El cultivo se encuentra entre el crecimiento vegetativo activo, el inicio de la floración y los primeros frutos cuajados en las parcelas más adelantadas, una fase especialmente sensible en la que coinciden la máxima vulnerabilidad a las enfermedades, el establecimiento temprano de Tuta absoluta, el incremento progresivo de Helicoverpa armigera y la presencia de ácaros, especialmente eriófidos (Aculops lycopersici) y araña roja (Tetranychus urticae). Estos factores constituyen un problema recurrente en la zona debido al clima cálido, la baja humedad relativa y la abundancia de hospedantes alternativos en lindes, canales y rastrojos.
En este contexto, los principios de Producción Integrada adquieren plena relevancia, ya que priorizan la prevención, la monitorización y la intervención racional como base de un manejo sostenible. La preparación del entorno constituye una de las actuaciones más eficaces para reducir la presión inicial de plagas y enfermedades en el cultivo. El mantenimiento de las lindes libres de malva, solanáceas espontáneas y otras especies hospedantes, junto con la eliminación de los restos de cultivos anteriores y la revisión de canales y bordes de parcela, permite disminuir la presencia de reservorios e interrumpir los ciclos biológicos de patógenos claves como los responsables de oidiopsis y mildiu.
A estas medidas se suma la necesidad de emplear plantas certificadas, garantizando su origen sanitario y reduciendo la probabilidad de introducir inóculos en el sistema productivo. Del mismo modo, resulta fundamental evitar cualquier tipo de estrés hídrico o nutricional durante el trasplante, ya que las plantas debilitadas presentan una mayor susceptibilidad a la colonización de patógenos.
El uso de riego localizado, aplicado de forma uniforme y sin excesos, contribuye a mantener la estabilidad hídrica del cultivo, condición esencial para un desarrollo vegetativo equilibrado. Además, esta estrategia reduce la humedad foliar y ambiental en el entorno inmediato de la planta, disminuyendo así el riesgo de aparición y dispersión de enfermedades como el oídio.
En cuanto al manejo integrado de plagas, Tuta absoluta continúa siendo la plaga clave en la provincia, con especial incidencia en el Bajo Guadalquivir. Su seguimiento mediante trampas de feromonas —dos por hectárea— y la revisión frecuente de brotes tiernos y frutos cuajados permiten detectar a tiempo la presencia de galerías nuevas. La Producción Integrada recomienda favorecer la actividad de enemigos naturales como Nesidiocoris tenuis, alternar modos de acción para evitar resistencias y evitar tratamientos en momentos de máxima actividad de la fauna auxiliar.
El oídio (Leveillula taurica), muy frecuente en mayo y junio, debe vigilarse especialmente en hojas basales y zonas sombreadas, actuando solo ante focos activos y evitando condiciones que favorezcan su desarrollo, como el exceso de nitrógeno o la falta de ventilación. Las podredumbres y la botritis presentan un riesgo menor en este momento, aunque pueden aparecer tras lluvias o riegos excesivos, por lo que conviene evitar el mojado del cuello y los frutos.
La nutrición del cultivo debe basarse en análisis de suelo y agua, ajustando el nitrógeno para evitar un crecimiento excesivo que favorezca plagas y asegurando niveles adecuados de potasio para mejorar el cuajado y la calidad industrial. El control de la conductividad eléctrica es igualmente importante para evitar estrés osmótico. La digitalización se consolida como una herramienta clave en la gestión integrada, permitiendo ajustar el riego mediante sensores de humedad, registrar capturas de plagas y anticipar picos poblacionales mediante sistemas de monitorización digital.
Durante las próximas semanas, las prioridades operativas se centran en intensificar la revisión de Tuta y Heliotis, reforzando la detección temprana de galerías, perforaciones y daños en brotes tiernos. Paralelamente, resulta esencial mantener las lindes libres de hospedantes y vigilar la presencia de ácaros, especialmente en periodos de temperaturas elevadas y baja humedad relativa, condiciones que favorecen su rápida proliferación.
De cara al mes de junio, será determinante controlar la presencia de Tuta en frutos, por el impacto directo en la calidad comercial, así como mantener una vigilancia estrecha sobre la aparición de enfermedades en parcelas vecinas, especialmente en aquellas con antecedentes de oidiopsis o mildiu. En los casos en los que sea necesaria la intervención con productos fitosanitarios, es imprescindible utilizar siempre productos registrados y uso autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para el cultivo, así como alternar materias activas para evitar resistencias y garantizar la compatibilidad con la fauna auxiliar.
En conjunto, las prioridades fitosanitarias actuales se concentran en Tuta absoluta, Helicoverpa y Oídio, cuya gestión adecuada resulta determinante para garantizar el éxito de la campaña bajo los criterios de sostenibilidad, eficiencia y prevención que definen la Producción Integrada.



