En los últimos años, la retirada progresiva de materias activas ha cambiado de forma sustancial nuestra manera de producir. No se trata solo de una adaptación técnica, sino de una transformación profunda y transversal.
Desde nuestra experiencia directa, la reducción de estas materias activas ha mermado de forma significativa nuestra capacidad para controlar plagas y enfermedades, tanto en la protección de los cultivos como en la desinfección de los suelos. La consecuencia inmediata ha sido un aumento notable de los esfuerzos y de los costes, al tener que recurrir a productos alternativos que, en la mayoría de los casos, no ofrecen la misma eficacia. El resultado es preocupante porque estamos viendo reaparecer patógenos que llevaban años sin suponer un problema real en campo.
EL IMPACTO ECONÓMICO ES EVIDENTE
Los costes de producción han aumentado de forma directa debido al mayor número de jornales por hectárea necesarios para el control manual de malas hierbas. Además, esta presión se traduce en una pérdida de productividad, las plantas madre en los viveros de plantón de fresa reducen su rendimiento de manera notable. En términos cuantificables, estimamos una disminución aproximada del 20-25 % en la producción por hectárea, una cifra difícil de asumir para cualquier productor.
Ante este contexto, resulta inevitable preguntarse si las alternativas disponibles hoy son suficientes y viables. Nuestra respuesta es clara, no lo son. Las soluciones actuales no ofrecen resultados comparables a los productos que han sido retirados, y no existen, por ahora, nuevas materias activas que igualen su eficacia. Aun así, creemos firmemente que el manejo del cultivo debe seguir avanzando hacia una mayor sostenibilidad y un respeto pleno al medio ambiente, pero siempre desde un enfoque realista y técnicamente viable.
ALTERNATIVAS
Para poder seguir produciendo con garantías, consideramos imprescindible un mayor apoyo regulatorio, técnico y económico. En concreto, sería necesario reconsiderar la autorización excepcional de productos como la cloropicrina y el dicloropropeno, al menos una vez cada tres años, alternándolos con Metam Sodio. Esta estrategia, combinada con las rotaciones de cultivo que ya son habituales en nuestro sector, permitiría mejorar la calidad de la desinfección del suelo y asegurar la continuidad productiva.
Si el ritmo actual de retirada de soluciones continúa sin ofrecer alternativas reales, el riesgo es evidente, llegará un punto en el que no podamos controlar determinados patógenos durante el desarrollo del cultivo. Esto no solo afectaría a las explotaciones individuales, sino al conjunto de la agricultura de nuestro país, colocándonos en una clara desventaja frente a productores de otros países con marcos regulatorios más flexibles.
Desde nuestra posición, creemos que la solución pasa por una mayor flexibilidad en la autorización de productos de desinfección, equiparando nuestras condiciones a las de otros países de la Unión Europea. Al mismo tiempo, es imprescindible que las autoridades realicen un análisis riguroso del impacto económico derivado de la eliminación de materias activas. Todo ello debe ir acompañado de la continuación de los trabajos de mantenimiento y enriquecimiento de los suelos, dotando al sector de los medios técnicos y económicos necesarios para mejorar la gestión del suelo y del resto de recursos productivos.


