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11 Jun 2026 | Actualizado 08:35

Revista del Sector Hortofrutícola

El melón español se alinea para recuperar su sitio

En el corazón de Murcia, gracias a Proexport (Asociación de Productores-Exportadores de Frutas y Hortalizas de la Región de Murcia), Mercados tuvo la oportunidad de organizar el pasado mes de mayo una nueva edición de su formato “A Debate”. En esta ocasión, centrado en el cultivo de melón, un producto que busca recuperar su posición en el mercado. Esta cita, además, coincidió con la reunión sectorial de melón que la organización murciana celebra periódicamente para dar seguimiento a la evolución del cultivo.

26/5/2026. Reunión y mesa redonda sobre el melón en Proexport para la revista Mercados © VICENTE VICENS

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Participan en ‘A Debate’:

  • Víctor García, jefe de producto de cucurbitáceas de Syngenta
  • José Cánovas, director Comercial de Fruca Marketing y presidente de la sectorial de Melón y Sandía de Proexport
  • Celedonio Buendía, presidente de Melones El Abuelo (Grupo Citri&Co)
  • José Ángel Serrano, presidente de la Cooperativa Santiago Apóstol de Tomelloso y presidente de la Interprofesional de Melón y Sandía de Castilla – La Mancha.
  • Moderadora, Amalia del Río, directora de revista Mercados

Tras varias campañas marcadas por la presión de costes, la irregularidad del consumo y la competencia exterior, el sector del melón empieza a compartir un diagnóstico común: recuperar valor exige sabor, fiabilidad, rentabilidad y una mayor coordinación entre semilla, producción, comercialización y distribución. La mesa redonda dejó una idea clara, el cultivo ha sufrido, pero también ha aprendido qué necesita de cada eslabón para volver a ganar la confianza del consumidor.

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Los participantes de la mesa coinciden en que la recuperación pasa por reforzar el sabor, ordenar la oferta varietal, garantizar la rentabilidad del productor y exigir a cada eslabón de la cadena que asuma su responsabilidad.

Definición del problema

Después de varios años complejos, marcados por la pérdida de consumo, la presión de costes, limitación de herramientas fitosanitarias, la competencia exterior, los cambios varietales y una relación cada vez más exigente con la distribución, el sector del melón empieza a compartir un diagnóstico. La categoría necesita recuperar valor, pero no solo a través de más superficie o más producción, sino a través de una estrategia mejor alineada entre todos los eslabones de la cadena.

El debate permitió dibujar con claridad el momento actual del melón español, un cultivo que ha sufrido, que ha perdido parte de la confianza del consumidor, pero que también parece haber identificado con mayor precisión qué necesita para volver a recuperar su espacio.

José Ángel lo resumió al inicio con tres ideas: “calidad, innovación y unión sectorial”. Tres conceptos que, en realidad, atravesaron toda la conversación. Víctor García, desde la visión de las casas de semillas, situó el foco en la adaptabilidad y la regularidad, “buscamos variedades con un alto nivel de adaptabilidad, que aseguren en las distintas zonas de producción una continuidad en el producto y una calidad lo más estable posible”. José Cánovas añadió: “tenemos que solucionar el problema del sabor, el de la competitividad y tener una genética que nos permita funcionar mejor en nuestros mercados”. Y Celedonio Buendía fue directo al corazón del debate: “Sabor. Me quedo solamente con eso. El sabor es determinante, es el que nos invita o nos deja de invitar a consumir un producto”.

A Debate Proexport
Reunión y mesa redonda sobre el melón en Proexport para la revista Mercados
© VICENTE VICENS

El sabor

El melón no puede recuperar valor sin la confianza del consumidor y esa empieza por el sabor. como sostuvieron los participantes. Para Celedonio, la pérdida de consumo no se explica tanto por el precio como por la irregularidad del producto: “No consumimos menos melones por una cuestión de precio; consumimos menos melones porque la fruta, desgraciadamente, no es tan fiable como era”.

La comparación con la sandía fue inevitable. Mientras esta ha logrado en los últimos años construir una imagen de producto más homogéneo, cómodo y fiable, el melón ha sufrido una mayor dispersión de perfiles varietales, momentos de corte y experiencias de consumo. “Hemos sido menos fiables que la sandía”, se apuntó, aludiendo a una categoría que, desde la aparición de las variedades sin semillas, ha sabido ofrecer al consumidor una experiencia más constante.

