Ajustar la producción
El sector de la patata encara una nueva campaña tras un 2025 especialmente complejo, la expansión de cerca de 4.000 hectáreas derivó en un mercado incapaz de absorber la producción, generando tensiones en precios y rentabilidad. “2025 fue complicado por un exceso de plantaciones y una mala planificación, con un mercado sin capacidad para consumir ese volumen”, apunta Javier Amutio, CEO del Grupo Amutio.
Como reacción, el sector ha reducido significativamente la superficie cultivada, en torno a un 20-25 %, volviendo a niveles más próximos a los registrados entre 2021-23. Para Amutio, la clave es clara, “es fundamental trabajar con industrias fiables y hacer una mejor planificación de hectáreas”.
Las lluvias registradas en las principales zonas productoras también condicionarán el desarrollo de la campaña actual. En particular, el retraso en Andalucía puede alterar el calendario habitual. “Las lluvias retrasarán las recolecciones en Andalucía, lo que puede provocar solapes con otras regiones”, advierte el CEO del Grupo.
Un mercado exigente y competitivo
En el plano comercial, el sector español se enfrenta a una competencia creciente, especialmente desde el norte de Europa, donde las producciones se están adelantando progresivamente. “El norte de Europa cada vez tiene plantaciones más precoces, por lo que somos menos necesarios”, señala Amutio, evidenciando un cambio estructural en el posicionamiento del producto nacional.
El rediseño del calendario productivo, impulsado tanto por factores climáticos como de mercado, está otorgando mayor protagonismo a la patata tardía frente a la de media estación.
Sin embargo, no todos los operadores han modificado su estrategia. “Nosotros trabajamos en todas las estaciones y tenemos muy planificadas las necesidades”, apunta defendiendo un modelo diversificado y estructurado.
Cambios en el consumo
Uno de los principales retos del sector se encuentra en el consumo, la patata fresca lleva años perdiendo peso frente a nuevas tendencias alimentarias, “hay más platos preparados y hemos perdido un 11 % de cuota de mercado en patata fresca en los últimos cinco años”, indica.
Este cambio de hábitos se combina con un factor clave: el precio, “estamos perdiendo consumidores porque la patata ha dejado de ser un producto barato”, afirma.
Para recuperar atractivo, Javier lo tiene claro, “hay que dar valor culinario a la patata y destacar sus propiedades beneficiosas para el organismo”.
Costes y presión internacional
El contexto geopolítico también añade incertidumbre al sector, especialmente por su impacto en los costes de producción. “La amenaza es importante: el gasóleo es mucho más caro y los costes productivos se han disparado”, explica, evidenciando un escenario global cada vez más complejo para el sector español.


