¿Podría presentarnos brevemente su empresa y su experiencia en el campo de los bioestimulantes?
Con más de 50 años de experiencia, en MAFA Vegetal Ecobiology hemos convertido la sostenibilidad de la actividad agrícola en la línea transversal de todo nuestro trabajo. La agricultura ha cambiado mucho en medio siglo y nuestra empresa también, precisamente para adaptarse a esa nueva realidad que ha de afrontar el sector, que requiere soluciones biológicas, medioambientalmente sostenibles y eficaces frente a las necesidades de control sanitario, calidad y productividad que requieren los cultivos. Y en todo ello la evolución y perfeccionamiento de nuestros bioestimulantes es clave. Porque representan la oportunidad de utilizar lo que la misma naturaleza nos ofrece -como ciertos microorganismos beneficiosos- para generar productos capaces de resolver los problemas de los cultivos y mejorar su rendimiento.
¿Cómo definirían los bioestimulantes para que todo el sector pueda entenderlo y en qué se diferencia de un fertilizante o fitosanitario?
Los bioestimulantes agrícolas son sustancias biológicas que influyen de forma positiva en los diversos procesos metabólicos de la planta, a diferencia de los fertilizantes o biofertilizantes, que basan su acción en el aporte de nutrientes. Lo que hace especialmente recomendables a los bioestimulantes es que son formulados a base de productos que nos ofrece la propia naturaleza. Y, por tanto, son esas soluciones naturales que necesita el campo para no generar residuos ni perjudicar al medio ambiente, como sí ocurría antes mediante el uso de fitosanitarios.
¿Qué tipos de bioestimulantes ofrecen y qué compuestos o microorganismos emplean?
En la actualidad, la biotecnología agrícola se centra principalmente en bioestimulantes de origen microbiano, que utilizan microorganismos para mejorar la salud del suelo y la absorción de nutrientes; bioestimulantes de origen vegetal, con extractos de plantas que contienen compuestos bioactivos; y bioestimulantes de origen animal, mediante la aplicación proteínas hidrolizadas que mejoran la disponibilidad de nutrientes.
La formulación de bioestimulantes basados en microorganismos está siendo para nosotros una línea de trabajo fundamental en los últimos años, porque -como decimos en nuestro lema- las biosoluciones naturales siempre están en nuestra mente. Y los organismos vivos beneficiosos son el mejor ejemplo de cómo la propia vida del planeta tiene la respuesta a muchas de las cuestiones y retos de la agricultura, con la vista siempre puesta en la protección de la biodiversidad y los ecosistemas existentes.
Por ello ya disponemos de una creciente gama de prebióticos, como Eklobac, Prebiostart o Mycobrow, que estimulan el crecimiento de los microorganismos del suelo beneficiosos para las plantas. También trabajamos en nuevos probióticos, que, como Asperbio y Trichospore, contienen los propios microorganismos beneficiosos para la salud del suelo.
En MAFA, por supuesto, nos centramos en otros compuestos y organismos con función bioestimulantes. Nos referimos, por ejemplo, a las hormonas, moléculas orgánicas -como las auxinas, citoquininas y giberelinas- que actúan en el crecimiento vegetativo de los cultivos agrícolas. Así sucede con nuestro bioestimulante BALANCE.
También es muy interesante la actividad que logramos con los extractos de algas. Tanto las microalgas como las macroalgas son organismos con una larga vida en nuestro planeta y un papel decisivo en la formación de la vida. De ahí que nos fijemos de manera muy especial en su capacidad de bioestimulación, de estimular las funciones vitales de las plantas, como hace Greencal u Optimar.
Por otra parte, están los ácidos húmicos y fúlvicos, que, como todos sabemos, forman parte del suelo tras la descomposición natural. Por eso, mejoran la fertilidad de las plantas en la medida en que favorecen la absorción de los micronutrientes y macronutrientes, tal es el caso de Maxiplant.
¿Qué beneficios tangibles aporta el uso de bioestimulantes en el cultivo de frutas y hortalizas?
En un momento como el actual, en el que la agricultura está demostrando que sabe adaptarse a las nuevas necesidades y realidades de nuestro entorno, es fundamental el uso de bioestimulantes naturales. ¿Por qué? Porque son productos especialmente pensados para mejorar el rendimiento de los cultivos. ¿Qué resultados obtenemos con el uso de bioestimulantes?
- Más crecimiento de las plantas, porque se optimiza el aporte de nutrientes y de agua.
- Plantas más resistentes. Preparadas para afrontar situaciones como la sequía y la salinidad de los suelos.
