La entrada de cítricos importados a precios por debajo de los costes de producción está generando un grave desequilibrio en el mercado europeo. Ante esta situación, LA UNIÓ Llauradora reclama a la Comisión Europea una intervención urgente y firme para proteger a los productores comunitarios.
La organización propone establecer un precio mínimo de entrada de 1 €/kg para los cítricos importados. Esta medida busca evitar que productos procedentes de terceros países, como Egipto, compitan de forma desleal con la citricultura europea.
Cítricos importados por debajo del coste: un problema estructural
Durante la campaña actual, como ya ocurrió en años anteriores, se ha registrado un flujo masivo de naranjas egipcias a precios muy bajos, lo que ha provocado una ralentización en las exportaciones y una caída de los precios en origen para los agricultores europeos.
Según datos de 2025, estas naranjas han entrado en España a un precio medio de 0,61 €/kg, muy por debajo del valor estándar de importación, fijado actualmente en 0,693 €/kg. Esta situación no solo es injusta, sino que evidencia la falta de actualización del sistema de protección comercial de la UE.
Un sistema de precios de entrada «obsoleto y desfasado»
El mecanismo europeo de precios de entrada fue concebido como una barrera frente a la competencia externa desleal. Sin embargo, ha quedado anticuado y ya no refleja los costes reales de producción, que no han dejado de aumentar.
Carles Peris, secretario general de LA UNIÓ, denuncia la pasividad de las autoridades comunitarias frente a las reiteradas peticiones del sector. “Es absurdo que no reaccionen”, afirma, subrayando la necesidad urgente de revisar este sistema para adaptarlo a la realidad actual del mercado.
Consecuencias económicas y ambientales
La presión de los cítricos importados a precios de derribo afecta directamente a la viabilidad económica del sector citrícola europeo. Además, estas importaciones no cumplen los estándares ambientales ni de seguridad alimentaria que sí se exigen a los productores locales.
LA UNIÓ destaca que la citricultura valenciana genera empleo, fija población rural y mantiene el tejido económico de muchas comarcas. A cambio, los productos importados ni garantizan trazabilidad, ni aportan beneficios sociales a la UE, y su impacto ambiental es mucho mayor.



