Cajas, palets y film dejan de ser invisibles. El calendario del hortofrutícola en 2025 arrancó con cambios, ya que, desde el 1 de enero, los envases comerciales comenzaron a estar bajo la lupa de la RAP (Responsabilidad Ampliada del Productor) y su gestión y reciclaje se han convertido en una obligación para las empresas. Se trata de un cambio normativo que va mucho más allá del papel: afecta a la operativa diaria de cooperativas, centrales hortofrutícolas, plataformas logísticas, mayoristas y cadenas de distribución.
Hasta ahora, la RAP se centraba en los envases domésticos, los que llegan a las manos de los consumidores y que en España se reciclan desde hace casi 30 años. La novedad es que la responsabilidad se extiende a los envases comerciales, esos que el consumidor final nunca se lleva pero que resultan esenciales para que la fruta y la verdura lleguen desde el campo a la mesa. Es decir, ya reciclábamos la malla de mandarinas que el cliente se lleva de la tienda a su hogar, porque es un envase doméstico, pero ahora la normativa abarca también la caja grande en la que hemos transportado esas mallas hasta el establecimiento de venta, que el cliente no se lleva.
Cumplir con la normativa exige implementar tres acciones. La primera es adherirse a un Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), encargado de garantizar la gestión y financiación de los envases. La segunda, declarar anualmente a ese sistema la cantidad real de envases puestos en el mercado, de modo que cada empresa pague solo por lo que introduce. Y la tercera, inscribirse en el Registro de Productores de Producto del MITERD (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) y reportar allí cada año la cantidad y tipología de envases, un trámite obligatorio pero gratuito.
El esfuerzo de adaptación es evidente, pero también abre la puerta a oportunidades. Conocer en detalle los envases que se utilizan permite optimizar materiales, reducir gramajes y apostar por soluciones más eficientes en logística y almacenamiento. En un mercado cada vez más exigente en sostenibilidad, incorporar criterios de ecodiseño a las cajas o al embalaje puede marcar la diferencia ante la distribución nacional e internacional.
Consciente de este contexto, Ecoembes, que desde hace más de 25 años ha sido el SCRAP de confianza de miles de empresas españolas, gestionando millones de toneladas de envases domésticos, ha creado Ecoembes Comerciales. Se trata de una división especializada y sin cuota de adhesión para simplificar la gestión de las empresas y asegurar su cumplimiento normativo, todo a través de un único interlocutor. Su propuesta es actuar como un acompañante experto que libera a los equipos de la carga administrativa, ofreciendo asesoramiento personalizado, herramientas digitales y soluciones a medida. De hecho, solo en el último año, Ecoembes gestionó más de 4.300 trámites en nombre de sus clientes, con un ahorro medio estimado de 10 horas de trabajo por empresa.
El modelo nace además con vocación participativa: se organiza en forma de asociación, promoviendo que las empresas envasadoras y distribuidoras tengan voz en la toma de decisiones. Bajo principios de transparencia y corresponsabilidad, Ecoembes pone a disposición del sector su experiencia de más de 25 años en circularidad de envases, junto con la innovación y la anticipación que exige la nueva etapa.
La circularidad de los envases comerciales ya no es opcional. Para el hortofrutícola significa adaptarse rápido a un nuevo marco, y hacerlo con visión: lo que está en juego no es solo el cumplimiento, sino la capacidad de competir en un mercado que evoluciona al ritmo de la regulación, de la distribución y de una demanda social cada vez más exigente.


