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14 Jun 2026 | Actualizado 13:28

Revista del Sector Hortofrutícola

La IA sustituye tareas repetitivas, no inteligencia humana

La revista Mercados organizó una mesa redonda en la que participó Antonio Domene, CEO de Moyca, y José Luis Molina, CEO de Hispatec, en torno a la integración actual de la inteligencia artificial (IA) en el sector hortofrutícola.

Mesa IA

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La sala se llenó con decenas de profesionales atraídos por un tema que ya no es futurista, sino urgente: Cómo aplicar la inteligencia artificial de forma realista, rentable y humana en la cadena agroalimentaria. Una herramienta que será la base de su eficiencia, su resiliencia y su capacidad de competir.

Ambos ofrecieron una conversación sincera, sin tecnicismos ni promesas fáciles. Hablaron desde la práctica, qué funciona, qué produce temor y qué retorno es real. Así como las oportunidades y desafíos que el sector tendrá que afrontar en los próximos años.

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Una adopción real

En los últimos 15 años, el sector hortofrutícola ha sido uno de los más activos en innovación, la IA se suma ahora como una herramienta transversal que afecta a procesos operativos, decisiones tácticas y eficiencia global.

Antonio Domene,CEO de Moyca
Antonio Domene,
CEO de Moyca

Antonio Domene lo expresa desde la experiencia de una empresa que emplea a miles de personas cada campaña y millones de kilos de uva, “estamos incorporándola en todas las fases que podemos”. Su frase no habla de experimentación, sino de implantación directa, y añade una clave: “Tenemos que acompasar esta nueva herramienta para que nos ayude a gestionar de una manera mucho más eficiente todo el proceso de negocio”.

José Luis Molina amplía esa mirada a nivel sectorial. Conecta el pasado innovador del agro con la IA, “este es un sector que está constantemente abrazando estas nuevas tecnologías”, y fundamenta ese salto en un aspecto crítico, “la base de la inteligencia artificial es contar con muchos y buenos datos”. Esto se traduce en una exigencia inmediata, digitalización integral previa. Sin datos estructurados, no hay IA posible.

Medible y con retorno

A la hora de comenzar a trabajar con ella, desde Hispatec proponen una fórmula que ha demostrado funcionar, “probarlo en pequeñito y exigir retorno”. No se trata de fe tecnológica, sino de medir impacto. Esto le permite romper un mito muy extendido, explica: “La tecnología no es ni cara ni barata; si tienes una inversión que se retorna en dos años, esa inversión es barata”. Esta idea redefine la conversación en torno al coste y orienta a las empresas hacia decisiones objetivas y no emocionales.

Desde Moyca coincide y aporta una visión muy tangible al decir, “no vivimos de céntimos de euros”. Para Domene, la IA se adoptó inicialmente en microproyectos donde, explica, “por mal que lo hiciéramos, iba a ser mejor que lo que estábamos haciendo”. Esta estrategia reduce riesgos, genera aprendizaje interno y mejora la confianza de la organización.

Casos de usos reales

• RR.HH., de la cola física al chatbot multilingüe. Con volúmenes de contratación que multiplican por cuatro la plantilla en semanas, Moyca sufría un colapso administrativo. Domene describe la solución, un chatbot que gestiona datos, idiomas y documentación. El impacto es inmediato, más agilidad, menos fricción y más trazabilidad.

• Reclamaciones comerciales. Cada reclamación de un retailer puede suponer una pérdida directa de precio y reputación. La IA permite actuar al momento, “tratamos esas reclamaciones de una manera inmediata”, afirma el CEO de Moyca. Molina resume el potencial de la IA: “podemos aspirar a mejoras de eficiencia, automatización de procesos y una mayor coordinación de toda la cadena de valor”. Esa coordinación, apoyada en datos y análisis, es lo que permite escalar la IA más allá de casos concretos.

• Margaret. El premio otorgado a Margaret como innovación disruptiva Más Influyente de 2025 no es un reconocimiento aislado, sino un indicador del momento del sector. Molina muestra humildad, pero también claridad: “Este es un premio un poco inmerecido; el camino recorrido es corto y lo que hay por delante es muy largo”. Para José Luis el premio reconoce la voluntad colectiva de innovación; “este es un sector que sí cree en las nuevas posibilidades de la inteligencia artificial”.

Personas

José Luis Molina, CEO de Hispatec
José Luis Molina, CEO de Hispatec

Uno de los temas que más expectación generó fue el papel de las personas en este escenario, donde el protagonismo lo acapara la IA. Sin embargo, Domene lo explica desde la experiencia directa, “la IA hace mejor al profesional de lo que es”. Y añade un elemento cultural fuerte, “la organización se va adaptando y va pidiendo un poco más”. Para el CEO de Moyca la adopción no se impone, se contagia.

Desde Hispatec refuerzan esta posición con la idea de que la combinación persona-máquina supera a cualquiera de las dos por separado. Su conclusión es que hacen falta personas que supervisen a esas máquinas y que las entrenen. La IA sustituye tareas repetitivas, no inteligencia humana. Y advierte de un riesgo real, “las máquinas no tienen contexto y de vez en cuando cometen grandes errores”. El nuevo rol humano en el sector será híbrido, quien trabaje con IA será más valioso que quien se aferre a procesos estáticos.

Futuro

La IA está redibujando la cadena agroalimentaria desde la finca hasta la comercialización. No lo hace desde la teoría, sino desde la práctica. “Las empresas que integren datos, estructura y voluntad de cambio antes que las demás disfrutarán de ventajas competitivas duraderas”, concluía Domene.

Por su parte, Molina adopta un enfoque más reflexivo, tras recordar la volatilidad global de los últimos años, afirma, “tenemos que aprender a aprender”. El sector ya no puede basarse solo en experiencia acumulada o en repetir lo que funcionó antes, tiene que desarrollar la capacidad de adaptarse rápido. Para él, la diferencia competitiva está en la velocidad de reacción, “la diferencia en 2022 no fue quién hizo mejor previsión, sino quién se dio cuenta del problema antes”.

Ideas clave

La Ia no es un destino, sino un proceso continuo, que exige aprendizaje constante y humildad.

El valor no está en la tecnología, sino en cómo transforma a las personas y su manera de decidir.

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