La producción nacional de fruta de hueso alcanzó los 1,35 millones de toneladas, un 8% más que en 2024. Este crecimiento no responde tanto a una expansión planificada como a una combinación de circunstancias externas, una climatología favorable en determinadas zonas y una menor oferta en países competidores castigados por fenómenos extremos, que reforzaron de forma coyuntural la posición del producto español en los mercados. A ello se sumó un contexto de altas temperaturas que impulsó el consumo estival. “Con el calor, el consumo fue a más y la demanda era mayor que la oferta”, explica Manel Simón, gerente de Afrucat, subrayando el carácter climático de este impulso comercial.
La mejora de los precios en origen, celebrada por las organizaciones del sector, permitió corregir parcialmente una dinámica histórica de cotizaciones inestables. No obstante, este avance quedó rápidamente neutralizado por un aumento sostenido de los costes de producción: energía, insumos, seguros agrarios y, especialmente, mano de obra. El resultado es un estrechamiento persistente de los márgenes, incluso en campañas que pueden calificarse como positivas.
LA PARADOJA DEL PRECIO
Uno de los rasgos que mejor define el momento actual es la doble insatisfacción en la cadena de valor. Mientras el consumidor percibe un encarecimiento notable en el lineal del supermercado, el agricultor sigue considerando insuficiente el precio que recibe por su producción. Esta disonancia, señalada desde Afruex, evidencia un problema estructural en el reparto del valor. “El consumidor protesta por el alto coste que tiene que pagar, pero el agricultor también lo hace por cuánto lo vende”, resume Miguel Ángel Gómez, director gerente de la organización.
Esta situación se agravó en territorios durante el tramo final del verano, cuando la caída de la demanda coincidió con la entrada de variedades tardías. El descenso brusco de precios evidenció la alta dependencia del calendario, del clima y del consumo estacional, factores que siguen condicionando la estabilidad económica de las explotaciones.
Aun así, tras varios ejercicios marcados por pérdidas recurrentes, el balance global de 2025 se percibe como un punto de inflexión. Desde APOEXPA se insiste en que el resultado de la campaña marca un cambio de tendencia. “El balance de precios es positivo para el sector, tras años en los que las pérdidas económicas eran el denominador común”, afirma Joaquín Gómez, presidente y consejero delegado de la asociación, quien asegura que firmaría un 2026 similar al 2025. Una afirmación que revela hasta qué punto el sector ha ajustado sus expectativas a una rentabilidad contenida.
SITUACIÓN CLIMÁTICA
El cambio climático continúa siendo el gran condicionante transversal del sector. Sequías prolongadas, episodios de granizo, aumento de temperaturas y presión de plagas forman parte ya de la normalidad productiva. En este contexto, 2025 destacó por un elemento poco habitual en los últimos años, la recuperación hídrica.
El aumento de las precipitaciones permitió aliviar el estrés acumulado en los árboles tras varias campañas secas y estabilizó la producción en amplias zonas. Incluso territorios históricamente sensibles al exceso de agua, como el Valle del Jerte, lograron normalizar su cosecha tras un 2024 especialmente adverso.
Sin embargo, esta mejora no elimina la vulnerabilidad estructural frente a fenómenos extremos. En Cataluña, las granizadas de primavera volvieron a poner de relieve la dependencia creciente de los seguros agrarios, que ya no funcionan como un respaldo excepcional, sino como una pieza estructural del modelo productivo.
Paradójicamente, el calor extremo también tuvo un efecto positivo en 2025, al reducir la incidencia de determinadas plagas. Aun así, este alivio coyuntural no compensa la preocupación creciente por la retirada de materias activas, que limita la capacidad de respuesta sanitaria del sector y aumenta la incertidumbre de cara a las próximas campañas.
MANO DE OBRA
La escasez de trabajadores sigue siendo uno de los principales cuellos de botella del sector. La desaparición de las cuadrillas itinerantes que enlazaban distintas campañas agrícolas en diferentes regiones ha transformado profundamente el mercado laboral agrario. “Antes había cuadrillas que hacían la aceituna en Jaén, la fresa en Huelva y luego venían a Extremadura, pero eso ha cambiado por las reformas laborales, que hacen que la gente no se mueva de su sitio”, explica Miguel Ángel Gómez.
Este cambio estructural ha reducido la movilidad y ha obligado a los territorios productores a competir por una mano de obra cada vez más limitada. Regiones como Murcia han logrado amortiguar parcialmente el impacto gracias a la continuidad de campañas durante gran parte del año, lo que aporta cierta estabilidad. Sin embargo, en zonas con calendarios más concentrados, la falta de personal se ha convertido en un factor limitante real para la viabilidad y el crecimiento de las explotaciones.
MANZANA: ALIVIO HÍDRICO Y REAJUSTE PRODUCTIVO
El subsector de la manzana vivió en 2025 un escenario paralelo. Tras años de sequía, las lluvias devolvieron cierta normalidad hídrica a zonas clave como Girona y Lleida, pilares de la IGP Poma de Girona. “Veníamos de años con pantanos secos, falta de suministro de agua y nervios, pero la climatología se ha regularizado”, señala Jaume Armengol, presidente de su Consejo Regulador.
Aun así, la producción cayó un 4% respecto a 2024, en parte como consecuencia de un esfuerzo productivo excepcional en la campaña anterior. Este ajuste no se interpreta como una señal de debilidad, sino como un reequilibrio fisiológico del arbolado, que afronta 2026 con mejores reservas. La floración prolongada y la aparición de hongos en otoño recuerdan, no obstante, que la mejora climática también introduce nuevos riesgos sanitarios.
En paralelo, el sector avanza en una reconfiguración varietal. El crecimiento de variedades como Granny Smith o Tutti, frente al arranque progresivo de plantaciones tradicionales, refleja una apuesta estratégica por adaptar la oferta a la demanda y reforzar la competitividad, aunque se trata de un proceso que exige inversiones, tiempo y certidumbre regulatoria.
MIRANDO A 2026
Más allá del balance positivo de 2025, los desafíos estructurales permanecen intactos. La falta de soluciones eficaces frente a plagas, la escasez de mano de obra y la fragilidad de los márgenes continúan condicionando el futuro inmediato del sector.
La campaña ha demostrado que el sistema es capaz de generar valor cuando el contexto acompaña, pero también que sigue siendo altamente dependiente de factores externos y vulnerable a cualquier alteración climática, laboral o de mercado. En este sentido, 2025 no representa tanto una ruptura como una tregua: un año que ofrece oxígeno, pero no garantiza estabilidad.
El verdadero reto para los próximos ejercicios será transformar estas mejoras coyunturales en bases estructurales más sólidas, capaces de sostener al productor más allá de una combinación favorable de clima y mercado.