- Suelos saludables, porque son productos que contribuyen a la regeneración del sustrato.
- Retención de CO2, contribuyendo con ello a la estabilidad de los ecosistemas.
- Cero residuos en las plantas, que no se ven alteradas ni afectadas por toxicidad alguna. Y, por tanto, nos proporcionan alimentos y productos saludables y de máxima calidad.
Y hay otro aspecto aún más importante. Y es que las relaciones simbióticas -las que reforzamos mediante el uso de microorganismos beneficiosos- son fundamentales en todos los procesos de nutrición. Y por eso hemos de propiciar productos, soluciones naturales que favorezcan esa materia orgánica, esos microorganismos que mejoran el estado de la planta. Porque desde el suelo estamos condicionando todas las funciones vitales de ésta.
¿Podría compartir algún caso real o ensayo que demuestre mejoras en rendimiento, calidad, o resistencia al estrés?
Todo nuestro trabajo se cimenta en investigaciones y ensayos para constatar la efectividad de nuestros productos. Por ejemplo, con la aplicación de nuestro prebiótico Eklobac en un cultivo de hortalizas, logramos incrementar la producción y calibre de los frutos, aumentar la calidad del cultivo y, sobre todo, reducir la necesidad de fertilización y mejorar la microbiota del suelo, que, como no nos cansamos de repetir es fundamental para que las plantas sean más resilientes y estén más preparadas para afrontar el estrés abiótico y biótico. Lo pudimos constatar en febrero del pasado año en una finca de puerro situada en Montequinto (Sevilla). ¿El resultado? Puerros más firmes y rectos, con una coloración más acentuada e intensa en la zona de cultivo tratada con Eklobac.
¿Qué papel juegan los bioestimulantes en un contexto de cambio climático y agricultura sostenible?
Los fenómenos climáticos extremos son cada vez más frecuentes y desde MAFA creemos que es nuestra obligación ofrecer soluciones naturales y sin residuos que responden al estrés que padecen los cultivos. Se trata de lograr una agricultura resiliente, capaz de estar preparada ante esas situaciones climáticas incluso antes de que ocurran. Una agricultura lista para amortiguarlas y recuperarse de ellas a tiempo y de forma eficiente y sostenible.
Y los bioestimulantes tienen un papel importante en este sentido, ya que permiten que las plantas afronten con más garantías situaciones externas desfavorables. Hay que tener en cuenta que el estrés abiótico es inevitable y, en el caso de las plantas, determinante, porque dependen especialmente de los factores ambientales.
¿Ayudan realmente a reducir la dependencia de insumos químicos? ¿se trata de una estrategia combinada para ser más eficaces?
Las soluciones que logramos al aplicar la biotecnología a la agricultura nos permiten reducir la presión sobre los ecosistemas, al racionalizar la utilización de insumos químicos como los plaguicidas. Dicho de otro modo, los bioestimulantes no sustituyen a los fertilizantes o fitosanitarios sino que los complementan desde un plano funcional, modulando la respuesta del cultivo, acelerando la recuperación y favoreciendo un desarrollo más homogéneo y sostenible. Porque la realidad es que caminamos hacia una inevitable y necesaria reducción del uso de insumos no renovables.
¿Cuál cree que es el nivel de conocimiento actual sobre bioestimulantes entre los agricultores españoles?
La situación del campo actualmente es compleja, porque los productores agrícolas están hoy día completamente desubicados. En cierto modo se sienten ‘solos’ ante una realidad que no saben cómo gestionar. No pueden luchar contra plagas o enfermedades con los productos de antes, pero tampoco tienen esas biosoluciones que se deben ir implantando y que no acaban de estar completamente reguladas. En nuestra opinión urge articular una comunicación y formación clara y decidida por parte de las instituciones para los profesionales de la agricultura, que necesitan saber qué soluciones existen y cómo implementarlas en sus cultivos.
¿Qué barreras detectan para una adopción más generalizada?
Principalmente la lentitud del marco regulatorio y la burocracia. Hay que agilizar la autorización de los productos que necesita la agricultura del siglo XXI. Hay que tener en cuenta que se estima que en los últimos años se han dejado de usar más de 100 tipos de productos de origen químico y apenas se han incorporado a las prácticas agrícolas la mitad de productos de biocontrol. Además, es prioritario que se exija la misma calidad y sostenibilidad alimentaria tanto a los productos de la Unión Europea como a los procedentes de terceros países que consume la población europea.
¿Cómo está actualmente regulado el uso de bioestimulantes en la UE y en España?
