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30 May 2026 | Actualizado 09:03

Revista del Sector Hortofrutícola

La fresa y el tomate, unidos por la vitamina C

Investigadores logran aumentar mediante técnicas genéticas un 15% el contenido de ácido ascórbico en las tomateras a través de un gen del fruto rojo.

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No es casual el hecho de que a la fresa se la considere, por muchas cuestiones, como el oro rojo del campo onubense. Una de ellas es, sin duda, las innumerables posibilidades que este fruto rojo ofrece en relación a una alimentación sana y saludable, en buena medida por sus altos contenidos en vitamina C. Si a este hecho sumamos los numerosos avances científicos que en materia genética se están desarrollando en los últimos años, las posibilidades de expansión de la fresa, al margen de su consumo en fresco, son innumerables.

Precisamente su alto contenido en vitamina C, nutriente que se asocia por la medicina con un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares o cáncer, centra uno de estos estudios genéticos. Investigadores del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (Ifapa), dependiente de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Junta de Andalucía, conjuntamente con científicos del Departamento de Biología Molecular y Bioquímica del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora (centro mixto de la Universidad de Málaga y el CSIC), han logrado aumentar en un 15% el contenido de esta vitamina en el tomate a partir de un gen de la fresa.

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Los expertos han utilizado técnicas de ingeniería genética para elaborar un producto con aporte extra de ácido ascórbico o vitamina C y mayor capacidad antioxidante, según ha informado la Fundación Andaluza para la Divulgación de la Innovación y el Conocimiento (DesQbre).

Para ello, los investigadores partieron inicialmente de la base de que el tomate, aunque es uno de los frutos de mayor consumo en la dieta mediterránea, presenta un contenido en ácido ascórbico de entre 15 y 20 miligramos por cada 100 gramos, una cantidad relativamente baja en comparación con otras especies vegetales como los cítricos, el kiwi, la papaya o la propia fresa, de la que la provincia onubense produce el 90% de toda España.

«El organismo humano no produce por sí solo la vitamina C, sino que la adquiere, fundamentalmente, a través del consumo de frutas y verduras. Dado que el tomate tiene poca cantidad de este nutriente, pero es uno de los cultivos más consumidos y de mayor importancia a nivel agrario y económico, consideramos que era el alimento adecuado para mejorar su calidad nutritiva», ha explicado el investigador responsable de este proyecto, Victoriano Valpuesta, profesor de la Universidad de Málaga.

Para obtener estos resultados, los expertos que han realizado el estudio seleccionaron un gen de la fresa que participa en la producción de ácido ascórbico: «Esta fruta es de las que presenta un mayor contenido en vitamina C gracias al gen que produce la proteína D-galacturotano reductasa. Éste ya se había transferido con éxito en lechuga, aumentando el porcentaje de vitamina C en un 200 por ciento en dicha verdura. Sin embargo, nunca se había probado en tomate», detalla el investigador.

En este sentido, los análisis realizados a los tomates obtenidos mediante esta modificación genética, confirmaron un incremento en ellos del 15% de esta vitamina antioxidante, lo cual para Valpuesta «es un aumento moderado. No es mucho ya que, en general, modificar los niveles de este compuesto en una planta resulta difícil debido a que están muy controlados. Así, cuando los niveles de vitamina C se alteran, el organismo pone en marcha una serie de recursos para mantenerlos estables. Son los denominados mecanismos homeostáticos que se activan ante un desequilibrio interno, como en este caso, el incremento de vitamina C».

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