Cuando en el sector hortofrutícola hablamos del relevo generacional, casi siempre lo hacemos en términos de edad. Nos preocupa el envejecimiento del campo y la falta de jóvenes que quieran continuar con la actividad agraria. Sin embargo, con el paso del tiempo he llegado a una conclusión cada vez más clara, el relevo generacional del sector no puede entenderse únicamente como una cuestión de edad. También tiene que ver con otra transformación que ha acompañado al sector en las últimas décadas, la incorporación de la mujer.
La creciente presencia de la mujer en el sector agrario
Creo que ambos procesos muy están conectados, la mayor presencia de la mujer en el sector hortofrutícola no es solo el resultado de un cambio social o de políticas de igualdad. Es consecuencia directa de la propia evolución del sector. A medida que la agricultura se ha ido profesionalizando, internacionalizando y tecnificando, las mujeres han ido ganando espacio.
Hace 35 años, cuando empezábamos en esto, el sector hortofrutícola español tenía una estructura muy distinta. La actividad se organizaba fundamentalmente en torno a la producción y a estructuras familiares donde los roles no estaban definidos. Las mujeres siempre han estado presentes en el campo, pero su trabajo apenas se veía reflejado en estadísticas o cargos de responsabilidad. Muchas participaban activamente en la gestión, en la administración o en el funcionamiento de los almacenes, pero no aparecían como titulares, directivas o representantes del sector.
Por suerte, desde entonces, el sector ha vivido una transformación profunda. La apertura de los mercados internacionales, el crecimiento de las exportaciones, las exigencias de la distribución y la complejidad de la cadena han convertido al sector hortofrutícola en una actividad mucho más empresarial y profesionalizada.
Las mujeres y los nuevos perfiles profesionales de la agricultura
No es casualidad que muchas mujeres hayan entrado en el sector precisamente a través de estos espacios. El comercio internacional, la gestión de calidad, el marketing, la sostenibilidad o la innovación se han convertido en puertas de entrada para una nueva generación de profesionales que han contribuido a modernizarlo y a ser parte del relevo generacional.
Los datos confirman esta evolución, aunque también muestran que todavía existe mucho margen de mejora. Las mujeres representan hoy cerca del 30 % del empleo agrario en España y aproximadamente una proporción similar de titulares de explotaciones. Sin embargo, cuando observamos los espacios de decisión la realidad sigue siendo distinta. Es la tarea pendiente, apenas alrededor del 10 % de los miembros de los consejos rectores son mujeres y solo entre el 4-5 % de las presidencias están ocupadas por ellas. Es decir, el talento femenino ya está presente en el sector, pero todavía no llega en la misma proporción a los puestos de liderazgo.
Al mismo tiempo, si miramos hacia el futuro, hay una tendencia que merece especial atención. Cada vez un mayor porcentaje de las mujeres llegan con formación universitaria en ingeniería agronómica, ciencias alimentarias o gestión empresarial, y con una visión del sector marcada por la innovación, la digitalización, la sostenibilidad y la apertura a nuevos modelos de negocio. Este perfil encaja precisamente con las necesidades de una agricultura cada vez más tecnológica y conectada con los mercados globales.
Por eso, cuando hablamos del relevo generacional del campo, quizá deberíamos ampliar el enfoque. El verdadero desafío no es únicamente atraer a jóvenes, sino entender qué tipo de sector queremos construir en las próximas décadas. Y en ese escenario, la creciente incorporación de mujeres no es solo un síntoma de cambio social, sino también una de las claves de la transformación del propio modelo agrícola.
El futuro del sector hortofrutícola: talento femenino y colaboración
El sector hortofrutícola ha demostrado en los últimos treinta años una enorme capacidad para adaptarse a los mercados, innovar y profesionalizarse. Si queremos que ese proceso continúe, probablemente tendremos que seguir ampliando el espacio para nuevos perfiles, nuevas formas de gestionar las empresas agrarias y nuevas miradas sobre el futuro del campo.
Pero ese avance solo será realmente transformador si se construye desde la colaboración. El futuro del campo no pasa por enfrentar generaciones ni géneros, sino por sumar capacidades. Hombres y mujeres están llamados a participar juntos en esta nueva etapa de la agricultura, aportando experiencia, conocimiento y nuevas formas de liderazgo que permitan consolidar un sector más profesional, más competitivo y también más equilibrado. En esa cooperación reside, probablemente, una de las mejores razones para mirar al futuro con optimismo.

