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3 Abr 2026 | Actualizado 08:00

Revista del Sector Hortofrutícola

¿Cuáles son las características y las causas de los fuegos de 6ª generación?

Análisis de Francisco Javier García Rodríguez, Sindicato Profesional de Bomberas y Bomberos Forestales de UGT-SP y Ángel Rubio Gómez, Área de Acción Climática y Transición Ecológica Justa de UGT, dos expertos en la lucha contra el fuego.

fuego incendios características

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Artículo publicado en la revista LA TIERRA de la Agricultura y la Ganadería nº 305 (Agosto de 2025).

Velocidades de propagación nunca vistas. Emisiones de energía equivalentes a una bomba atómica. Comportamientos agresivos. Cambios de los parámetros meteorológicos. Tormentas de fuego. Creación de ambiente propio del incendio. Fuegos voraces. Fuegos hambrientos. Fuegos zombi. Fuegos virulentos. Fuegos inextinguibles…

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Desde hace casi una década, estos conceptos y numerosos términos más irrumpen todos los veranos para definir lo que ya se ha denominado incendios forestales de 6ª generación, que arrasan en mayor o menor medida (dependiendo de los años) nuestros montes y suponen una emergencia social y ciudadana, ya que cada vez afectan más a poblaciones e infraestructuras, ocasionando miles de evacuaciones cada temporada.

La denominación generacional de los incendios forestales se remonta a la segunda década de los dos mil, cuando tras un arranque de milenio nuevo, hubo años tremendamente complejos para nuestro país como 2005, 2006 o 2009.

Esto no solo quedó en la zona peninsular, sino que se extendió al arco mediterráneo de países como Italia, Grecia o Turquía.

Parecía que el paradigma de los fuegos había evolucionado, dando un paso de gigante a un escenario nuevo. Y es que el acusado aumento de la temperatura global nos ha posicionado ante nueva realidad climática, el denominado cambio climático, y con ello los cambios de parámetros y alteraciones meteorológicos, que afectan de una forma amplia a los diferentes ecosistemas; siendo nuestros bosques y montes especialmente vulnerables.

Con este nuevo marco, sumado a un cambio en el paisaje de nuestro medio natural y rural, Marc Castellnou y Marta Miralles desarrollan un documento para poder entender de dónde venimos y hacia dónde vamos con los fuegos en España, centrando su documento en la región catalana. Ellos asientan su tesis en la evolución, tomando como base los cambios de mosaicos que ha sufrido nuestro medio natural y rural, con las restauraciones que se inician en los años 40, pero, sobre todo, con un acontecimiento sociológico como es el éxodo de poblaciones rurales y consiguiente abandono del medio natural y rural. Estamos ante el germen de las generaciones de incendios forestales.

Definir por tanto esa evolución corresponde, tal como se aprecia en el cuadro resumen a: los de 1ª generación, son fuegos que evolucionan por una continuidad del combustible; los de 2ª, al aumento de velocidad propagación que ya se alcanza en dichos fuegos; los de 3ª generación de la intensidad con la que arden las masas; de 4ª generación por la llegada a las zonas urbanas de nuestro poblaciones y urbanizaciones (Urbano-Forestal); de 5ª generación por la simultaneidad de fuegos de cuarta en un espacio territorial.

Y con ello, llegamos a los 6ª generación, que se quieren situar a partir del año 2016 tras los fatídicos fuegos de Chile, California o del arco mediterráneo. Y que le seguirán el 2017 con Portugal, EE. UU. etc., hasta nuestros días, donde la particularidad de esta 6ª generación es como el calentamiento global, ha transformado el clima y a nuestras especies vegetales.

Por tanto, el abandono rural progresivo y el cambio de costumbres culturales sin apenas ganadería extensiva, lleva a un aumento de la masa forestal (herbáceas y matorral), que han propiciado bosques con un aumento en su densidad y extensión, y esto repercute en el posible comportamiento de un incendio forestal, ha explicado Eduardo Tolosana, Decano del colegio oficial de Ingenieros de Montes.

Los Incendios de 6º generación tiene su causa en el abandono rural, el bajo nivel de aprovechamiento de madera o biomasa, en el que se ha producido una gran cantidad de acumulación de combustible: leña, matorrales o incluso arbolado denso… Antes había un mayor aprovechamiento, también existía el pastoreo, cultivos tradicionales que ayudaba a eliminar mucho de este combustible. Y el cambio climático ha irrumpido en todo esto.

¿Qué es la 6ª generación de incendios? 

Marc Castellnou, Marta Miralles y otros expertos, publicaban una actualización sobre esa tesis de 2016, en la Revista de Incendios y Riesgos Naturales (RIyRN).

