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5 Abr 2026 | Actualizado 08:00

Revista del Sector Hortofrutícola

Alimentos de IV gama, una alternativa cómoda y segura para consumir frutas y verduras

Del campo a la mesa en 10 minutos: vegetales seleccionados, lavados y envasados sin conservantes ni tratamientos térmicos, listos para consumir y con todas sus propiedades nutricionales.

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Los alimentos de IV gama son productos vegetales frescos que han sido lavados, cortados y envasados en condiciones que garantizan su seguridad e higiene, sin perder sus propiedades naturales. Estos alimentos no se someten a tratamiento térmico ni llevan conservantes, sino que se mantienen frescos gracias a su envasado y refrigeración. Y se caracterizan por estar listos para su consumo, o cocinado, sin necesidad de una preparación previa adicional.

Del campo a la mesa

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La revista Consumer informa que el proceso de producción es similar al que realiza un consumidor al preparar sus vegetales en casa, pero a lo grande: seleccionar, cortar, lavar, y solo con un único paso añadido, el envasado. El proceso comienza en el campo. Muchas empresas trabajan con agricultores locales, promoviendo prácticas agrícolas que respetan el medio ambiente. “Esto nos permite garantizar la frescura y calidad de las materias primas”, asegura Leyre Herranz, responsable de una de las principales empresas productoras de IV gama. Al llegar a las instalaciones, los vegetales son sometidos a una rigurosa inspección para asegurar que cumplen con sus estándares de calidad. Entre otras medidas, se utiliza tecnología de visión artificial para detectar y descartar cualquier producto que no cumpla con estos criterios.

Los productos se lavan con agua fría para eliminar impurezas y garantizar la seguridad alimentaria, a la vez que se mantiene la frescura del producto. El agua utilizada es potable e higienizante y se controla periódicamente para certificar su calidad. Tras el lavado, los vegetales se cortan y se secan para eliminar el exceso de humedad. Después de los últimos controles de calidad, el producto es pesado, embolsado y distribuido en frío a los puntos de venta. Todo el proceso se completa en menos de 10 minutos, lo que garantiza la frescura y calidad. La clave para mantener intactas sus características es el frío. Se suele recolectar a primera hora de la mañana y se mantiene la temperatura en todo el proceso entre 1 °C y 4 °C. Esta cadena de frío no deberá romperse en ningún momento desde la recolección hasta el consumo, incluido el transporte hasta el hogar.

Higiene y garantías sanitarias

Los espacios de IV gama están pensados para la seguridad de estos alimentos, además de controlar la temperatura, en las plantas de producción la limpieza es esencial, existen rigurosos sistemas de control, que incluyen análisis regulares, garantizando que los productos sean manipulados en un ambiente higiénico.

“Como en la producción de cualquier alimento vegetal, los microorganismos más preocupantes son aquellos que pueden estar presentes desde la producción primaria y contaminar los vegetales a través del uso de fertilizantes orgánicos no adecuados, la presencia de animales en cultivos o el uso de agua de riego contaminada”, explica Ana Allende, profesora de investigación y miembro del Panel BIOHAZ de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). “En el caso concreto de los productos de IV gama también hay riesgo de contaminación durante el proceso de lavado por el uso de equipos o utensilios y las manipulaciones no higiénicas que podrían introducir virus y bacterias productores de enfermedades, como la listeria, que además pueden persistir en las plantas de procesado de productos vegetales de IV gama”, añade Allende. Por eso, esta experta pone el foco en la prevención para evitar contaminaciones microbiológicas que luego pueden ser difíciles de eliminar.

“A pesar de estos riesgos, el estado sanitario de los productos de IV gama que podemos encontrar es, en general, bueno y su calidad microbiológica es correcta. Hay que destacar la especial importancia de la calidad del agua utilizada, tanto de riego como de lavado”, analiza Gloria Sánchez, investigadora del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) y especialista en seguridad microbio lógica de alimentos. Sin embargo, la experta advierte: “Precisamente, el hecho de que sean productos listos para consumir es donde reside el riesgo. Por eso, la prevención es la mejor herramienta de seguridad alimentaria en estos productos”. Algo con lo que Ana Allende coincide. “Es importante entender que las frutas y hortalizas de IV gama se consumen crudas, por lo que no existe ningún tratamiento térmico que elimine bacterias o virus presentes, lo que eleva el nivel de riesgo si se produce una contaminación”, añade Gloria Sánchez. Por eso, para garantizar su calidad e inocuidad, estos alimentos no solo se someten a estrictos controles de cumplimiento de normativas de seguridad alimentaria, sino que cuentan a menudo con certificaciones, sellos de calidad y de seguridad que certifican que se trabaja con los máximos niveles de higiene, trazabilidad y seguridad alimentaria, respetando también el medio ambiente mediante técnicas agrícolas sostenibles.

Ventajas y desventajas de los alimentos de IV gama

El principal valor añadido de este tipo de producto embolsado es la comodidad, se trata de productos listos para consumir (o en ocasiones, cocinar), lo que ahorra tiempo en la preparación. Además, en el mercado existe una amplia gama de productos de IV gama disponibles para incluir en una dieta rica en alimentos vegetales. Sin olvidarnos de su frescura y calidad, dado que este tipo de alimentos conservan sus características y propiedades nutricionales. Otra gran ventaja es que no contienen aditivos ni conservantes.

Sin embargo, no todo son ventajas, los productos de IV gama presentan algunos inconvenientes. El principal es su precio. Su coste es más elevado debido al procesado, envasado y mantenimiento de la cadena de frío que incrementan el precio final. La sostenibilidad es otro de sus puntos débiles: sus envases plásticos persisten en el medio ambiente si no se reciclan correctamente. Aunque algunas marcas ya utilizan bolsas compostables libres de plásticos. Y por último, la huella de carbono. Su conservación y seguridad dependen de la refrigeración continua, lo que incrementa el gasto energético y la huella de carbono del producto.

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