¿Cómo ha cambiado el negocio del tomate en la última década gracias a las nuevas tipologías y especialidades?
Ha cambiado profundamente, hace unos años el tomate se entendía de una forma más homogénea, más centrada en volumen, calibre y precio. Hoy el consumidor es mucho más exigente y busca sabor, color, textura, origen, comodidad y una experiencia de consumo diferente.
La aparición de nuevas variedades y especialidades ha permitido volver a poner el foco en el valor del tomate. Ya no hablamos solo de producir kilos, sino de ofrecer productos con identidad propia, capaces de responder a distintos momentos de consumo y a diferentes perfiles de consumidor.
¿Hasta qué punto la diferenciación se ha convertido en un factor clave?
El tomate español compite en un mercado muy exigente, con presión en costes, con consumidores cambiantes y con una competencia internacional cada vez más fuerte. En ese contexto, diferenciarse no es una opción estética, es una herramienta de competitividad. La diferenciación es una oportunidad y una necesidad. Es una oportunidad porque nos permite poner en valor lo que sabemos hacer, nuestra experiencia, nuestro clima, nuestros agricultores y nuestra capacidad de innovación. Pero también es una necesidad porque competir solo por precio es cada vez más difícil para el tomate español. La diferenciación no elimina la presión de otros países productores, pero sí nos ayuda a competir en otro terreno.
¿Qué peso tienen actualmente las especialidades dentro de su oferta de tomate?
Tienen una gran importancia dentro de nuestra oferta. En Cooperativa La Palma llevamos años trabajando en esa dirección. Nuestra especialización en tomate cherry, mini vegetales y tomates de sabor nos ha permitido adaptarnos a esta evolución del mercado y, en muchos casos, anticiparnos a ella con tomates como Murice o Adora.
Esta línea nos ha generado más valor, aunque también exige más esfuerzo técnico, más selección, más inversión y una gestión comercial más especializada. No se trata solo de producir una variedad distinta, sino de hacerla bien desde el punto de vista productivo y agronómico, posicionarla correctamente y garantizar al cliente una calidad constante.
¿Qué desafíos implica producir tomates de alto valor añadido?
Para nosotros implica muchos desafíos. Son productos que requieren una selección varietal muy cuidadosa, manejo técnico especializado, control de calidad, regularidad, trazabilidad y una gran coordinación entre campo, planta y comercialización. El consumidor espera mucho de una especialidad. Espera sabor, aspecto, textura y una experiencia diferencial.
¿Cuál es el próximo paso?
Seguir conectando la diferenciación con el consumidor y sus necesidades. Ya no basta con tener muchas variedades. Ahora hay que explicar mejor para qué sirve cada tomate, qué momento de consumo resuelve, qué sabor ofrece y por qué merece ser elegido.
El futuro pasa por unir innovación varietal, sabor, conveniencia, sostenibilidad y comunicación. Tenemos que ayudar al consumidor a entender las diferencias y facilitarle la elección. También veremos una evolución hacia formatos más adaptados a nuevos hábitos de consumo. El tomate tiene todavía mucho recorrido si somos capaces de seguir innovando sin perder lo esencial: que sepa a tomate.
El tomate español tiene futuro si es capaz de seguir aportando valor. La diferenciación no debe entenderse como una moda, sino como una forma de defender el producto, el trabajo del agricultor y la competitividad del sector.
En Cooperativa La Palma creemos que el camino está en unir sabor, innovación, calidad y origen. Porque el consumidor no solo quiere un tomate diferente: quiere un tomate que merezca la pena” concluye Ruiz.


