Especialmente alarmante es la situación en los países mediterráneos: la proporción de contenido medio de materia orgánica es del 1,5%. En un artículo publicado en Re Soil Foundation por Claudio Ciavatta, catedrático de Química Agrícola en el Departamento de Ciencias y Tecnologías Agroalimentarias (DISTAL) de la Universidad de Bolonia, en Italia más del 85% de sus suelos tiene valores inferiores al 2% en carbono orgánico: un límite ligeramente superior al umbral de riesgo de “desertificación”. Este riesgo está en la península ibérica en más de nueve millones de hectáreas consecuencia del crecimiento insostenible del regadío, la sobreexplotación de acuíferos, del abandono de la tierra y la intensificación de los periodos de sequías extremos (Ramón Díaz, Información.es, año 2022).
La degradación del suelo, según cálculos, tiene un coste para cada ciudadano de la UE de unos 80 euros anuales, es decir entre 3.000 y 6.000 millones de euros al año.
Ante esta situación, Novamont, empresa de Versalis (ENI) y actor internacional en el sector de los bioplásticos y productos bioquímicos derivados total o parcialmente de la biomasa, sitúa en el centro de su modelo de desarrollo la salud de los suelos. Hace más de 30 años, Novamont creó la familia de bioplásticos Mater-Bi, con diferentes contenidos de origen vegetal, biodegradables y compostables, de acuerdo con las principales normas europeas, americanas e internacionales (UNI EN 13432, ISO 17088, EN 17033, ASTM 6400 e ISO 23717:2021).
Los productos hechos con Mater-Bi facilitan la recogida selectiva de los restos orgánicos para su compostaje, fomentando así la producción de compost para los suelos agrícolas. Además, con Mater-Bi también es posible producir otras aplicaciones compostables para el sector agrícola, como la rafia y clips para el entutorado de cultivos en invernaderos o film biodegradable en el suelo para acolchados.
Mater-Bi no libera microplásticos persistentes en el medio, no genera efectos ecotóxicos y se biodegrada incluso a temperaturas bajas por la acción de microorganismos, convirtiéndose en CO2, carbono, agua y biomasa, ahorrando tiempo y recursos al agricultor al final del ciclo de cultivo.
La importancia de la materia orgánica
Entre los componentes de la materia orgánica están los compuestos orgánicos frescos, las moléculas orgánicas en proceso de composición o las macromoléculas complejas y estables llamadas sustancias húmicas, humus. Para mejorar la fertilidad del suelo es fundamental la materia orgánica, cuya principal función es la producción de moléculas orgánicas (carbono orgánico), alimento para los seres vivos. La cantidad de materia orgánica, su composición y distribución espacial son factores que determinan los efectos sobre la fertilidad del suelo y su papel como receptor de CO2 de la atmósfera, lo que permite contrarrestar el cambio climático.

El suelo es el principal almacén de carbono, aún más importante comparado con la biosfera y la atmósfera, que principalmente se acumula en los primeros 50 cm de la superficie.
¿Qué cantidad de materia orgánica tiene cada tipo de suelo?
- Suelos arenosos y áridos: menos del 1%.
- Suelos cultivados: hasta el 5%.
- Suelos orgánicos: superior al 5%.
- Suelos de turba: hasta el 100%.
El suelo es un sistema vivo y requiere alimentarlo, cuidarlo y procurarle una buena salud; así obtendremos unos alimentos ricos en nutrientes y de calidad. Aportar materia orgánica a la tierra es la forma de devolverle lo que obtenemos de ella. Su cuidado también implica unos productos agrícolas más sostenibles y respetuosos, como las aplicaciones fabricadas en Mater-Bi que, gracias a su biodegradabilidad y compostabilidad certificada, pueden mezclarse junto los restos orgánicos para obtener un compost de calidad sin microplásticos permanentes. Tenemos la responsabilidad de mantener su riqueza para continuar viviendo de nuestros suelos agrícolas.


