Mercado nacional
La última campaña de patata ha dejado una lección clara para los operadores, la planificación comercial ya no puede desvincularse del control productivo ni de la lectura precisa del mercado. Así lo defiende Cristina Lázaro, directora de Desarrollo de Negocio en Patatas Lázaro, quien apuesta por un modelo basado en la autonomía productiva como herramienta para aportar estabilidad en un contexto marcado por la volatilidad.
En este sentido, la compañía ha reforzado su estructura para evitar que los excesos de oferta deterioren su posicionamiento. Actualmente, el 70% de la patata que comercializa es de origen nacional, una estrategia que no solo responde a criterios de abastecimiento, sino también a una clara orientación hacia la calidad y la diferenciación. Este enfoque se materializa en su modelo “N+Ñ 365”, que busca garantizar patata nueva española durante todo el año, alineando producción y demanda bajo un estándar constante de frescura y sabor.
Externalidades
El contexto climático, sin embargo, añade complejidad a la ecuación. Las incidencias meteorológicas, especialmente en regiones como Andalucía, han alterado los calendarios de siembra. Frente a ello, Patatas Lázaro ha intensificado su control directo sobre la producción, incrementando en un 55% sus hectáreas propias desde 2022. Esta integración vertical permite una mayor capacidad de reacción ante imprevistos y asegura la continuidad del suministro.
En el plano competitivo, el sector español se enfrenta a la presión de los grandes volúmenes procedentes del norte de Europa. No obstante, la estrategia no pasa por entrar en una guerra de precios o cantidades, sino por consolidar la fidelización del consumidor. Según datos de AECOC, siete de cada diez compradores priorizan el origen nacional, lo que refuerza el posicionamiento de la patata española como producto de confianza, sostenibilidad y calidad diferenciada.
Adaptación
Paralelamente, el sector está reconfigurando sus calendarios productivos, con un creciente protagonismo de la patata tardía frente a la de media estación. Para Patatas Lázaro, este cambio no es solo una adaptación climática, sino una oportunidad para avanzar hacia una agricultura más tecnificada, eficiente y precisa, apoyada en el conocimiento agronómico.
El escenario internacional, marcado por tensiones geopolíticas, también impacta en los costes de producción, especialmente en insumos como fertilizantes o energía. Ante ello, la respuesta pasa por la eficiencia operativa y la sostenibilidad. Patatas Lázaro ha logrado reducir sus emisiones indirectas mediante el uso de energías renovables, lo que no solo mejora su estructura de costes, sino que refuerza su posicionamiento en términos ESG.
En el plano nacional, la apuesta de la distribución por el origen nacional responde a una demanda real del consumidor, que asocia proximidad con frescura y trazabilidad. Este cambio está redefiniendo las relaciones entre productores, operadores y supermercados, hacia modelos más planificados y colaborativos. Así, el reto pasa por revalorizar la categoría. La clave, según Patatas Lázaro, está en educar al consumidor. Desde el packaging hasta la segmentación por usos culinarios, la información se convierte en una herramienta estratégica para dinamizar la compra. Iniciativas como Calixta reflejan un cambio de paradigma, la patata ya no solo se vende, se explica, se adapta y se posiciona como un alimento moderno, saludable y alineado con las nuevas tendencias de consumo.


