El sector español de la patata encara la nueva campaña con importantes aprendizajes tras un 2025 complicado, condicionado por el incremento de superficie tanto en España como en el norte de Europa y por un fuerte desequilibrio entre oferta y demanda. Desde Somos Hijolusa, uno de los principales operadores del sector, la hoja de ruta es clara: reforzar la planificación, consolidar la colaboración con agricultores y clientes, y apostar decididamente por el valor añadido como vía para garantizar la estabilidad y rentabilidad a largo plazo.
La pasada campaña ha vuelto a evidenciar la importancia de la programación productiva. Frente a la volatilidad del mercado libre, la compañía mantiene un modelo basado en contratos previos con agricultores, lo que permite asegurar precios y dar estabilidad a toda la cadena. “La previsión, la segmentación y la programación son fundamentales para evitar desequilibrios”, señalan desde la empresa, subrayando que aquellos productores que operan fuera de estos esquemas siguen siendo más vulnerables a las crisis de precios.
Planificación y diferenciación
A este contexto se suma la incertidumbre climática. Las lluvias intensas registradas han provocado retrasos en la siembra y dificultades en los tratamientos, lo que podría traducirse en ajustes en los calendarios productivos y cierta reducción de rendimientos en algunas zonas. “No obstante, también han mejorado las reservas hídricas, un factor que podría resultar positivo en fases posteriores del cultivo”, comentan desde Hijolusa.
En el plano estructural, el crecimiento productivo del norte de Europa continúa marcando el pulso del mercado. Este aumento de volumen reduce las oportunidades de exportación para España, especialmente en mercados tradicionales como Alemania, y obliga al sector nacional a redefinir su posicionamiento. Para Hijolusa, “la estrategia pasa por competir no en volumen, sino en diferenciación: calidad, proximidad, servicio y flexibilidad”.
En este sentido, la adaptación de los calendarios productivos se perfila como una herramienta clave. La patata tardía gana protagonismo en detrimento de la de media estación, impulsada tanto por factores climáticos como de mercado. “En Somos Hijolusa trabajamos para alargar la disponibilidad de patata nacional, ampliando el periodo de comercialización y ajustando mejor la oferta a la demanda”, apuntan.
Sin embargo, los desafíos no se limitan al ámbito productivo. El contexto geopolítico internacional está incrementando los costes de insumos clave como la energía, los fertilizantes y el transporte, reduciendo los márgenes de los productores. Ante esta situación, la eficiencia y los acuerdos comerciales estables se vuelven más necesarios que nunca.
Paralelamente, la patata destinada a industria se consolida como “una línea complementaria con potencial de crecimiento”, gracias al mayor valor añadido asociado a su transformación. Una diversificación que puede contribuir a reforzar la sostenibilidad del sector.
Por otro lado, la relación con la distribución también está evolucionando hacia modelos más colaborativos y previsibles, según afirman desde la compañía. La apuesta por la patata nacional es ya una realidad consolidada, impulsada por programas de suministro cada vez más estructurados.
El sector avanza hacia un modelo más planificado, eficiente y orientado al mercado, donde la colaboración y el valor añadido serán determinantes para asegurar su futuro.



