Las previsiones sitúan la producción nacional de melocotón, nectarina, pavía y paraguayo en torno a 1,51 millones de toneladas, un 6% más que en la campaña anterior y más de un 14% por encima de la media de los últimos cinco años. El buen comportamiento del cultivo se apoya en condiciones meteorológicas en general favorables, con un invierno benigno y ausencia de incidencias graves en la mayor parte de zonas productoras, aunque con episodios localizados de heladas, lluvias en floración y pedriscos.
Sin embargo, más allá del volumen, el sector pone el foco en sus desafíos estructurales. La falta de mano de obra en campo y centrales se mantiene como uno de los principales cuellos de botella, especialmente en los picos de recolección. A ello se suma el encarecimiento sostenido de los costes de producción —insumos, energía, transporte y envasado— que no siempre puede trasladarse al precio final, presionando la rentabilidad de las explotaciones.
Otro factor clave es la progresiva reducción de herramientas fitosanitarias eficaces, en un contexto de mayor presión de plagas y enfermedades y aparición de resistencias, lo que complica la gestión agronómica.
Paralelamente, el sector acelera su apuesta por la innovación varietal, con el desarrollo de nuevas selecciones más productivas, homogéneas y adaptadas al mercado, así como materiales con mejor comportamiento postcosecha y mayor resistencia a fisiopatías como el cracking. También avanzan programas de mejora genética en cereza orientados a reducir las horas de frío necesarias, lo que abre la puerta a ampliar zonas de cultivo y adaptarse al cambio climático.
En este contexto, el futuro del sector pasa por combinar la innovación varietal con la necesidad de hacer frente a problemas ya conocidos como la falta de mano de obra, el aumento de costes y las limitaciones en fitosanitarios, que siguen marcando el día a día del campo y la rentabilidad de las explotaciones.


