En esta campaña, la producción de ajo andaluz se ha recuperado levemente tras varios años a la baja a causa de la sequía, que redujo la cantidad de agua de riego disponible. Los volúmenes exportados por Andalucía han disminuido de las 62.525 toneladas de la temporada 2020-21 a las 38.785t de la 2024-25, según los datos del Observatorio de Precios y Mercados del ejecutivo regional. El mayor competidor de la región en el mercado europeo, China, ha aprovechado la coyuntura para incrementar el contingente enviado al mercado comunitario.
Aunque España es la responsable del 42% de la producción europea, los agricultores nacionales temen ya quedar “relegados” la competencia que ejerce China en Europa, lo que supondría unas “consecuencias irreversibles” para este negocio, según declaraba en nuestro último número el presidente de ANPCA, Juan Salvador Peregrín.
El incremento en las importaciones desde China, que ha redirigido su comercio a Europa ante la guerra arancelaria impulsada en Estados Unidos por el presidente Trump, ha implicado la pérdida de la posición que el ajo de Andalucía mantenía en Europa, un continente que tradicionalmente había valorado la calidad del producto cultivado en esta región.
Los agricultores andaluces deben competir en un mercado que privilegia un producto de menor precio, pero también de un valor reducido. Las cotizaciones de la última campaña, 1,95€/kg, son el reflejo de una situación particular, una oferta limitada por la falta de agua, y la expectativa es que, a medida que la producción vuelva a sus volúmenes habituales, el ajo reduzca a la mitad su precio en origen.
Pese a que Europa cuenta con mecanismos para defender la producción comunitaria, el total de kilos comprados a terceros países ha ido en aumento con el paso de los años, marcando 2025 un hito para el sector: por primera vez, se agotó el cupo que la UE marca a las importaciones, un límite que busca equilibrar la oferta nacional, aunque garantizando, al menos en la teoría, la viabilidad para los productores comunitarios, pero que se ha convertido en el reflejo de un producto importado que llega cada vez más a Europa, respaldado, según ANPCA, con aranceles que no han crecido desde 2001, pese al encarecimiento de la vida en las últimas décadas, y una normativa fitosanitaria más laxa.
Los vaivenes geopolíticos de los últimos años están afectando a los productores de ajo, que se enfrentan al incremento de las importaciones extracomunitarias por parte de la UE o el proteccionismo impuesto por Trump en Estados Unidos. Son decisiones políticas que añaden incertidumbre a un sector que necesita certezas y confianza para afianzar su, por ahora lenta, recuperación tras superar campañas marcadas por baja producción a causa de la sequía y la climatología adversa.