“Buscamos variedades con alta adaptabilidad, capaces de asegurar continuidad y calidad en distintas zonas
de producción”

“Hace unos años, buscando la evolución hacia melones con más firmeza y vida útil se sacrificó parte del sabor”

“El estándar de sabor de hace veinte años no es el mismo que el de ahora; las nuevas generaciones tienen otra referencia”

“La innovación varietal trabaja para el productor, aunque con un objetivo final muy claro, asegurar la confianza del consumidor”

Víctor García, jefe de producto de cucurbitáceas de Syngenta

José Cánovas coincidió en que el sabor es la primera condición para el mercado nacional, aunque recordó que, en exportación, la ecuación es más compleja. “En el mercado español el sabor es el número uno, pero fuera tenemos que competir con otros orígenes. Por supuesto, tenemos que dar el mejor producto en todo momento, pero también tenemos unos retos de competitividad”, señaló.

El problema, por tanto, no se limita a producir melones buenos, sino a conseguir que esa calidad llegue de forma regular al consumidor. Ahí entran en juego la genética, la sanidad vegetal, el manejo agronómico, el momento de corte, la vida útil, la logística y la forma en que el retail trabaja el producto en tienda.

Una responsabilidad compartida

Uno de los asuntos más delicados es la recolección. El sector reconoce que adelantar el corte ha hecho daño a la categoría, pero también admite que la decisión no recae únicamente en el agricultor. “El productor no suele cortar los melones cuando quiere, sino que sigue directrices del resto de eslabones, cuando le debería llegar el mensaje de ‘no lo cortes, que le falta una semana para que esté bueno’”, coincidieron Celedonio y José Ángel.

La frase refleja una realidad incómoda, cuando el mercado demanda producto, la presión se transmite hacia atrás en la cadena. Y si se fuerza la salida de un melón que todavía no está en su punto, “el daño no lo sufre solo una operación concreta, sino toda la categoría”, añadió Víctor García.

Cánovas introdujo además un factor técnico fundamental. El sabor del melón no aparece de forma automática, sino que depende de un proceso fisiológico en el que los almidones se transforman en azúcares. Para que ese proceso se complete, la planta debe estar sana y las condiciones climáticas deben acompañar. “Necesitamos un salto térmico adecuado entre la noche y el día, y todos sabemos lo que está pasando: las noches son cada vez más cálidas y los días más calurosos”, explicó.

A esa presión climática se suma la menor disponibilidad de herramientas fitosanitarias. “Mantener hoy una planta totalmente saludable es muy complicado. Estamos muy limitados”, advirtió Cánovas. Por eso, insistió en que el sabor no depende solo del corte, sino de un conjunto de factores cada vez más difíciles de controlar: planta, clima, sanidad, plagas, virus, rentabilidad y manejo.

José Ángel añadió una lectura desde la producción, la búsqueda de rentabilidad ha desplazado en algunos momentos el equilibrio entre kilos y sabor. “Hemos perdido el equilibrio entre un buen producto de sabor y variedades de volumen para que el producto sea rentable. Hay que cambiar totalmente la orientación”, afirmó.

El gran dilema varietal

La mesa redonda permitió abordar uno de los grandes cambios de fondo que ha vivido el melón en las últimas décadas, el paso de variedades tradicionales, con más sabor y aroma, a materiales con larga vida, mayor vida útil, firmeza y capacidad de aguante en tienda. Ese cambio respondió a una demanda clara de la distribución, pero tuvo consecuencias sobre la experiencia de consumo.

Desde la perspectiva de la mejora genética, García recordó que hace dos décadas trabajaban con referencias como Sancho, una variedad que era “referencia en sabor en el mercado”. Sin embargo, la conservación ligada a ese sabor resultaba insuficiente para las cadenas. “Nos vino una tendencia impuesta para hacer un cambio varietal porque la conservación unida a ese sabor era insuficiente para las cadenas de supermercados. Empezaron a demandar melones con más consistencia, más firmeza y más durabilidad en tienda”, señaló.

Ese cambio permitió ganar poscosecha, pero obligó a sacrificar parte del perfil organoléptico. “En esa evolución tuvimos que sacrificar parte del sabor, porque está ligado a la jugosidad, a los aromas volátiles… Toda esa genética tradicional que daba ese bouquet tenía una vida muy corta”, añadió Víctor.

