El principal reto para las casas de semillas hoy día es desarrollar variedades que aporten valor real a toda la cadena: agricultor, almacenista y mercado. Hoy no basta con obtener rendimiento; es imprescindible trabajar en calidad interna, conservación, homogeneidad y adaptación a distintos sistemas de cultivo. Así lo creen desde Bejo que, además de innovar en variedades siguiendo estas líneas de desarrollo, trabajan en la mejora de la tecnología de semilla con procesos cada vez más exigentes, como es el caso del B-Mox® de Bejo: “Es una mejora en el pregerminado que llevábamos trabajando muchos años para que desde el inicio en la germinación como en la finalización del producto final, consigamos cebollas más uniformes y de mejor calidad”, explica José Ramírez, responsable de desarrollo de cebolla.
Así, a nivel global, desde Bejo apuestan por una combinación de innovación varietal, nueva tecnología en semilla, asesoramiento técnico y cercanía al agricultor. Su objetivo es ofrecer soluciones adaptadas a cada zona y sistema de cultivo, acompañando al productor con ensayos locales y obtención de nuevas variedades en las principales zonas de producción. “Creemos que solo la colaboración entre casas de semillas, agricultor y resto de la cadena, podrá mantener la competitividad del sector europeo de la cebolla”, afirma Ramírez.
Portfolio
Con estas premisas, las variedades más recientes que Bejo ha puesto en el mercado son Shania, para el mercado de cebolla dulce y Red Lion, cebolla roja de día corto. En el resto de los tipos de cebolla, están desarrollando un gran número de híbridos experimentales que esperan poder ofrecer pronto a todos sus clientes.
En cuanto a las variedades que presentaron el año pasado, la respuesta está siendo muy positiva. “Son materiales que llevamos un tiempo trabajando y que por su productividad, calidad y equilibrio en su comportamiento en el almacén hacen que los agricultores valoren positivamente, ya que la estabilidad del cultivo y la reducción de riesgos son aspectos que hoy pesan tanto o más que el potencial máximo de rendimiento”, detallan.
Esta minimización de riesgos responde a la reducción de materias activas disponibles, que suponen un gran reto para el agricultor y para las casas de semillas. Por ello, en Bejo trabajan desde hace años en la selección de variedades con mayor tolerancia a enfermedades, mejor comportamiento frente al estrés y una arquitectura de planta más equilibrada. Esto no sustituye completamente a las herramientas fitosanitarias, pero sí ayuda a mantener rendimientos más estables en un contexto de menor disponibilidad de soluciones químicas.
Daño interno
Este problema es uno de los grandes desafíos actuales del cultivo de la cebolla. Se trata de un problema complejo, en el que influyen factores climáticos y de manejo. En Bejo trabajan activamente en la identificación del origen dentro de un proyecto liderado por Procecam y UPM (Universidad Politécnica de Madrid), a la vez que trabajan en la selección de líneas con menos susceptibilidad a los daños observados, combinando ensayos de campo, pruebas de almacenaje y análisis internos. “Es un trabajo a medio y largo plazo, pero prioritario para nosotros”, declara José Ramírez, responsable de desarrollo de cebolla.
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