Visión: calidad, cercanía y reglas simétricas
Alarcón arranca con un diagnóstico claro del momento, la campaña se ha retrasado respecto a un año normal, la presencia de fruta del hemisferio sur, con Sudáfrica como principal origen, ya es un factor estructural. “Eso ha llegado para quedarse y Europa tendrá que mirarse en el espejo, competir sí, pero con los mismos criterios con los que se nos mide aquí”, apunta. En ese contexto, la estrategia de Bollo prioriza la proximidad y la trazabilidad y exige a sus proveedores certificaciones que garanticen buenas prácticas agronómicas y laborales. “El consumidor exige información; nosotros tenemos la obligación de dársela”, añade.
El directivo prefiere menos volumen si va acompañado de mejor fruta. “¿Un 20% menos de producción y una calidad excelente? Lo firmo”, dice, consciente de que la apuesta por calibres comerciales y sabor homogéneo se traduce en valor para la marca y para el lineal.
La consigna, repetida a lo largo de la entrevista por Alarcón, es ir por delante, “no nos preocupamos, nos ocupamos”. En un mercado cambiante, la hoja de ruta de la compañía se entiende mejor en la frase “puedes preocuparte o puedes ocuparte, nosotros hemos elegido ocuparnos”; para Bollo, esa proactividad es la diferenciación estratégica.
PROOF: agricultura bioinclusiva
Ese verbo, ocuparse, toma cuerpo en PROOF, siglas de Proyecto para la Recuperación de la Fauna y Flora Original. Nació como extensión natural de un área de Responsabilidad Social Corporativa implantada desde el origen del grupo y se ha convertido en la palanca que diferencia a Bollo, “queríamos dejar de ser reactivos. No basta con vender ecológico; hay que cambiar la forma de producir”.
La agricultura bioinclusiva que impulsa PROOF se centra en restaurar equilibrios, refugios para depredadores naturales, regeneración de hábitats y seguimiento sistemático de plagas e insectos auxiliares por parte de equipos de biólogos y técnicos. “Es medible y convive con una agricultura rentable”, subraya Alarcón. El equilibrio ecológico logrado en algunas explotaciones permite reducir drásticamente tratamientos, hasta el punto de no aplicarlos durante largos periodos.

Pasear por estas fincas de Bollo es una nueva forma de entender la agricultura. No se trata solo de producir fruta, sino de ver cómo los ecosistemas conviven en equilibrio y se traduce en mayor eficiencia de recursos y verdadera sostenibilidad. PROOF no es un proyecto técnico, es una experiencia viva que demuestra que cuidar la naturaleza también es la mejor manera de hacerla prosperar.
B Corp
La certificación B Corp, que Bollo ha incorporado, supone una perspectiva de 360º. Es, en palabras de Alarcón, la traducción formal de un principio operativo “no es solo el resultado para los accionistas; es cómo pones en valor a todos los grupos de interés”. B Corp obliga a bajar al detalle, gobernanza, medio ambiente, comunidad, clientes y personas. La compañía cuenta con un comité de gobernanza que audita decisiones y vela por la transparencia y la ética empresarial. “Nos hemos encontrado decisiones difíciles y hemos optado por la ética, aunque no fuera lo más ‘eficiente’ en términos inmediatos”, reconoce.
El sello también es una respuesta a clientes cada vez más exigentes, grandes cadenas con presión de sus propios accionistas, que buscan proveedores capaces de demostrar trazabilidad, impacto social y reducción real de huella. En esa misma línea, Bollo certificó el impacto cero de su huella de carbono, desde fincas hasta plataformas de clientes, de forma natural, subraya Alarcón: sin comprar derechos de emisión.
Tendencias de consumo y líneas estratégicas
El consumo de fruta cambia de forma de comprar y de comer. Cestas más pequeñas, más actos de compra y demanda de conveniencia. “El consumidor no quiere pagar menos a toda costa; quiere la cantidad justa, calidad constante y que se lo pongas fácil”, resume Alarcón. Esa facilitación está acelerando la entrada de Bollo en la IV Gama, fruta lavada, cortada y lista para consumir, con una política de lanzamientos prudente, solo productos que mantengan intactas sus propiedades organolépticas hasta el final de vida útil.
La compañía dio un salto en marzo de 2025 con la adquisición de Cortijo Cuevas (Granada), especialista en fruta cortada, y ha desplegado el verano pasado melón y sandía en IV Gama bajo la marca Bollo, con buena acogida. En breve, llegará la naranja pelada y cortada, cuando alcance su punto óptimo. “Controlar la materia prima desde origen es la clave; lanzamos lo que dominamos”, matiza el CEO. En paralelo, ajustan calibres y formatos para familias más pequeñas y momentos de consumo más fragmentados.
Futuro de la marca y de la compañía
Bollo y Bruñó son las enseñas premium con las que el grupo atiende el segmento más exigente. El plan de los próximos dos años pasa por un “crecimiento sostenible y pautado” que se traduzca en mejoras para empleados, clientes, proveedores y, en el mismo plano, accionistas. “La excelencia tiene que estar en el ADN. El consumidor eleva el listón y nosotros debemos elevarlo antes que él”, apunta. Esa orientación no excluye abrir el proyecto a terceros. Alarcón habla de una compañía “acogedora”, dispuesta a compartir prácticas para escalar el modelo.