Ejemplo de ello es el Galia, para el que las variedades tradicionales ofrecían más sabor, pero exigían cortes cada dos o tres días. La llegada de las variedades larga vida permitió concentrar la recolección y reducir costes, aunque con una pérdida evidente de sabor y experiencia para el consumidor. “Si cortas en el punto, tienes sabor y tienes bouquet. Si vas a un corte en toda la finca, ahorras mano de obra, pero estás sacrificando calidad de melón”, resumió Cánovas.

La cuestión ahora es encontrar un nuevo equilibrio. Según Víctor, el sector ha evolucionado hacia materiales que intentan recuperar parte del sabor sin renunciar a la vida útil que demanda el retail. Pero también advirtió de que el consumidor actual ya no es el mismo que el de hace veinte años. “El estándar de sabor entonces no es el que hay ahora. Hay nuevas generaciones que empiezan a comer melón y ya no tienen el referente del Sancho que se comía antes”, explicó.

Eso obliga al sector a trabajar sobre un nuevo concepto de calidad, no necesariamente volver al pasado, sino construir una referencia de sabor reconocible, estable y viable para la cadena actual.

A Debate Proexport
Reunión y mesa redonda sobre el melón en Proexport para la revista Mercados
© VICENTE VICENS

El retail también debe adaptarse

El debate dejó claro que recuperar sabor tiene un coste, no se puede pedir un producto más aromático, más jugoso y con mejor experiencia de consumo y, al mismo tiempo, trabajarlo en tienda como si fuera un larga vida convencional.

Ese cambio implica menos kilos recolectados por persona y día, más coste de mano de obra y una gestión diferente de la rotación. “A ciertos retail les hemos dicho: este producto tiene una diferencia de coste y no podemos bajar de ese precio; y, además, ustedes tienen que saber rotarlo en tienda, porque no tiene la vida útil del otro”, señaló Cánovas.

La reflexión conecta con una idea central, el melón de más sabor exige corresponsabilidad. Si el productor y la casa de semillas hacen el esfuerzo de apostar por materiales de mayor calidad, el retail debe entender sus características y tratarlos de forma adecuada. De lo contrario, el producto puede estar bueno por dentro, pero deteriorarse externamente si permanece demasiado tiempo en tienda.

José Cánovas, director Comercial de Fruca Marketing y presidente de la sectorial de Melón y Sandía de Proexport

“Durante años algunas variedades estuvieron demasiado condicionadas por el marketing o por la captación del retail”

“El melón necesita transformar los almidones en azúcar; si la planta no está en condiciones, el sabor no llega”

“Si cortas en el punto, tienes sabor y bouquet; si vas a un solo corte, ahorras mano de obra, pero sacrificas calidad”

“El retail ha entendido que, si el productor no tiene rentabilidad, no hay futuro para el sector”

Celedonio defendió, en este sentido, la necesidad de ver al retail como aliado y no como enemigo. “Yo, mientras me tenga que seguir dedicando a esto, tengo que tener aliados y ningún enemigo. Aliados son las tiendas, los supermercados, las empresas de semilla, quienes nos venden los envases y todo el personal implicado”, afirmó. Para él, la clave está en que cada eslabón “toque su instrumento” para que la música final suene. Evitando también la intromisión de los diferentes eslabones en el trabajo que no les compete, “yo puedo recomendar, pero no exigir al retail cómo vender un melón y ellos no pueden decirme cómo cultivarlo”.

Menos variedades y más fiabilidad

Otro de los grandes consensos fue la necesidad de reducir la oferta varietal. En los últimos años, el melón ha convivido con demasiadas referencias, perfiles de sabor y comportamientos en tienda. Esa amplitud, lejos de enriquecer la categoría, ha generado confusión en el consumidor.

El cambio de la genética tradicional hacia carnes más firmes o semifirmes, Víctor recordó que entraron muchas variedades al mismo tiempo. “Hubo un momento de disrupción muy importante. Al entrar tantos materiales, hubo muchas referencias de sabor distintas para el consumidor durante un periodo determinado”, explicó. El resultado fue que en una misma semana el consumidor podía encontrar experiencias muy distintas dentro de una sola categoría.

