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Alimentación

4 de cada 10 personas no pueden acceder a una dieta saludable

En España hay 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave. El cambio climático, la crisis en la cadena de suministros o la creciente situación de inflación suponen importantes retos para garantizar la seguridad alimentaria.

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La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos nutritivos y suficientes. Asimismo, la definición del término no solo se centra en el acceso a los alimentos, sinó que también pone hincapié en la seguridad en el consumo de estos. Actualmente, según los datos ofrecidos por el Banco Mundial, hay más de 3 mil millones de personas que no pueden acceder a una dieta saludable, lo que representa el 40% de la población mundial. Cabe destacar también que esta situación es una tendencia al alza puesto que el total de personas afectadas por la inseguridad alimentaria aguda aumentó de 135 millones en 2019 a 345 millones en junio de 2022.

A nivel nacional, los datos de la Food and Agriculture Organization (FAO) indican que en España hay alrededor de 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave. En los últimos tiempos esta realidad se está disparando debido a causas tan variadas como el impacto de la crisis climática, el conflicto bélico del este de Europa y su correspondiente interrupción de las cadenas de suministros, o la situación de inflación creciente de la economía española que está incrementado los precios de alimentos básicos a máximos históricos.

Este contexto nos lleva a plantearnos cambios estructurales en el conjunto de la industria alimentaria con el objetivo de proporcionar alimentos suficientes, seguros, sostenibles y saludables para una población creciente.

Desafíos futuros: hacia sistemas alimentarios sostenibles

Pese a la complicada situación del contexto actual es posible aumentar la resiliencia frente a la inseguridad alimentaria. En este sentido es clave para revertir la situación no solo redoblar los esfuerzos a nivel global, sino ser conocedores de la situación ya que, solo en España, en 2020 se tiraron más de 1.300 millones de kilos de alimentos. En la misma línea, se estima que el 33% de todos los alimentos producidos acaban en la basura.

Para profundizar en la situación actual y en las estratégias globales para abordar la problemática, el Centro Europeo De Másteres Y Posgrados (CEMP) celebra el próximo 14 de noviembre la masterclass ‘Seguridad Alimentaria: Importancia, contexto actual y desafíos futuros. Hacia sistemas alimentarios sostenibles’. La ponencia será a cargo de la experta Marta Garcia Pérez, exdirectora ejecutiva de la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición y actual miembro de la Dirección General de Industrias Alimentarias. En esta se abordarán temáticas como la importancia de la seguridad alimentaria o los nuevos retos que afectan la producción de alimentos a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, además de las posibles estrategias existentes para afrontar la situación.

En línea con lo que se expondrá en el encuentro, CEMP, que ofrece un máster en Tecnología y Seguridad Alimentaria, comparte cuatro estratégias clave para velar por la seguridad alimentaria:

  • Reducir el desperdicio alimentario. En todo el mundo, cada año se desperdician un total de 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo que supone un tercio de la producción anual. Cabe destacar que este despilfarro se produce en toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo. En este sentido, reducir el desperdicio alimentario es un reto a nivel mundial: reducirlo supondría hacer frente a la inseguridad alimentaria que ya sufren millones de personas alrededor del globo.
  • Fomentar modelos de alimentación sostenible y de proximidad. Estos modelos de alimentación sostenible ponen especial hincapié en garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición para todos. Del mismo modo, buscan hacerlo sin comprometer para las futuras generaciones las bases sociales, económicas y ambientales. Así pues, hacen falta esfuerzos para revisar los distintos estamentos de la cadena de producción alimentaria, para convertir los sistemas alimentarios en sostenibles, justos e inclusivos.
  • Utilizar el agua de manera más eficiente. Según las investigaciones del Banco Mundial, el futuro suministro de agua resultará insuficiente para abastecer los sistemas de riego de muchos países. En este sentido, es clave hacer un uso consciente del agua para aplazar la insuficiencia en el riego. Es evidente que, sin este recurso, será imposible garantizar la seguridad alimentaria de la población mundial. Del mismo modo, el cambio climático está acelerando los problemas relacionados con el agua, por lo que es aún más urgente utilizar el agua de manera eficiente.
  • Mejorar la salud del suelo. Los suelos son la base de la agricultura y, por tanto, de la correcta nutrición de la población mundial. En este sentido, la calidad de estos está directamente relacionada con la cantidad y calidad de los alimentos. Así pues, las presiones al suelo agrícola a través de los avances en materia de tecnología agrícola y el aumento de la demanda han ocasionado un agotamiento de los suelos que ponen en riesgo su productividad. Así pues, el bienestar de los suelos, alejado de técnicas agrícolas agresivas, es fundamental para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras.

Accede a través de este enlace a la masterclass ‘Seguridad Alimentaria: Importancia, contexto actual y desafíos futuros. Hacia sistemas alimentarios sostenibles’ que liderará la experta Marta Garcia Pérez.

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