2025 ha terminado como un año de fuertes desequilibrios en el sector de la patata. A la ampliación de superficie en España se contrapuso una superproducción en Europa, lo que derivó en una alta volatilidad de precios. La campaña reabre varias tareas pendientes como la planificación o la sostenibilidad económica de muchas explotaciones en un contexto de creciente dependencia internacional.
2025: FIN DE CICLO
El primer gran titular de 2025 es el cambio de ciclo. Tras tres campañas marcadas por precios muy altos, debido a un contexto de escasez y tensión en la oferta, el mercado giró hacia una sobreproducción. Ambos lo resumen con claridad al señalar que “veníamos de unos precios muy altos y hemos pasado de tres años de precios altísimos a un exceso de producción”. Esa transición no solo ha ajustado los precios, sino que también ha transformado expectativas y estrategias de compra y venta en toda la cadena.
Ambos coinciden en que, con perspectiva, el ajuste era previsible. “Tarde o temprano iba a pasar; los excesos por una parte u otra no son buenos”, apunta Beltrán. Sáenz añade un matiz estructural clave: “en patata, los agricultores se tecnifican y son capaces de producir bastante más que hace muy poquitos años”, una mejora productiva que, sin una planificación acorde, amplifica los desequilibrios cuando el mercado cambia de dirección.
SEMILLA Y VARIEDADES
Una de las claves que explica la dinámica reciente del sector es el papel de la patata de siembra. La sequía europea de 2022 no impactó únicamente en la patata de consumo de aquel año, sino que también tensionó la disponibilidad de semilla, y ese déficit se acumuló durante campañas posteriores. Alfonso recuerda que “la sequía de 2022 afectó a la patata de consumo, pero también a la patata de siembra, y eso se nota al año siguiente y hasta dos años después”.
Esa escasez obligó al mercado a sembrar variedades no deseadas o poco adaptadas. “Se sembraron muchas variedades que la gente no quería; como no había semillas, se sembró un poco de todo”, explica Sáenz. El coste fue agronómico y comercial: cayeron los rendimientos, hubo problemas de calidad y una curva de aprendizaje que el productor tuvo que pagar en campo. A ello se suma una debilidad estructural del origen español. Como apunta Beltrán, “cuando faltan semillas no somos país principal; los países que producen semilla se la quedan primero”, lo que aumenta la dependencia exterior.
INDUSTRIA Y GEOPOLÍTICA
El segundo gran aprendizaje de 2025 es la consolidación de la industria de transformación como actor clave en la formación de precios. El mercado ya no puede interpretarse únicamente desde el fresco. El crecimiento de la industria y el peso de operadores de gran escala han introducido una dinámica mucho más internacionalizada. Sáenz destaca que uno de los hitos del año fue el mensaje de la industria francesa de patata congelada de que no compraría más volumen del ya contratado. “La industria dijo que no iba a salir a comprar al mercado libre y los precios en Francia bajaron muy de golpe”, recuerda.
Ese episodio evidenció hasta qué punto la industria se ha convertido en un factor determinante. “La industria va a ser un actor clave en los próximos años; los precios subirán o bajarán en función de sus demandas”, advierte Beltrán, en un contexto de concentración en el que una sola planta de transformación puede consumir cientos de miles de toneladas. A esa presión se suman factores geopolíticos, aranceles, incertidumbre comercial y la entrada de nuevos competidores en el transformado.
José Beltrán apunta directamente a Asia: “China y creo que India están empezando a producir patatas fritas más baratas que la europea; ya tenemos más competencia”. La conclusión es clara: cuando los precios europeos se tensionan, aparece oferta alternativa y el diferencial competitivo se reduce.
CONTRATOS Y MERCADO LIBRE
En un entorno de alta volatilidad, el debate sobre la comercialización se vuelve central. Alfonso Sáenz plantea los contratos como la base del nuevo modelo europeo, ya que aportan estabilidad, permiten planificar y minimizan la volatilidad del precio. “Planificar bien lo que se produce en función de las necesidades del mercado implica tener muy definido a quién se le va a vender”, insiste. En 2025, señala, el daño se concentró en quienes entraron en el mercado sin contratos bien cerrados o se movieron por libre, justo cuando el mercado libre se estrechó por el elevado nivel de compromisos previos.
Beltrán matiza, sin embargo, que el mercado necesita equilibrio. Los mercados centrales y los canales más diarios no pueden operar con precios garantizados porque su propia naturaleza es competitiva y de ajuste continuo. De ahí que defienda un enfoque mixto: “tiene que haber un mix entre producto contratado y mercado libre; no se pueden poner todos los huevos en la misma cesta”. En ese mismo sentido, recuerda que “en los mercados centrales no puede nadie asegurar un precio de compra; es competencia diaria”.
ALMACENAJE Y COMPETITIVIDAD
Si hay un consenso claro en la mesa es el déficit de almacenaje en origen. José Beltrán lo formula en términos de responsabilidad directa del productor: “esto no se arregla si no empezamos a hacer más cámaras de almacenamiento”. Aduce que externalizar esa función debilita la posición negociadora del agricultor. “No puedes exigir al mercado que almacene tus patatas y tú desentenderte”, subraya. La comparación con Francia surge como espejo incómodo: “solo hay que dar una vuelta por Francia para ver qué almacenes tiene un agricultor medio”.
Alfonso Sáenz complementa esta idea con un matiz clave: conservar no es simplemente guardar. “Si guardas tu producto, tu posición en la negociación va a mejorar”, señala, pero advierte de que ello exige un cambio cultural profundo. “Tienes que producir pensando en conservación; no vale producir para quitarlo del campo y luego ver qué pasa”. En este punto, ambos coinciden en que España importa un volumen muy elevado de patata y que, con mayor inversión y modernización en origen, podría reducir de forma significativa esa dependencia.
2026: UN AJUSTE CON UNA CONDICIÓN
De cara a 2026, la visión compartida es la de una campaña de transición, con corrección de expectativas y un ajuste de superficie condicionado por el agua, el ánimo del sector y el ritmo de venta de semilla. José Beltrán percibe un inicio más prudente: “veo los ánimos un pelín más fríos, con menor ritmo de venta de semilla; quizá volvemos a valores más habituales previos al ciclo de tres años”. Alfonso Sáenz coincide en el diagnóstico y añade que: “es un año de ajustar oferta y demanda, salvo que empecemos a conservar las patatas”.


