TIMAC AGRO es una empresa con más de 40 años de trayectoria en el desarrollo de soluciones fertilizantes de alto valor añadido, que integran componentes nutricionales con tecnología bioestimulante. Su objetivo es claro: maximizar el rendimiento de los cultivos reduciendo al mínimo las pérdidas, mediante soluciones eficientes y sostenibles.
Como explica Mikel Domínguez, Doctor en Biotecnología y Product Manager de la compañía, los bioestimulantes han pasado de ser un simple complemento a ocupar un lugar central en la estrategia de la empresa. “Por los beneficios que aportan al desarrollo de los cultivos, hoy son una división clave en TIMAC AGRO”, afirma.
La empresa ofrece bioestimulantes adaptados a cada cultivo y situación, diseñados tanto para mejorar el rendimiento y la calidad como para ayudar a las plantas a superar situaciones adversas. Entre los principales compuestos empleados destacan las sustancias húmicas, algas, microorganismos y aminoácidos libres.
En el caso concreto de frutas y hortalizas, los beneficios son múltiples: desde favorecer el arranque del cultivo, la floración y el cuajado, hasta mejorar el engorde y la maduración o mitigar el estrés abiótico. En colaboración con centros de investigación externos, TIMAC AGRO ha validado en diferentes ensayos los efectos positivos de sus biofertilizantes microbianos, incluso en condiciones de restricción de unidades fertilizantes. También han demostrado una mayor eficiencia en el uso de nutrientes, aumentando el rendimiento y reduciendo la huella de carbono. “Su uso combinado con fertilizantes permite un desarrollo más equilibrado y sostenible del cultivo”, indica.
Domínguez defiende que los bioestimulantes ayudan a reducir la dependencia de tratamientos químicos al promover el desarrollo radicular, la absorción de nutrientes y las defensas naturales de la planta.
En cuanto al futuro, destaca la apuesta por los microorganismos y sus metabolitos como tendencia clave, con gran potencial para una agricultura más productiva y respetuosa con el medio ambiente. “En los próximos 5-10 años, los bioestimulantes tendrán un papel protagonista en los planes de abonado para lograr producciones de calidad, sostenibles y rentables”, concluye.

