Uno de los principales desafíos es entender que las nuevas generaciones no solo buscan una buena retribución económica, sino también un entorno laboral alineado con sus valores. Como explica Eduardo Córdoba, director general de Primaflor, “las nuevas generaciones se mueven bajo parámetros diferentes y les seducen otro tipo de condiciones más allá de las económicas”.
La profesionalización del sector es esencial. Esto implica, no solo ofrecer formación técnica continua, sino también mejorar la imagen pública del sector y proyectarlo como un motor económico innovador y sostenible. “Queremos que nuestros equipos sientan orgullo de formar parte de un proyecto con impacto real”, señala Ignasi Argilés, director de producción y comercio del Grupo Nufri.
La transformación tecnológica también juega un papel clave. La incorporación de la digitalización, automatización y de herramientas de precisión no solo mejora la eficiencia, sino que también hace más atractivo el sector para perfiles técnicos jóvenes. Según Pedro Martínez, director de desarrollo de negocio en Induser, “cada línea de producción que diseñamos es un ejemplo de cómo la tecnología está en el día a día”.
Además, es fundamental trabajar la reputación del sector, la percepción que tienen los jóvenes sobre él influye directamente en su decisión profesional. “La imagen que proyectamos es más importante que nunca. Las nuevas generaciones valoran la estabilidad, el propósito y la calidad de vida”, declara el responsable del área de Agricultura de Adecco, Ferran Mata.
Porque, sin personas no hay agricultura, y sin jóvenes, no hay relevo generacional ni futuro. Transformar el sector para hacerlo más atractivo, competitivo y humano es una tarea colectiva y urgente.
“Las empresas nos estamos adaptando al cambio de paradigma laboral”
Eduardo Córdoba, director general de Primaflor
El sector hortofrutícola español es de los pocos sectores que en épocas de crisis no destruye empleo, por lo que es estratégico para España y su economía, y para la contribución en la balanza comercial del país. Se trata de un sector que lleva más de 60 años alimentando a toda Europa y al resto de países con productos de primera calidad y seguridad alimentaria y transformando constantemente su modelo de negocio para adaptarlo a los cambios que se producen en la sociedad.
Esta evolución en las tendencias de consumo requieren una profesionalización absoluta y la incorporación de perfiles ad hoc. Así, hemos virado de ser empresas productoras a ser empresas industrializadas y, con este giro, hemos incorporado nuevos perfiles. Dicho esto, no podemos mirar hacia otro lado y debemos aceptar que el mercado está cambiando y que las nuevas generaciones se “mueven” bajo parámetros diferentes y que les seducen otro tipo de condiciones más allá de las económicas. Por estos motivos, las empresas, efectivamente, nos estamos adaptando a este cambio de paradigma laboral, ofreciendo modelos y entornos empresariales modernos, sostenibles, conciliadores, innovadores y de proyección.
Lógicamente, el sistema tradicional de retribución económica no desaparecerá, pero se debe innovar en esta materia para ser más atractivos a las nuevas incorporaciones y mejorar la retención de talento. Hemos de crecer en opciones flexibles y adaptadas para cada candidato y que el desarrollo profesional sea una realidad evaluable. En este sentido, una gestión individualizada permite gente alineada con la estrategia y comprometida con los valores.
En el objetivo de atraer talento, creo que el sector tiene una gran reputación, pero necesita crecer en imagen; me explico: a nivel reputacional somos un sector consistente, profesional y con una seguridad alimentaria modélica en Europa, sin embargo, aun adolecemos de una imagen muy tradicional y poco innovadora. Todo ello está muy lejos de la realidad, ya que la transformación digital ha cambiado el mundo agroalimentario y somos punta de lanza en innovación y desarrollo, pero nos falta un empujón en la comunicación hacia afuera y saber “vender el sector”.
El lema de los ingenieros agrónomos es sabio: “Sine agricultura, nihil” (sin agricultura no hay nada), pero sin personas tampoco. La agricultura tiene el reto de enamorar a los profesionales, combinando fórmulas de sostenibilidad y respeto al medio ambiente y es muy urgente que se le de valor y visibilidad al sector para que sea atractivo trabajar en él. Si somos un sector estratégico, tratémoslo como tal.
«Somos punta de lanza en innovación y desarrollo,
pero nos falta un empujón en la comunicación hacia afuera y saber ‘vender el sector’ «
I+D+i, fundamental
Las nuevas generaciones viven en un entorno tecnológico diario, por lo que un entorno de empresa con tecnología obsoleta te “tira” del mercado. La tecnología en los últimos diez años ha avanzado más que en los anteriores veinte y subirse al carro es esencial para ser más atractivos para las nuevas generaciones de profesionales.
En la actualidad, boomers, generación X, millenials y generación Z pueden convivir en un mismo equipo, pero no es un problema si te anticipas. La relación e interacción con los diferentes canales comerciales exigen perfiles muy diversos pero necesarios. No es lo mismo un comercial para Retail internacional que para Food Service nacional, sin embargo, debes saber conjugarlos. El reto está en la adaptación de los perfiles a la evolución de la compañía. En nuestro caso, somos una empresa muy analítica y de gestión, con un ERP (SAP) que exige una formación y un BI (Qlick Sense) que dota al comercial y al resto de la organización de toda la información necesaria para pilotar los resultados de cada área en tiempo real. Dicho esto, es cierto que la gente joven se adapta más a esta transformación, pero también necesitan de la experiencia en la gestión ‘cara a cara’ con el cliente, la cual es la base de la venta y sigue siendo el escenario donde se produce el ‘todo o nada’.
Claves que harán ser atractivo al sector:
1. Cultura organizativa: Comunicación abierta con el equipo, transparente y justa. Asumiendo las conversaciones difíciles antes de que generen conflicto. Reconocimiento al personal
2. Modernización: Entornos de trabajo actuales, modernos y sin barreras jerárquicas
3. Innovación: La empresa debe hacer todos los esfuerzos para estar a la última, siempre
4. Flexibilidad: Abandono progresivo de los estrictos corchetes para ser más eficientes. Flexibilidad operativa para hacer crecer a los empleados
5. Sostenibilidad económica: Las empresas deben ser a su vez productivas, competitivas y rentables

