En un mundo agrícola que demanda cada vez más sostenibilidad, resiliencia climática y eficiencia, los bioestimulantes han pasado de ser una alternativa a convertirse en una necesidad estratégica. En este contexto, Servalesa, empresa con más de 40 años de trayectoria, se ha consolidado como uno de los grandes referentes en el desarrollo de biosoluciones. Con sede en Valencia y presencia en más de 30 países, su visión trasciende la simple producción: apuestan por transformar la agricultura a través del conocimiento, la innovación y una nueva forma de entender la relación con las plantas.
Una nueva forma de dialogar con las plantas
“Con los bioestimulantes, optamos por dialogar con la planta en su mismo idioma químico”, explican desde Servalesa. Este enfoque resume su filosofía: más allá de productos, proponen una forma de intervención respetuosa, efectiva y profundamente agronómica.
Respecto a los beneficios de los bioestimulantes en frutas y hortalizas, desde la compañía subrayan que “los efectos tangibles, como el rendimiento o la calidad, son solo una parte del valor”. Aunque históricamente se haya centrado la atención en métricas como la producción por hectárea, en Servalesa proponen una visión diferente. “La vida es una realidad en 3D, y tratar de medirla en 2D desvirtúa su complejidad. Deberíamos atrevernos a valorar los agroecosistemas según su biodiversidad por metro cúbico”.
Más eficiencia y sentido común
Una de las ventajas más claras de los bioestimulantes es su capacidad para reducir la dependencia de fertilizantes de síntesis y pesticidas. Y lo hacen, aseguran, no solo de forma eficaz, sino también con un menor impacto. “Los bioestimulantes son más eficientes porque son menos entrópicos. Cualquier decisión agronómica que ignore los principios termodinámicos tiene tanto rigor científico como un horóscopo”.
El nivel de conocimiento técnico sobre bioestimulantes en España es todavía desigual, y su avance no pasa por dogmatismos, sino por el fomento de un nuevo marco cognitivo. “No se trata de adoctrinar, sino de superar el reduccionismo cartesiano. La trama de la vida es reticular y regirse por la inmediatez causa-efecto resulta simplista, cortoplacista y distorsionador”. Además, reconocen que las mayores barreras no son técnicas, sino mentales y comerciales. “Los prejuicios y la presión de actores reacios al cambio son los principales obstáculos”.



