En el contexto actual, marcado por la progresiva retirada de materias activas, nos encontramos en una fase de consolidación y especialización de las alternativas biológicas. Las innovaciones ya no se limitan únicamente a la introducción de nuevos agentes de control biológico, sino que abarcan también el desarrollo de formulaciones más eficaces, estrategias de aplicación más precisas y modelos de implementación adaptados a cada sistema productivo.
Estas soluciones permiten al agricultor mantener una producción resiliente, segura y competitiva, siempre que se integren correctamente dentro de programas de manejo integrado de plagas (MIP).
España es, sin duda, un mercado de referencia a nivel internacional en manejo integrado y producción sostenible, especialmente en hortícolas y frutales. El elevado nivel de conocimiento técnico generado en los últimos años ha permitido una adopción avanzada de soluciones biológicas. No obstante, el mercado continúa evolucionando y aún existe margen de mejora, especialmente en la ampliación de soluciones frente a plagas complejas, la adaptación a nuevos escenarios fitosanitarios y la optimización de estrategias integradas que compensen la pérdida de materias activas sin comprometer la rentabilidad del cultivo.
FASE DE IMPLANTACIÓN
Las alternativas biológicas se están adoptando progresivamente y, en algunos cultivos, el manejo de plagas se realiza casi en su totalidad mediante control biológico. En otros cultivos más complejos, donde los agentes de control biológico tardan más en adaptarse, se están incorporando otras soluciones biológicas complementarias, mientras que en paralelo continúa la innovación para ampliar la cobertura del control biológico a la totalidad de los cultivos.
Desde mi punto de vista, el principal desafío ha sido la llegada masiva de plagas invasoras, que ha podido desequilibrar este proceso y generar cierta incertidumbre. Además, la complejidad de controlar estas plagas, que requiere medidas adicionales de seguimiento y monitoreo para detección temprana, ha implicado una mayor dedicación en campo y, en algunos casos, ha resultado laborioso para el agricultor.
EFICACIA
Para abordar esta cuestión es importante diferenciar el concepto de eficacia. Tradicionalmente, la eficacia de determinados productos fitosanitarios se ha asociado a la capacidad de mantener las poblaciones de plaga por debajo de un umbral determinado de forma rápida, si bien está ampliamente demostrado que un uso repetido o excesivo de estas herramientas puede derivar en problemas de resistencia y pérdida de eficacia a medio y largo plazo.
Las alternativas biológicas, por su parte, permiten mantener el cultivo dentro de niveles de control compatibles con la producción comercial, pero lo hacen desde un enfoque distinto. No se busca un efecto inmediato, ya que los agentes de control biológico, macro y microorganismos beneficiosos, no actúan por toxicidad, sino mediante mecanismos biológicos progresivos y autorregulados. Este tipo de soluciones favorece sistemas de producción más estables, con menor impacto sanitario y medioambiental.
PROPUESTAS
Para acelerar la transición hacia un control biológico más generalizado, es esencial una colaboración estrecha entre empresas, administraciones y productores. Las empresas deben aportar conocimiento técnico, formación y experiencias de campo. Los productores, retroalimentación práctica sobre la eficacia y la implementación. Y las administraciones, marcos regulatorios adaptados, apoyo a la innovación e incentivos para prácticas sostenibles.
Desde mi posición, propondría impulsar programas de manejo integrado coordinados que combinen agentes biológicos con sistemas de monitoreo digital, formación continua y plataformas colaborativas para compartir datos y experiencias en tiempo real. Lo que permitiría reducir el uso de plaguicidas químicos, aumentar la superficie bajo manejo biológico y mejorar la biodiversidad y resiliencia agrícola.

