El entorno de Doñana dibuja uno de los grandes paisajes agrarios del sur de Europa, con más de 43.000 hectáreas de cultivo que sostienen buena parte del empleo y del valor económico de la comarca. Este pulso productivo convive con un ecosistema de alto valor ecológico, cuyo equilibrio depende del estado del agua, del suelo y de la calidad ambiental. En este contexto, avanzar hacia modelos que integren producción y sostenibilidad es uno de los principales retos del territorio. Con este propósito nace FARO Doñana, un proyecto impulsado por la Asociación de Agricultores Puerta de Doñana (AAPD), la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE) y WWF España, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Fincas Agroecológicas para la Resiliencia y el TerritoriO (FARO) durará tres años y pone el foco en quienes ya están dando pasos desde el terreno. Personas agricultoras que, junto a otros actores del territorio, ya impulsan una transición hacia una agricultura más sostenible, resiliente y socialmente inclusiva, capaz de cuidar del medio ambiente sin renunciar a la viabilidad de las explotaciones. Ellos y ellas harán de guía al resto de productores que quieran seguirles en esa senda.
“Somos quienes vivimos de la tierra y sabemos que su cuidado es clave para el futuro de nuestras fincas. Este proyecto nos permite compartir lo que funciona y seguir mejorando”, señala Pedro J. Báñez, técnico-asesor de la Asociación de Agricultores Puerta de Doñana, que es una de las entidades socias del proyecto. Pero no lo harán solos.
La organización WWF España les proporcionará acompañamiento y conocimiento científico y, además, liderará la iniciativa. Su técnica del Programa de Alimentos y coordinadora del proyecto, Alina Noe Bregains, enfatiza que “FARO Doñana nace para acompañar procesos que ya están en marcha en el territorio, conectando a quienes trabajan la tierra con la ciencia y el conocimiento técnico para avanzar hacia sistemas agrarios más sostenibles”.
Y como tercera entidad que refuerza el camino está la SEAE que aportará su experiencia acumulada en iniciativas de éxito anteriores. Su coordinador de Formación y Proyectos, Daniel Castillo, recalca que “ya existen prácticas que demuestran que es posible producir de otra manera, con buenos resultados económicos y ambientales. FARO Doñana ayuda a llevar ese conocimiento a más fincas y adaptarlo a cada realidad”.
La finca es el laboratorio
El proyecto, que cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, parte de la idea de que no se trata de aplicar recetas, sino de probar, ajustar y aprender en el propio terreno. Para ello se está conformando una Red de Fincas FARO, que son fincas agrícolas que funcionan como espacios demostrativos desde los que generar confianza. En ellas se impulsan actuaciones orientadas a optimizar el uso del agua, mejorar la salud del suelo y favorecer la biodiversidad, entre otras. Al mismo tiempo, se refuerza la eficiencia de las explotaciones y se adaptan los sistemas productivos a los desafíos ambientales actuales.
Además, el proyecto documentará y compartirá los aprendizajes generados, para ampliar su impacto más allá del propio territorio y alentar su adopción en otras explotaciones.
El Whatsapp del campo
Uno de los pilares del proyecto es la creación de una Comunidad de Práctica, un espacio de acompañamiento real, donde personas agricultoras, personal técnico y comunidad científica comparten experiencias, dudas y resultados. Para facilitar el seguimiento del proyecto, se ha habilitado un grupo de WhatsApp como canal directo para quienes quieran seguir el proyecto y participar en sus actividades.
FARO Doñana ha comenzado ya su recorrido con un primer encuentro celebrado en El Rocío, que ha reunido a comunidad científica, agricultores y técnicos. Arranca así desde el terreno, combinando experiencia, conocimiento y colaboración para avanzar hacia sistemas agrarios más sostenibles.