Una anécdota que ejemplifica esta situación muy ilustrativa la expuso Celedonio en El Abuelo, “hace cinco años llegué a tener 14 variedades diferentes en el almacén y supuestamente todas buenas. Pero eso para mí se ha terminado. Pocas variedades y, en la medida de lo posible, que sean hijas de un prototipo contrastado para mantener el sabor y la calidad el máximo tiempo posible”. José Ángel lo formuló de manera directa, “menos variedades y más fiables, es decir, el modelo sandía aplicado al melón”.

José Ángel Serrano, presidente de la Cooperativa Santiago Apóstol de Tomelloso y presidente de la Interprofesional de Melón y Sandía de Castilla – La Mancha

“El modelo debe ser menos variedades y más fiables: aplicar al melón parte de lo que se ha conseguido con la sandía”

“Para mí hay tres claves: calidad, innovación y unión sectorial”

“El modelo debe ser menos variedades y más fiables: aplicar al melón parte de lo que se ha conseguido con la sandía”

“Necesitamos que el melón tenga buen sabor en Murcia, en Almería y en La Mancha; solo así el consumidor repite”

“La interprofesional debe servir para unificar voces y también para impulsar campañas que incentiven el consumo”

La genética es una de las grandes palancas para recuperar valor, pero coincidieron en que no puede asumir por sí sola todos los retos del sector. Víctor señaló que la innovación varietal trabaja para el productor, aunque con un objetivo final muy claro, asegurar la confianza del consumidor. Cánovas añadió que durante años algunas variedades estuvieron demasiado condicionadas por el marketing o por la captación del retail, sin tener suficientemente en cuenta la rentabilidad del productor. “Han entendido que, si el productor no tiene rentabilidad, no hay futuro para el sector”, señaló. Celedonio fue todavía más contundente al defender el papel del productor y del comercializador experto frente a determinados “caprichos” varietales de la distribución. “El que me tiene que dar el respaldo del producto es el que se lo come.

Zonas productoras complementarias

El mapa productivo fue otro de los temas que se abordó desde una perspectiva común. Almería, Murcia, Castilla-La Mancha, Sevilla, Valencia y Tarragona forman parte de un calendario nacional que debe funcionar de forma coordinada para mantener presencia en los mercados y evitar huecos de suministro que abran la puerta a otros orígenes.

Cánovas explicó que en Almería el melón no siempre es un cultivo principal, sino una alternativa condicionada por la evolución de los cultivos de invierno. “Dependemos mucho de cómo vayan las producciones de invierno. Este año ha habido un problema grave en pimiento; se han arrancado hectáreas y, circunstancialmente, quien lo ha hecho ha puesto melón o sandía”, señaló. Por eso, advirtió, no siempre se puede interpretar el aumento de superficie como una recuperación estructural del cultivo.

En Murcia, según se apuntó, la superficie tiende a estabilizarse, aunque con una redistribución de los calendarios. Castilla-La Mancha, por su parte, mantiene un peso estratégico en el tramo final de campaña. José Ángel aportó datos de evolución de superficie y recordó que, aunque el melón ha recuperado terreno en los últimos años, la sandía ha crecido con mucha más intensidad. También recordó el impacto de la pasada campaña, cuando el calor de junio adelantó producciones y generó un colapso. “Fue la primera vez que en La Mancha se queda melón verde (piel de sapo) sin recoger”, lamentó.

La clave, según los ponentes, es que las zonas no se vean como competencia directa, sino como piezas de un mismo calendario. “No somos competencia; somos complementarios”, defendieron, “España, desde que empieza Almería hasta que terminamos en La Mancha a finales de septiembre u octubre, no es competencia de una zona contra otra. Somos perfectamente complementarios”.

Esa continuidad es especialmente importante en exportación. Cánovas recordó que el año pasado hubo un hueco entre Almería y Murcia que obligó a los retailers europeos a buscar alternativas. “Cuando entramos nosotros, ya habíamos dado un hueco a un turco o a un italiano, y luego coger el ritmo normal de venta nos costó mucho”, explicó. De ahí la necesidad de evitar disrupciones y mantener la confianza de las cadenas europeas en el producto español.

