Mercamadrid se encuentra en un punto de inflexión histórico. La modificación del reglamento y la garantía de continuidad de Mercamadrid S.A. más allá de 2032 han aportado una seguridad jurídica fundamental para que las empresas vuelvan a planificar a largo plazo. Tras años de incertidumbre, el nuevo marco prevé licitaciones antes de 2028 con plazos de entre 15 y 20 años, lo que, aunque inferior a los 50 años actuales, permite desbloquear inversiones en infraestructuras y tecnología.
La inversión como respuesta a la estabilidad
Empresas como CMR Group ya están aprovechando este horizonte para reforzar su modelo operativo. Según su director gerente, Jesús López, la estabilidad permite una visión de crecimiento que se traduce en nuevos almacenes y digitalización de la comunicación comercial mediante pantallas de gran formato. Por su parte, desde Hermanos Montes, Raúl Fernández destaca que sin esta prórroga era imposible amortizar inversiones en servicios y profesionalización, señalando que el mercado necesita ahora una armonización normativa más homogénea.
En una línea similar, Frutas Candil apuesta por la eficiencia operativa. Su director comercial, Vicente Candil, subraya que esta etapa es clave para que las empresas puedan modernizar cámaras frigoríficas, iluminación y maquinaria, ganando competitividad sin perder la esencia del suministro diario al profesional.
El nudo del horario
Sin embargo, existe un consenso casi total en que la infraestructura no sirve de nada sin un cambio de horario. Para Joaquín Rey, director de FruitGrowing Quality, el horario nocturno es el centro de todos los desequilibrios y advierte de un “bloqueo gremial”: un 80% del sector desea el cambio, pero el 20% restante impide el avance. Este modelo nocturno está “matando al cliente” tradicional, cuya falta de competitividad reduce la capilaridad del mercado.
Desde Asomafrut, Santiago Blázquez y Sergio Fernández insisten en que el cambio de horario debe ser obligatorio para todos con el fin de evitar rupturas en la unidad de mercado. La dificultad de atraer a las nuevas generaciones, que rechazan el estilo de vida nocturno y el trabajo en sábado, pone en riesgo el relevo generacional tanto en los puestos como en las fruterías detallistas.
Especialización
Ante la presión de la gran distribución, la figura del mayorista evoluciona hacia la especialización extrema. Como ejemplo, La Froutique (Hermanos Montes) ha logrado crecimientos del 25% anual apostando por productos diferenciales, como las nuevas variedades de uva y tomates de sabor, trasladando al consumidor que la calidad tiene un precio.
En conclusión, Mercamadrid afronta una transformación profunda, donde el mayorista sigue siendo un “vehículo imprescindible” entre producción y consumo. El éxito de esta nueva etapa dependerá de si el sector es capaz de coordinarse para modernizar no solo sus paredes, sino sus propias reglas de juego y adaptarse a un consumidor que exige calidad, sostenibilidad y un servicio cercano.

