En este contexto, muchas compañías están orientando sus esfuerzos a perfeccionar lo que ya funciona, aumentando eficiencia, regularidad y valor añadido sin alterar radicalmente la propuesta al consumidor.
Conveniencia e innovación
El sector trabaja simultáneamente en productos de conveniencia cotidiana como vegetales listos para consumir o legumbres cocidas y en propuestas más diferenciales que reinterpretan ingredientes tradicionales. Sin embargo, la conveniencia sigue siendo el verdadero motor de desarrollo.
La innovación sin facilidad de uso tiene escaso recorrido en este mercado. “La innovación, si no va acompañada de conveniencia, no funciona. El consumidor quiere soluciones que le hagan la vida más fácil”, resume. Por ello, la mayoría de los desarrollos buscan trasladar los beneficios naturales de frutas y hortalizas a formatos que simplifiquen el día a día del consumidor, manteniendo un alto porcentaje de materia prima y evitando transformaciones excesivas.
Influencia global
La globalización también ha influido en la forma de innovar. La observación de usos culinarios en otros países sirve como fuente de inspiración para reinterpretar productos conocidos, aunque el desarrollo final debe adaptarse a hábitos de consumo locales y a la lógica de la conveniencia.
Aun así, aportar valor a frutas y verduras sigue siendo un reto, La clave está en facilitar su consumo sin desvirtuar su esencia. “Las frutas y hortalizas ya tienen un valor enorme por sí mismas; nuestra labor es hacerlas más accesibles, no transformarlas en otra cosa”, explica.
Retos
Uno de los desafíos más complejos es ofrecer productos homogéneos a partir de materias primas sujetas a una fuerte variabilidad climática. La solución pasa por una exhaustiva selección y caracterización de frutas y hortalizas que permitan ajustar cada lote a los estándares requeridos. “El cliente espera siempre el mismo resultado, aunque la naturaleza nunca sea igual; ahí está uno de los mayores retos del sector”.
El consumidor, sin embargo, permanece ajeno a esta complejidad. No busca entender el producto, sino vivir una experiencia de consumo consistente, lo que obliga a la industria a absorber toda la incertidumbre del origen agrícola.
Rentabilidad y sostenibilidad
La rentabilidad en V Gama sigue siendo uno de los grandes temas pendientes. Aunque la situación mejora progresivamente, el sector reconoce que todavía está lejos de un escenario ideal. La volatilidad de la materia prima, los costes de procesado y la presión del precio final hacen que el equilibrio económico sea delicado.
La reducción del uso de plástico continúa siendo un objetivo, pero el enfoque actual es pragmático: priorizar materiales 100% reciclables y esperar a que surjan alternativas que igualen las garantías de seguridad alimentaria, conservación y viabilidad industrial que hoy ofrece el plástico. “Avanzamos hacia soluciones más sostenibles, pero siempre garantizando seguridad alimentaria y viabilidad económica; no se trata de sustituir por sustituir”, concluye.



