El crecimiento productivo ha obligado a rediseñar completamente la poscosecha. Automatización, inteligencia artificial y adaptación varietal forman parte de un mismo proceso destinado a garantizar volumen, calidad y eficiencia en un mercado que exige disponibilidad continua.
Una industria que exige automatización
Ese crecimiento acelerado ha cambiado completamente la escala de trabajo en los centros de envasado. Lo que antes podía gestionarse con procesos mixtos hoy requiere sistemas muy tecnificados. “Al principio los volúmenes no eran muy grandes y se podían tratar de forma semimanual, pero hoy en día es inviable”, señala Mendizábal.
La automatización ya no es una inversión estratégica opcional, sino una infraestructura básica para que el negocio funcione. Desde Maf Roda son claros, “hoy en día, sin una máquina de este tipo, la gente sería incapaz de sacar adelante la producción y ponerla en el mercado”.
Inteligencia artificial: precisión y simplificación
La incorporación de sistemas de visión e inteligencia artificial ha sido determinante para dar respuesta a este salto de escala. Según Mendizábal, “la inteligencia artificial aporta precisión en la detección de defectos”, pero además introduce un cambio clave en el manejo de las líneas porque el programa necesita muy pocos inputs por parte del operador. En un contexto de escasez de mano de obra, esta simplificación es decisiva, la tecnología permite abrir la operación a perfiles menos especializados sin perder eficiencia.
Preservar la frescura
El arándano es un producto de alto valor añadido y con una fuerte exigencia por parte del consumidor. Por ello, el papel de la poscosecha se centra menos en transformar y más en conservar. “El principal objetivo en el packing es mantener lo máximo posible la frescura del fruto”, afirma. “El consumidor espera una calidad consistente en un producto de alto valor”.
Los sistemas actuales trabajan con indicadores que permiten anticipar el comportamiento del fruto durante la logística, “se puede tener una idea del estado de maduración combinando varios factores, aunque no se mide el grado como tal. La firmeza, la deshidratación o la blandura son valores clave para asegurar que el arándano pueda viajar”. El flujo de trabajo en una línea de arándano sigue, según Maf Roda, a un principio fundamental, manipular sin impactar.
“Se hace un volcado lo más suave posible para limitar los impactos en el arándano”, describe. A diferencia de otras frutas, no se lava, para mantener la pruina intacta, ese recubrimiento natural que el consumidor asocia con frescura. En su lugar, se aplican sistemas de limpieza en seco, se elimina la hojarasca y los frutos que no van a ser comercializables antes de la clasificación.
Futuro varietal y de consumo
Las nuevas variedades están redefiniendo también las necesidades industriales, ya que éstas tienden a calibres más grandes y provoca que tecnología se adapte a ellas.
A lo que se suma la evolución del consumo, entre las berries, el arándano es el que más proyección tiene. Esta tendencia impulsa cambios en el envasado y la presentación. “Vemos mucha evolución en los diferentes formatos de consumo”, explica, lo que ha llevado al desarrollo de soluciones capaces de trabajar múltiples configuraciones “hemos desarrollado una pesadora polivalente capaz de llenar distintos formatos de envase”.



