Tal y como explica Jonathan Marañón, responsable de cuentas y negocio agrícola de Smurfit Westrock en España, Portugal y Marruecos, junto a su equipo, “la campaña se está viviendo con cierta incertidumbre y tensión, debido principalmente a los efectos climatológicos que han impactado notablemente en la cantidad de producto comercializable”.
Transformación
Sin embargo, este escenario también está impulsando un cambio estructural. Frente a la caída de volúmenes, el mercado hortofrutícola evoluciona hacia un modelo más orientado al valor, apunta Marañón, quien añade que esto “se traduce en un incremento de la facturación impulsado principalmente por la mejora de precios en origen debido a la caída de la oferta y por una mayor orientación a mercados exteriores”.
El balance del último año confirma esta situación. Según Jonathan, “para el sector del envase y embalaje, 2025 ha estado marcado por la reducción de la demanda que está relacionada con un menor volumen comercializable en determinados mercados”. Aun así, el sector continúa avanzando en una dirección clara, la sostenibilidad, lo que le impulsa hacia la innovación, definiendo como ejes principales la sostenibilidad, la eficiencia operativa y la adaptación a nuevas normativas. Son aspectos que para Smurfit Westrock forman parte de su ADN, ya que sus soluciones no solo garantizan la protección y conservación del producto fresco, sino que también reflejan su firme propósito de crear, preservar y cuidar, aportando valor a toda la cadena y contribuyendo a un futuro más responsable para el planeta.
Retos
Uno de los grandes retos sigue siendo la complejidad logística inherente al sector hortofrutícola. Se trata de un mercado dinámico, condicionado por lo perecedero de los productos, que exige soluciones de packaging altamente especializadas. “Es un mercado muy cambiante y complejo que requiere envases resistentes, ligeros y adaptados a las cadenas de suministro”, subraya Marañón. En este contexto, el envase no solo debe garantizar la protección y conservación del producto, sino también optimizar los costes logísticos y responder a las exigencias de la distribución internacional.
A esta transformación se suma el impacto de la nueva regulación europea sobre envases y residuos (PPWR), que busca frenar el crecimiento de los residuos en la Unión Europea. Según Susana Amaya, responsable de sostenibilidad, el objetivo es claro: “reducir los residuos y la reciclabilidad de los mismos para frenar el crecimiento continuo de residuos de envases en la UE, que ya supera los 188 kg por persona y año”. En el ámbito hortofrutícola, donde la higiene, la ventilación y la protección son fundamentales, el cartón ondulado se posiciona como una solución clave. “Es la solución perfecta para cumplir con los requisitos de la PPWR”, afirma.
La sostenibilidad se consolida, por tanto, como el gran eje de transformación. “Estamos centrados en la reducción del impacto ambiental y la promoción de la economía circular”, afirma Amaya. La presión de la distribución y del consumidor está acelerando este cambio. “Exigen cada vez más envases que reduzcan el impacto ambiental”, lo que ha impulsado la sustitución del plástico por materiales reciclables y renovables.
Innovación
En el ámbito de la innovación, Jesús Rivas, responsable de diseño, señala que las principales tendencias pasan por la eficiencia y la optimización. “La innovación se basa en la optimización logística, buscando dimensionar el packaging adecuadamente”, explica.
También destaca avances en resistencia con menor uso de material, así como en la protección del producto. A ello se suman tecnologías emergentes como el packaging inteligente. “Los envases activos e inteligentes serán el futuro, pero ya forman parte del presente”, afirma, citando soluciones como absorbedores de etileno o sistemas de trazabilidad mediante RFID.
De cara al futuro, el sector continuará evolucionando bajo tres grandes vectores: sostenibilidad, innovación y eficiencia logística. Marañón lo resume como “un momento de oportunidad, de transformación y, a la vez, de continuidad”, en el que la capacidad de adaptación será clave para mantener la competitividad en un entorno cada vez más exigente.



