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18 May 2026 | Actualizado 10:16

Revista del Sector Hortofrutícola

Repensar el plástico agrícola para que cumpla su función y desaparezca después

Benviro trabaja desde una premisa clara: el problema no es el uso del plástico en agricultura, sino qué ocurre con él cuando termina su función.

Benviro

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Durante décadas, el plástico ha sido un aliado silencioso de la agricultura moderna. Films de acolchado, macetas, clips o conducciones han permitido mejorar rendimientos, reducir el uso de agua y optimizar cultivos. Sin embargo, ese mismo plástico se ha convertido en uno de los grandes problemas no resueltos del sector: una parte significativa nunca se retira del campo.

Fragmentos enterrados, restos que se degradan parcialmente y materiales imposibles de recuperar acaban acumulándose en el suelo agrícola. El resultado no es solo ambiental: microplásticos persistentes en el terreno, sino también económico: costes de retirada, gestión de residuos y una pérdida progresiva de la calidad del suelo.

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En este contexto, Benviro trabaja desde una premisa clara: el problema no es el uso del plástico en agricultura, sino qué ocurre con él cuando termina su función.

Cuando retirar no es una opción real

En aplicaciones agrícolas reales, especialmente en campo abierto, la retirada total del plástico no siempre es viable. Las condiciones de uso, el tiempo, la fragmentación y la operativa diaria hacen que una parte del material quede inevitablemente en el suelo.

Durante años, la respuesta ha sido confiar en materiales que prometían “desaparecer”. Sin embargo, no todas las soluciones se comportan igual ni responden a las exigencias reales del entorno agrícola.

“La agricultura no necesita soluciones teóricas, necesita materiales que funcionen en el suelo, en contacto con agua, microorganismos y ciclos naturales reales”, explican desde el equipo técnico de Benviro.

Formular materiales para cada aplicación

Una de las claves está en asumir que no todas las aplicaciones agrícolas tienen las mismas necesidades. Un film de acolchado, una maceta o un clip están sometidos a condiciones distintas de uso, tiempo en campo y degradación.

Por eso, el enfoque de Benviro se basa en la formulación específica de materiales, adaptando las propiedades del bioplástico a cada aplicación concreta: resistencia, durabilidad durante el cultivo y comportamiento al final de su vida útil.

“La solución no pasa por un único material estándar, sino por diseñar formulaciones que cumplan su función en el campo y desaparezcan cuando ya no son necesarias”, señalan desde la compañía.

Biodegradar en el entorno

La diferencia clave está en el fin de vida real del material. Un plástico agrícola no debería depender de una recogida perfecta ni de un tratamiento posterior complejo para no convertirse en residuo.

Por eso, el desarrollo de materiales capaces de biodegradarse directamente en el entorno agrícola, sin generar microplásticos ni residuos persistentes, empieza a consolidarse como una alternativa técnica viable para múltiples usos: films de acolchado, macetas, clips o elementos auxiliares del cultivo.

Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental en el suelo, sino que también puede aliviar una de las grandes cargas económicas del agricultor: la gestión del residuo plástico al final de cada campaña.

Una reflexión estratégica para el sector

Más allá del material concreto, el debate es estructural. La agricultura necesita soluciones diseñadas desde su propia realidad operativa, no traslaciones directas de otros sectores ni respuestas parciales.

“La pregunta ya no es si el plástico es necesario en agricultura, sino si estamos diseñando materiales pensando realmente en cómo se usan y cómo terminan”, concluyen desde Benviro.

Porque en el campo, lo que no se recoge, se queda. Y lo que se queda, debe estar pensado para desaparecer de verdad.

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