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15 Abr 2026 | Actualizado 08:02

Revista del Sector Hortofrutícola

Las resistencias marcan la agenda de la mejora genética de hoja

Algo ha quedado claro en las distintas jornadas celebradas en Murcia durante los últimos meses. Y es que el momento actual no está definido por tanto una revolución en tipologías o formatos varietales, sino más bien por un trabajo intensivo de consolidación genética en torno a las resistencias, convertidas hoy en el principal factor limitante del cultivo.

Cultivos de hoja

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A diferencia de otras etapas en las que la innovación se medía en nuevos segmentos, la mayoría de los programas de mejora están enfocados en reforzar la respuesta frente a patógenos y plagas que comprometen la viabilidad económica de las explotaciones. La presión de Bremia lactucae, cada vez más dinámica en la aparición de nuevas razas, la incidencia de Fusarium, el pulgón (Nasonovia) o problemas asociados al estrés climático están obligando a una actualización constante del material vegetal. 

Este escenario ha desplazado el foco hacia la necesidad de contar con variedades que permitan producir con seguridad. Además, la inestabilidad climática está amplificando esta incertidumbre. Excesivo calor fuera de fecha, inviernos con menor radiación solar o cambios bruscos de humedad generan condiciones más favorables para enfermedades y alteraciones fisiológicas, lo que convierte la resistencia genética en la herramienta más eficaz y, en muchos casos, la única viable para mantener el cultivo. 

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El resultado es una innovación menos visible, pero estratégica: una mejora genética que trabaja en segundo plano para estabilizar el sistema productivo. En el contexto actual, la verdadera novedad no es una lechuga diferenciada, sino resistente. 

En paralelo, el incremento de los costes laborales y la dificultad para encontrar mano de obra están empujando hacia variedades adaptadas a sistemas más mecanizados y a procesos de recolección simplificados. 

Los pilares de la innovación actual 

Aunque cada compañía presenta su propia estrategia, el análisis conjunto de las jornadas permite identificar tres grandes vectores de trabajo: 

  1. Refuerzo sanitario como base de la rentabilidad 

Las resistencias a Bremia, Fusarium o Nasonovia (pulgón) ya no son un valor añadido, sino un requisito estructural para reducir tratamientos y asegurar cosechas. 

  1. Mejora del comportamientoposcosecha

La durabilidad, la oxidación tras el corte o la uniformidad de pieza se han convertido en factores clave para la distribución y la industria transformadora. 

  1. Adaptación a modelos productivos más eficientes

Desde variedades que facilitan la mecanización hasta sistemas de cultivo de alta densidad, la genética empieza a diseñarse pensando en la falta de mano de obra y en la optimización de procesos. Por ello, las casas de semillas están priorizando: 

  • mantener uniformidad en condiciones cambiantes,
  • reducir problemas fisiológicos comopuede sertipburn o acostillado, 
  • ofrecer paquetes de resistencias más completos,
  • y garantizar regularidad en la planificación comercial.

Innovar para producir con menos incertidumbre 

En conclusión, durante estas jornadas se confirma un cambio silencioso pero profundo, la innovación en lechuga ya no se mide únicamente por su potencial productivo, sino por su capacidad de ofrecer estabilidad en un contexto agronómico, económico y climático cada vez menos predecible. 

La genética se consolida así, como la principal herramienta para sostener la competitividad del cultivo, permitiendo a los productores cumplir programas, reducir desviaciones y adaptarse a una cadena alimentaria que exige regularidad absoluta.  

El mensaje que se repite entre compañías, técnicos y agricultores es claro, el sector ha pasado de optimizar kilos por hectárea a reducir riesgos por hectárea. 

IV gama 

Otro de los mensajes que se desprende de las jornadas apunta a una reconfiguración de la demanda en IV gama. El mercado ya no está en fase de crecimiento, sino en una etapa de ajuste y estabilización, en la que la industria prioriza eficiencia, regularidad y reducción de desperdicio por encima de la ampliación de referencias. 

Las obtentoras coinciden en que hoy se necesita un producto: más homogéneo para facilitar el procesado, con mayor vida útil para optimizar la logística y con menos variabilidad para evitar reclamaciones o destríos. 

De ahí que muchas de las innovaciones presentadas respondan en realidad a exigencias muy concretas de la industria de ensaladas preparadas: hojas más uniformes, estructuras que soporten mejor el corte, menor oxidación o materiales adaptados a recolección mecanizada. 

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