El negocio del tomate español ha experimentado una profunda transformación durante la última década. “La diferenciación lo ha transformado al pasar de un mercado centrado en variedades tradicionales a otro basado en especialidades”, explica Isidoro Carricondo, director técnico de UNICA. La introducción de tomates cherry, rosas de distintos calibres, referencias invertidas o variedades de diferentes colores ha ampliado las posibilidades del lineal y ha permitido responder mejor a las demandas de sabor, calidad y variedad.
Para Carricondo, el éxito comercial ya no depende únicamente de producir más, “se trata de ofrecer productos capaces de satisfacer nichos de mercado concretos y fidelizar al consumidor”.
Una herramienta frente a la competencia internacional
La especialización se ha convertido también en un factor estratégico para mantener la competitividad del tomate español frente al crecimiento de otros orígenes productores. En empresas con un elevado volumen, como UNICA, disponer de una gama amplia permite adaptarse mejor a las necesidades de la distribución y reducir la exposición a los segmentos más presionados por el precio.
“En un mercado con una fuerte competencia internacional, la diferenciación es una de las principales herramientas para mantener el liderazgo del tomate español”, señala el director técnico.
Las especialidades representan ya una parte relevante de la oferta de la cooperativa y continúan ganando peso cada campaña. Entre las referencias con las que trabaja UNICA se encuentran tomates cherry verdes y negros, Wabi-Sabi, cocktail, invertidos o San Marzano, además de otras propuestas orientadas a mejorar la experiencia de consumo.
“El desarrollo de estas variedades incrementa el valor añadido frente al producto commodity”, afirma. Una vez consolidada una especialidad, añade, se fideliza su consumo, se reduce la presión de competir únicamente por precio e incluso favorece la comercialización de las referencias convencionales.
Innovación con sentido de mercado
La mayor entrada de nuevas variedades y el elevado número de casas de semillas han multiplicado las posibilidades de innovación. Sin embargo, no todas las propuestas consiguen consolidarse comercialmente. “La clave no es ofrecer más variedades, sino desarrollar aquellas que aporten valor y fidelicen al consumidor”, advierte Carricondo. La selección debe partir de una necesidad real del mercado, ya que como apunta, una oferta excesivamente amplia puede generar confusión y dificultar la continuidad de las referencias.
Además, la producción de tomates de alto valor añadido requiere una mayor especialización. Son variedades más exigentes, que necesitan un manejo agronómico preciso, tanto en las labores de cultivo como en materia de resistencias a plagas y enfermedades, adaptación climática y resiliencia.
Variedad, sostenibilidad y nuevos formatos
Para Isidoro, el siguiente paso de la diferenciación irá más allá de las características varietales, “no podemos seguir produciendo como antaño, porque otras zonas han copiado el sistema productivo y tenemos que diferenciarnos”, sostiene. “El futuro pasa por combinar sabor, nuevos colores y calidad constante con una producción más sostenible”, que aúne una menor huella hídrica y de carbono, certificaciones que abarquen todo el sistema productivo y formatos adaptados a nuevos momentos de consumo.
En esta estrategia se enmarca el UNICA Agribusiness Centre, concebido como un foco de innovación y creación de valor. Su objetivo es mejorar la rentabilidad de los agricultores y anticiparse a las necesidades del mercado, reforzando la posición internacional del tomate español mediante la unión de innovación varietal, sostenibilidad y orientación al consumidor.