En la actualidad contamos con el Reglamento UE 2019/1009, cuya principal aportación ha sido el establecimiento de 7 categorías para los productos agrícolas -con referencia a los bioestimulantes y su definición- y una estricta evaluación. Básicamente, todas las categorías de soluciones aplicables a los cultivos tienen que cumplir ciertos requisitos de etiquetado y elaborarse con determinados productos autorizados. Además, han de pasar una rigurosa evaluación. Pero, además, los bioestimulantes deberán someterse a un proceso de evaluación con la certificación de entidades acreditadas.
Por otro lado, el nuevo reglamento solo permite el uso de cuatro microorganismos para formular bioestimulantes microbianos: Azotobacter spp, hongos micorrízicos, Rhizobium spp, Azospirillum. Aunque se prevé que, poco a poco, incluya más dada la innovación e investigación que desarrolla el sector.
¿Qué tipo de certificaciones o avales ofrecen para garantizar la eficacia y seguridad de sus productos?
Nuestras formulaciones siempre aspiran a lograr certificaciones y sellos que avalen su efectividad e idoneidad. Contamos con la certificación UNE 315500 para nuestra gama de sustancias de biocontrol, lo que los reconoce como insumos utilizables en la producción vegetal ecológica. También con las acreditaciones de certificación ecológica a nivel europeo Sohiscert y el del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica en muchos de nuestros productos.
Además, dentro de nuestro compromiso con la sostenibilidad agrícola, somos parte de IBMA (Asociación Internacional de Productores de Sustancias de Biocontrol) y EBIC (Consejo Europeo de la Industria de Bioestimulantes).
¿Qué tendencias o innovaciones están marcando el futuro de los bioestimulantes?
El futuro de los bioestimulantes está marcado por la creciente necesidad de una agricultura sostenible, la innovación en el desarrollo de productos más eficientes y la integración de la tecnología para optimizar su aplicación.
Estamos convencidos de que habrá un rotundo aumento en la adopción de bioestimulantes naturales, especialmente aquellos basados en microalgas y microorganismos beneficiosos, que promueven la salud del suelo, la resistencia de las plantas y la mejora de la calidad de los cultivos.
¿Cuál cree que será su papel en los próximos 5-10 años en la agricultura profesional?
Pues apostamos por la Innovación, la Investigación y el Desarrollo, porque creemos que la agricultura del futuro lo necesita. Las nuevas enfermedades, plagas, carencias nutricionales, déficit hídrico… requieren nuevas y distintas soluciones. En esa capacidad de adaptarse a los cambios radica el futuro de la agricultura. Y esa es también la filosofía de nuestra empresa.
En MAFA, hemos extendido nuestras soluciones agrícolas a nivel global, con presencia en Europa, Oriente Medio y América. Y desde 2018 nuestra filial en México refuerza nuestro compromiso con los mercados internacionales, permitiendo a los agricultores de distintos continentes acceder a tecnologías avanzadas y sostenibles.
Así que confiamos en que nuestra biotecnología agrícola siga dando respuesta a la enorme cantidad de situaciones que pueden afectar a los cultivos y propiciar plantas más resistentes a la sequía y más resilientes y protegidas frente a hongos, bacterias y otros patógenos y plagas. Apostamos por alimentos y productos de la mayor calidad posible y, cómo no, por una imprescindible seguridad alimentaria que es garantía de futuro para todas las personas.
¿Qué recomendaciones darían a un agricultor que quiere empezar a trabajar con bioestimulantes?
Los bioestimulantes son clave para entender el futuro de la agricultura por su versatilidad. Cada tipo de cultivo es diferente y cada campo dedicado al mismo cultivo es distinto a otro. Cada caso es en cierto modo único y por eso se impone dar soluciones naturales y adaptadas a cada necesidad, productos con distintas funciones y aplicables a cada situación. Hemos de trabajar con soluciones específicas.
Y por eso siempre insistimos en lo importante que es contar con asesoramiento y soluciones adaptadas a las necesidades de cada cultivo, precisamente porque cada caso es diferente.
¿Cómo integrarlos de forma efectiva en un programa de cultivo?
Es crucial entender las necesidades específicas de cada cultivo y etapa de desarrollo, así como la forma en que los bioestimulantes interactúan con las plantas y el suelo. Hemos de identificar las necesidades específicas del cultivo para seleccionar el bioestimulante adecuado y, a partir de ahí, trabajar con un plan de aplicación específico convenientemente monitorizado y evaluado. Es la manera más adecuada y eficaz de integrar los bioestimulantes a la producción agrícola.



