrupación, afirma, le permitió ganar volumen, diversificar mercados y profesionalizar el modo de trabajar. “La unión hace la fuerza” no aparece en su testimonio como una frase hecha, sino como una lectura práctica de lo ocurrido en el sector.
El reto varietal, en este sentido, sigue siendo uno de los grandes ejes de futuro.
En arándano y frambuesa, los socios ya perciben el efecto de las variedades propias. En fresa, la aspiración es avanzar hacia una variedad exclusiva que permita reforzar la diferenciación, del mismo modo que ya ha ocurrido en otros cultivos. La innovación no se plantea solo como una ventaja productiva, sino como una herramienta de posicionamiento: ofrecer una fruta reconocible, adaptada al mercado, con calidad constante y capacidad para responder a los calendarios comerciales.
Ramón Pérez, agricultor de Cartayfres y responsable de Explotaciones Agrícolas Prado Viejo, añade otra dimensión a este proceso, la profesionalización. Tras volver al campo en el contexto de la crisis de 2008, pasó de unos primeros invernaderos a una explotación de mayor dimensión, principalmente de frambuesa. Su diagnóstico es claro: el agricultor vive hoy mejor que antes porque el sector se ha hecho más profesional. La campaña ya no se limita a unos meses intensos; con fresa, arándano y frambuesa, muchas explotaciones pueden trabajar diez u once meses al año, incluso acercarse a una actividad casi continua.
En ese contexto, la cooperación vuelve a aparecer como respuesta. Onubafruit no solo agrupa toneladas, ordena oferta, concentra conocimiento, impulsa innovación, facilita el acceso a mercados y da a sus socios una posición que difícilmente tendrían de forma aislada. La asamblea general, con el recuerdo también a Francisco Coronel, expresidente de SAT Condado, fallecido el pasado mes de septiembre, reforzó ese sentido de proyecto común y de continuidad generacional.
Los 310 millones de euros de facturación son, por tanto, el titular económico de una campaña. Pero en el fondo, la fortaleza de Onubafruit no reside únicamente en su dimensión, sino en haber convertido la cooperación en una estrategia empresarial para que sus socios sigan produciendo con futuro.