Definen a los fuegos de 6ª generación como aquellos incendios forestales que son capaces de evolucionar a velocidades de metros/minutos o km/h altísimas, generar poder calorífico extraordinario kw por metro cuadrado, que se han empezado a comparar su intensidad de liberación de energía en al igual que las propias bombas atómicas en kilotones o megatones.

Un incendio de 6ª generación es capaz de crear una columna convectiva llamada pirocúmulo de más de 10.000 metros de altitud, donde se genera un ambiente de fuego en su interior, que es capaz de cambiar el tiempo atmosférico a los alrededores del incendio, generando tormenta y rayos, y que ante el enfriamiento súbito del aire caliente, pueden tener de caídas de la columna de humo ocasionando unos vientos que alimentan aún más al propio incendio.

Visto así, dicho fenómeno da miedo y en las imágenes que se publican cuando dichos fuegos evolucionan podemos comprobar que se está ante un fenómeno de una magnitud desorbitante.

Para las y los bomberos forestales, este tipo de incendios forestales son un reto inabarcable en ciertos momentos por su complejidad y peligrosidad, y su manejo se limita a la protección de poblaciones, infraestructuras y las propias unidades de extinción, que hasta que no se produzcan cambios en las condiciones tan extremas, se encuentran fuera de capacidad.

En el caso del incendio de Segarra (Lleida), llego a tener una velocidad de propagación de 28 kilómetros por hora, casi diez veces la velocidad de una persona desplazándose por el monte o una emisión calor por metro cuadrado que supere los 10.000 kw, que es lo que puede soportar físicamente un bombero forestal con sus equipos de protección individual, por lo que si empieza a superar estos parámetros el ataque a este tipo de emergencias es muy difícil o prácticamente imposible.

De hecho, es una cuestión que ya no dependería de los medios, puesto que, aunque dispusiéramos de más medios aéreos, ya sean aviones o helicópteros, o triplicar el número de combatientes en tierra, seguiríamos sin poder atajar estos incendios con dichas condiciones.

¿Qué hacer ante esto? 

Si tenemos en cuenta que las medidas de mitigación ante el calentamiento global no han surtido efecto en las diferentes cumbres del clima, y el 1,5ºC de tope máximo de París es un horizonte que estamos en vías de superar, nos lleva a la inquietante adaptaciónfruto del fracaso social. Lo que nos deja la pata del cambio climático, con poco o escaso margen de intervención.

El cambio climático está facilitando que los grandes incendios forestales sean cada vez más frecuentes, pero hay que dejar claro lo siguiente: los incendios de 6º generación nunca serán los más habituales, ya que se producen más de 10.000 IIFF al año en nuestro país, y muy pocos se convierten en (más de 500 hectáreas), y solo estos son candidatos para convertirse en incendios de 5º o 6º generación.

En España hay una gran eficacia a la hora de extinguir o apagar los incendios. La mayoría se apagan y de hecho pueden quedar en conatos, produciéndose según los expertos la “paradoja de la extinción”: somos tan eficaces apagando incendios que como consecuencia se acumula cada vez más combustible, que debe de ser gestionado para que no sea un potencial peligro. Y esto pasa a ser la gran oportunidad: gestionar el territorio.

Podemos pensar en diferentes alternativas para evitar estos grandes incendios forestales y es que en España se invierte un 60% del presupuesto en incendios forestales a la extinción pura y dura, mientras que el 40% restante se destina a la prevención. Lo que pone de manifiesto que la prevención se queda corta y se debería de invertir más en este ámbito, gestionando los denominados PEG, puntos estratégicos de gestión, que según la Sociedad Española de Ciencias Forestales son las áreas del territorio definidas y priorizadas de acuerdo con una metodología concreta.

Para ello, hay que tener en cuenta el riesgo de incendio, el comportamiento del fuego en la zona de estudio y la vulnerabilidad de sus valores naturales, rurales o urbanos a proteger. Además, hay que establecer y optimizar una planificación espaciotemporal de combustibles e infraestructuras que limite la potencialidad del incendio, detectando oportunidades de extinción y anticipando una estrategia de defensa eficaz y segura para grandes incendios forestales tipo para los que se ha diseñado: Áreas cortafuegos, fajas auxiliares, aéreas de baja carga de combustible, desbroces, quemas controladas, áreas contra incendio y creación de cortafuegos, establecimientos de puntos de agua, clareo o entresacas de arbolado muy denso o decrépito…

Este gran trabajo de gestión se ha implementado en la mayoría de las comunidades autónomas, pero resulta escaso por los recursos empleados y la disminución de la cabaña ganadera en las zonas forestales, dando cada vez más peso al uso del fuego controlado. En numerosos territorios, las quemas controladas o prescritas están tomando gran importancia, y prueba de ello son las EPRIF (Equipos de Prevención Integral de Incendios Forestales) pertenecientes al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y diferentes grupos (Antorcha, Presa, etc.) de las comunidades autónomas, creadas como verdaderos expertos en dichos tratamientos preventivos en los periodos del año que así lo permite la climatología.

