La agricultura actual se encuentra en una encrucijada donde la retirada de materias activas obliga a buscar nuevas herramientas. Lainco defiende que los bioestimulantes no deben verse como sustitutos directos de los fitosanitarios, sino como herramientas complementarias que mejoran procesos fisiológicos como la absorción de nutrientes, la calidad de las cosechas y, especialmente, la tolerancia al estrés abiótico.
El papel de Lainco es crucial para superar la confusión que aún existe en el sector. La empresa enfatiza que estos productos deben integrarse en estrategias preventivas y planificadas, preparando a la planta antes de que aparezca el problema, en lugar de actuar como soluciones de choque ante daños visibles. Esta labor de divulgación busca generar la confianza necesaria para que la adopción de estas tecnologías sea masiva y efectiva.
Como muestra de este compromiso con la rentabilidad y la innovación, Lainco presenta en 2026 DROOPY, un bioestimulante diseñado específicamente para el cultivo del olivar. Esta solución responde a una necesidad crítica: facilitar la caída de la aceituna durante la recolección para reducir los costes de cosecha.
En definitiva, Lainco proporciona ventajas competitivas clave, demostrando que la ciencia y la sostenibilidad pueden ir de la mano para asegurar el futuro del sector.


