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La demanda europea no absorbe la cebolla española

El cierre y/o restricciones del canal Horeca en Europa derivados de la pandemia, unido al bajo nivel de conservación en los lineales de la cebolla española nueva, han provocado una menor demanda del producto nacional que han hundido los precios en origen por debajo de los costes de producción, poniendo a los agricultores en una situación límite.

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En plena campaña de cebolla fresca de Andalucía, el precio por kilo no supera los 9-10 céntimos de euro, mientras solo para cubrir los costes de producción son necesarios, al menos, entre 12 y 14 céntimos, y entre 16 y 18 para que el agricultor pueda obtener un margen de beneficio, según señalan desde COAG Córdoba. Su representante, el agricultor Salvador Fernández, denuncia que esta situación está poniendo en jaque al primer eslabón de la cadena, especialmente a los pequeños productores, que ven amenazada su subsistencia al no poder cubrir sus costes de producción y no poder recuperar, al menos, lo invertido. De hecho, otro agricultor de Posadas (Córdoba), con 45 ha de cultivo, manifiesta bastante afectado: “no sé, a día de hoy, cómo pagaré a los 100 trabajadores que tengo contratados”.

Una difícil situación que viene derivada, según ellos, de la apuesta que están teniendo las grandes cadenas de distribución, desde hace varios años, por la cebolla de importación del Hemisferio Sur hasta bien entrada la temporada de cebolla fresca española. “Además, este año se ha visto alargada por el retraso de los contenedores del canal de Suez”, apuntan.

“Las cadenas no apuestan por la cebolla nacional y el consumidor no presta atención al origen, y cuando lo hagan ya será tarde para nosotros, estaremos arruinados”, señala Fernández, quien cree que los agricultores merecen un mayor reconocimiento tras haber logrado sacar adelante un cultivo con muchas complicaciones climáticas (Filomena, lluvias, bajas temperaturas…).

Debido a la falta de demanda, algunos productores han tenido que aguantar la cebolla en campo, con la consiguiente pérdida de peso. “Los bajos precios no se justifican porque haya un exceso de oferta ya que este año hay menos rendimiento en campo por problemas climáticos”, añaden los agricultores, quienes ponen como ejemplo que, en Sevilla, de unas 7.500 tn por ha que se suelen obtener, en esta campaña se esperan solo unas 5.000 tn por ha.

La realidad es que el mercado no es capaz de absorber la oferta española en los meses de marzo, abril, e incluso mayo, provocando un hundimiento de sus precios.

Desde ACEC (Asociación de Cosecheros y Exportadores de Cebolla), su presidente, Alfonso Tarazona, declara que esta complicada situación se debe principalmente a la pandemia, ya que, hasta hace pocos días, el canal Horeca estaba prácticamente cerrado en Europa y la cebolla española va dirigida en su mayor parte a exportación y principalmente a este canal.

Además, considera que la crisis del canal de Suez no tiene relación y que, hoy por hoy, en los lineales, ya hay cebolla nacional en los lineales españoles y no de importación del Hemisferio Sur, como señalan algunas organizaciones agrarias. Sin embargo, sí es cierto que, en el mes de abril, los compradores europeos prefieren cebolla de otros orígenes porque “la española en estas fechas no alcanza el nivel de calidad y de vida útil que exigen los mercados”.

“Esta apuesta por cebolla de otros orígenes en esas fechas ha venido para quedarse, por lo que el agricultor español debe programar sus producciones teniendo en cuenta la nueva realidad de los mercados europeos”, señala Tarazona, quien reitera que la difícil situación se ha intensificado este año debido a la pandemia.

Una versión con la que coincide otro operador valenciano, el cual sostiene: “Los agricultores españoles tienen que dejar de producir en abril porque no hay demanda para su producto”.

Así pues, según los comercializadores, la ventana comercial se reduce sin duda, entre otras cuestiones, por la mayor competitividad de otros orígenes, como puede ser la cebolla holandesa, “más estable en precios y que no presenta problemas en la conservación”.

Para responder a las nuevas demandas, “los agricultores deben apostar por otras variedades más duraderas y competitivas”, concluye Tarazona, quien a su vez no cree que haya habido menos oferta que otros años.

 

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