Por otro lado, queda el aprovechamiento de los recursos, y es que en España se corta menos del 40% del crecimiento de biomasa en los montes, mientras que en Europa se está extrayendo de manera sostenible más del 60%, lo que pone de manifiesto la gran acumulación de combustible.

El asentamiento de población en el mundo rural, que promueva la ganadería extensiva y la agricultura familiar, es otro de los aportes al buen uso del monte, respetando, eso sí, el uso y limitaciones de maquinaria en épocas de riesgo alto de incendios. Esta acción preventiva se produce sin una inversión presupuestaria, puesto que este grupo poblacional asentado en el territorio hace su trabajo también a través del aprovechamiento sostenible de madera, leña o biomasa, y siempre a través del control técnico de profesionales de la sostenibilidad y de las administraciones competentes.

Es decir, estamos ante la idea de hacer una gestión integral, yendo todas estas actuaciones en una línea clara, y es tener un cambio de mosaico de nuestros montes y bosques, para la consecución de masas forestales más resilientes, adaptadas a los nuevos rangos climáticos y preparados para estas emergencias climáticas por incendios forestales.

La agricultura familiar y la ganadería extensiva 

Una de las principales virtudes del sector agrario es la gestión de la mayor parte del territorio nacional, y los enormes beneficios extras que esta gestión reporta al resto de la sociedad, además de la producción de alimentos, como puede ser la eliminación de las condiciones más favorables para la propagación de los incendios.

Por ello, una gestión responsable –y rentable- de los recursos forestales por parte de los profesionales de la agricultura y ganadería familiar, y un apoyo firme y decidido a la ganadería extensiva son la mejor alternativa para la prevención de los incendios forestales.

Esta es la principal propuesta y reivindicación de UPA ante el gravísimo problema de incendios forestales que, cuando se producen y no es posible una rápida extinción, tienden cada vez más a transformarse en episodios de fuego cada vez más incontrolable y de consecuencias más graves, incluidas pérdidas humanas y de animales, además de los miles de hectáreas de monte, dehesa y matorral.

UPA lleva muchos años reclamando el reconocimiento político y económico de la ganadería extensiva como herramienta de prevención, porque está demostrado que es lo más efectivo para disminuir la vegetación combustible y mantener limpios caminos, puntos de agua e infraestructuras en el monte. Por ello, UPA reclama más Defiende ayudas específicas en la PAC y planes estatales que incentiven esta práctica ganadera. A ello se añade la propuesta de una marca de calidad para carne extensiva, que revalorice medioambientalmente al sector.

Asimismo, UPA reclama que los agricultores y ganaderos sean reconocidos como gestores del territorio, al ser una primera línea de choque contra incendios, integrando a la población rural -especialmente agricultores y ganaderos- en la prevención y extinción del fuego.

UPA insiste también en la necesidad de una mayor inversión en prevención activa, destinando más recursos públicos a medios humanos y materiales para labores de limpieza de montes durante el invierno, generando empleo rural y evitando grandes fuegos; incluidas acciones concretas como cuadrículas en el monte, preparación de cortafuegos y reservas de agua preparadas para el verano.

Todo ello, complementado con el refuerzo de los medios de extinción, aéreos, materiales y humanos, para hacer frente a incendios de nueva generación, cada vez más virulentos y difíciles de controlar.

Un ámbito en el que UPA se solidariza con las reivindicaciones de los bomberos y bomberas forestales, para conseguir unas condiciones laborales y salariales justas, que acaben con la precariedad y temporalidad en el empleo, garantizando la estabilidad, seguridad y adecuación de las plantillas a las necesidades reales en cada territorio.

Mejoras en el uso forestal

Por otra parte, teniendo en cuenta la enorme cantidad de territorio que gestionan los agricultores y ganaderos, tanto en propiedad como en arrendamiento, y a la vista de las condiciones particulares de cada zona y cada suelo, hay que analizar las posibilidades de otorgar a las mismas otro tipo de uso forestal. Así se conseguirán montes más cuidados, atendidos, limpios y con un menor riesgo potencial de incendios.

Estamos acostumbrados a producciones anuales o de ciclos cortos, y en este caso las producciones se obtienen en ciclos considerablemente más largos.

Sin embargo, en muchas zonas del país existe una gran demanda de productos forestales, y los agricultores y ganaderos no debemos dar la espalda a las mismas.

Las masas forestales tienen la capacidad de generar rentas y empleos no sólo en el momento de la corta de la madera, sino que, a lo largo de todo el turno derivados de las labores de plantación, desbroces, podas, clareos, etc.

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