Competencia exterior

La competencia de países terceros apareció como uno de los desafíos más complejos. Sin embargo, Celedonio matizó una idea extendida: producir fuera no siempre es más barato. “Llevamos veinte años produciendo en Senegal. Mucha gente piensa que nos vamos a producir fuera porque vale más barato. Os digo que el cultivo de melón fuera nos cuesta entre 20 y 30 céntimos más por kilo que el cultivo más caro en España”, afirmó.

Según explicó, la razón no es el coste, sino el clima y el calendario. “Nos vamos por el clima. La logística manda, porque aquí no tenemos el clima que necesitamos en determinadas fechas”, señaló. También insistió en que, al menos en su caso, no se solapan campañas. “Acabamos la sandía en Senegal entre el 5 y el 7 de abril porque entre el 10 y el 15 empieza Almería. Los últimos melones de Senegal los tenemos el 20 o 25 de abril, justo cuando empezamos con los melones en Almería”.

El debate se centró más en la presión que ejerce la distribución europea al programar producto de ultramar en ventanas cada vez más tempranas. Se explicó que las fechas de plantación en Brasil o Senegal no se deciden unilateralmente desde la producción, sino que responden a acuerdos comerciales con grandes grupos europeos. “Son los retailers quienes demandan producto desde el 15 y el 20 de agosto, haciendo mucho daño a La Mancha”.

Regulación, fitosanitarios y soberanía alimentaria

La falta de herramientas fitosanitarias fue uno de los puntos más críticos de la mesa. Cánovas fue muy contundente al señalar que la regulación europea está dejando al productor con menos capacidad de respuesta frente a plagas y enfermedades. “No se puede solucionar todo con la genética. Nos están poniendo problemas, pero tampoco les damos todas las armas”, afirmaron. Hay que tener en cuenta que desarrollar una resistencia varietal requiere tiempo. “Se necesitan cuatro o cinco años para introducir una resistencia, y mientras tanto no tenemos otras herramientas. Y cuando llega el quinto año, esa resistencia puede saltar”, advirtió.

También se defendió la necesidad de una voz más fuerte para trasladar estas preocupaciones. Una interprofesional nacional podría ayudar a unificar mensajes, impulsar campañas y defender mejor la posición del melón español. José Ángel lo explicó con claridad: “De la interprofesional, lo que podemos hacer, aparte de unificar más las voces, para reforzar nuestras demandas, así como solicitar presupuestos para campañas de promoción”. En su opinión, la promoción genérica del melón sigue siendo necesaria, incluso con programas europeos plurianuales, para incentivar el consumo y reforzar la imagen del producto.

Recuperar valor exige coherencia

La mesa redonda dejó un diagnóstico exigente, pero también una oportunidad. El melón español ha pasado años duros, pero el sector parece haber identificado con más claridad las claves de su recuperación. La recuperación del valor exige coherencia colectiva. Las casas de semillas saben que deben trabajar en menos referencias y más fiabilidad; los productores, especialización, así como rentabilidad y herramientas fitosanitarias; los comercializadores piden continuidad y compromiso del retail; y todos coinciden en que el consumidor debe volver a estar en el centro.

Celedonio Buendía, presidente de Melones El Abuelo (Grupo Citri&Co)

“El sabor es determinante: es lo que invita o deja de invitar a consumir un producto”

“No consumimos menos melón por una cuestión de precio, sino porque la fruta no es tan fiable como era”

“Hace cinco años llegué a tener 14 variedades diferentes en el almacén y supuestamente todas buenas. Pero eso para mí se ha terminado. Pocas variedades y, en la medida de lo posible, que sean hijas de un
prototipo contrastado”

“España, desde Almería hasta La Mancha, no es una zona contra otra: somos perfectamente complementarios”

Cánovas lo resumió con una idea, “el futuro es optimista, estamos alineados y todos sabemos qué necesitamos. Debemos seguir ese camino”. Víctor coincidió en que cada empresa deberá especializarse, definir mejor sus nichos y aportar soluciones concretas. Celedonio, por su parte, lanzó una última petición a las casas de semillas, coherencia y responsabilidad cuando una apuesta varietal no funciona. Y Serrano, reforzar la cohesión como llave para pasos seguros y en la dirección correcta.

El objetivo final es sencillo de formular, aunque complejo de ejecutar, que el consumidor vuelva a confiar. Que compre un melón y sepa qué va a encontrar, que repita. Para que la categoría deje de ser una apuesta y vuelva a ser una garantía.

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