En Países Bajos, la horticultura funciona con la precisión de una sala de control. La luz, la humedad, el CO₂, la temperatura, el riego y la radiación se miden, se ajustan y se interpretan para llevar el cultivo a su máxima eficiencia y calidad. Allí, en uno de los grandes epicentros mundiales del invernadero high tech, Yuksel Seeds ha decidido ubicar una de sus apuestas más estratégicas: el Yuksel Experience Showcase (YES), un espacio desde el que quiere demostrar que su genética puede competir con los sistemas productivos más exigentes del mundo. Para poder dar a este hito la dimensión que merece, la casa de semillas organizó una visita a La Haya, donde la revista Mercados estuvo presente.
La visita al Delphy Improvement Centre permite entender la dimensión de la apuesta y asomarse a un ecosistema donde la innovación hortícola se prueba, se mide, se compara y se traduce en conocimiento útil para toda la cadena de valor. En ese entorno, Yuksel Seeds ha querido dar un paso más, llevando sus variedades a un ecosistema independiente, medible y reconocido internacionalmente.
El viaje liderado por Francisco Sabio, Country Manager de Yuksel Seeds Ibérica, ha servido para mostrar un punto de inflexión para la compañía. “Es la primera vez que tenemos un ensayo para probar nuestras variedades en high tech”, explica. Hasta ahora, Yuksel Seeds había concentrado buena parte de su desarrollo en productos orientados a invernaderos pasivos o de tecnología media, especialmente en el arco mediterráneo: Turquía, España, Italia y Marruecos. Con este nuevo proyecto, la compañía busca abrir mercado también en sistemas de producción activa, donde las condiciones climáticas están controladas al detalle.
Del arco mediterráneo al invernadero activo
Este movimiento no significa abandonar los modelos productivos donde Yuksel Seeds ya tiene una posición consolidada. Al contrario, Sabio introduce un matiz importante, “el futuro no pasa necesariamente por la sustitución de un sistema por otro, sino por la convivencia entre ambos”. España, por ejemplo, no cuenta hoy con una gran superficie de invernadero high tech, pero otros países como Rusia, Uzbekistán, Canadá o México están incrementando su inversión en este tipo de instalaciones. Además de la generación de información cualitativa y cuantitativa replicable al resto de orígenes.
Ese crecimiento internacional explica el valor estratégico del proyecto. En los invernaderos de alta tecnología, las condiciones de cultivo pueden reproducirse con un alto grado de precisión en distintos puntos del mundo. Por eso, los resultados obtenidos en Países Bajos tienen una lectura que va más allá del mercado neerlandés. “Bajo esta tecnología, las condiciones climáticas son controladas al 100%”, apunta Sabio, lo que permite extrapolar los resultados a otros países donde el high tech gana terreno.
El Yuksel Experience Showcase nace precisamente con ese propósito, validar variedades en un entorno exigente, generar datos objetivos y mostrar el comportamiento real de los materiales ante productores, técnicos, comercializadores y compradores internacionales.
Un laboratorio que también funciona como escaparate
El proyecto tiene el tomate como punto de partida. En este espacio, Yuksel Seeds evalúa un conjunto de variedades adaptadas a distintos segmentos, colores y formatos comerciales, con especial atención a la resistencia, la calidad, el sabor y la vida poscosecha. Entre ellas destaca Sweetloom, una variedad que ya cuenta con recorrido comercial en Canadá, donde está siendo producida en condiciones high tech, según explica Sabio.
La elección del tomate no es casual. Pocos cultivos condensan de forma tan clara las exigencias actuales del mercado, como son productividad, resistencia a enfermedades, diferenciación visual, sabor, firmeza, regularidad y capacidad para encajar en programas comerciales de largo recorrido. En un entorno donde el virus del rugoso ha cambiado buena parte de las prioridades de la mejora genética, las casas de semillas deben demostrar que sus materiales son capaces de combinar sanidad vegetal, rendimiento y atractivo comercial.
La diferencia es que en Delphy esa demostración no se basa solo en la observación. Cada variedad puede medirse bajo parámetros controlados y comparables. El dato se convierte en parte esencial del relato, calibrando producción, comportamiento semanal, brix, acidez, vida útil, sabor y respuesta agronómica.
Delphy, donde la innovación se convierte en práctica
La visita al Delphy Improvement Centre ayuda a entender por qué Yuksel Seeds ha elegido este enclave. Durante la presentación, Eric Poot, su director, definió el papel del centro alrededor de tres ideas: desarrollo de conocimiento, implementación de conocimiento e independencia. El centro trabaja como un puente entre la investigación, las empresas tecnológicas, las casas de semillas y los agricultores, con el objetivo de transformar la innovación en soluciones aplicables en el invernadero.
Para Yuksel Seeds, esta independencia tiene un valor comercial evidente. En un sector donde cada casa de semillas defiende el potencial de su genética, validar materiales en un centro externo permite aportar una capa adicional de credibilidad. “No se trata solo de que la compañía diga que una variedad funciona, sino de poder observarla, medirla y compararla en un entorno reconocido por productores y operadores internacionales”, añade Sabio.
El recorrido por las instalaciones de Delphy constata que en el high tech la genética se expresa en datos. La variedad ya no se evalúa únicamente por su aspecto en planta o por una cata puntual, sino por su comportamiento dentro de un sistema altamente controlado. Cada variable cuenta.
De la genética al lineal
El otro pilar que pudimos comprobar en el viaje vino de Nico Van Vliet, Downstream Integration Lead de Yuksel Seeds. Su presentación y orientación en Delphy ayuda a entender que el YES no es únicamente un proyecto agronómico, también es una herramienta comercial.
Van Vliet insistió en una idea especialmente relevante, el trabajo de una casa de semillas no termina cuando el obtentor desarrolla una nueva variedad. “Detrás de cada material puede haber años de mejora genética, pero si después no se comunica bien al productor, al comercializador o al supermercado, se pierden oportunidades”. Para Nico, el reto también incluye ayudar a construir la historia correcta de cada variedad de cara a la cadena.
Ahí el Yuksel Experience Showcase adquiere su importancia. Además de mostrar plantas y frutos, “YES permite explicar por qué una variedad es diferente, qué problema resuelve, en qué segmento encaja y cómo puede presentarse ante el retail”. En un mercado cada vez más condicionado por la gran distribución, la semilla necesita traducirse en argumentos comerciales: sabor, color, forma, vida útil, ocasión de consumo, regularidad y diferenciación.
El reto de ofrecer el mismo concepto todo el año
Uno de los mensajes más interesantes de Van Vliet tiene que ver con la continuidad y la consistencia. Para un supermercado, no basta con disponer de una buena variedad durante unas semanas. “El retail necesita programas estables, suministro regular y una experiencia de consumo reconocible durante todo el año”. La cuestión no siempre es ofrecer exactamente la misma variedad, sino mantener el mismo concepto de producto en el lineal.
Durante la visita, Sweetloom apareció como uno de los ejemplos más claros de esta nueva etapa. En la presentación de Yuksel Seeds, la variedad se mostró asociada al reconocimiento como mejor concepto de tomate en los Fresh Market Awards, un elemento que refuerza su dimensión comercial y no solo agronómica.
Para Yuksel Seeds, instalar allí su Experience Showcase supone entrar en un circuito donde productores, consultores, empresas tecnológicas y compradores internacionales observan qué materiales pueden responder a los desafíos de la producción hortofrutícola.





