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En 2040 aumentará un 50% la demanda del agua

Este es el gran desafío que tiene por delante la agricultura en los próximos años, en un contexto medioambiental marcado por sequías globales cada vez más graves y el uso, a menudo errático, de los recursos hídricos en la gestión de los cultivos.

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Producir más alimentos con menos agua. Este es el gran desafío que tiene por delante la agricultura en los próximos años, en un contexto medioambiental marcado por sequías globales cada vez más graves y el uso, a menudo errático, de los recursos hídricos en la gestión de los cultivos.

La incertidumbre sobre la cantidad de agua que va a necesitar el agricultor para sacar adelante sus cosechas en cada campaña, la sobreexplotación de los acuíferos y enfoques obsoletos y poco eficientes de la productividad agrícola, son algunas de las razones del estrés hídrico que se está produciendo en todo el planeta. La FAO estima que para el año 2040 esta situación se verá agravada por el aumento del 50% en la demanda de agua.

De otro lado, el creciente reclamo de alimentos en un mundo cada vez más poblado apunta que en los próximos 30 años, gran parte del agua dulce disponible en todo el mundo habrá de ser retirada del ciclo de consumo humano para satisfacer la sed de la agricultura.

Así las cosas, el aumento de la eficiencia del uso del agua con prácticas como el riego por goteo, la reutilización de aguas residuales para este fin o la elección de cultivos con menos necesidades hídricas y mayor tolerancia a las sequías, son solo algunas de las soluciones a implantar de manera global en la agricultura para poder afrontar la grave escasez de agua ahora y en el futuro.

Las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura como los drones, los métodos de obtención de agua procedente de la condensación atmosférica, los sensores subsuelo para medir el nivel de humedad de la tierra, la anticipación meteorológica, el Big Data aplicado a la maquinaria agrícola, la agricultura de precisión o la monitorización satelital de cultivos son, a día de hoy, la gran esperanza para que los agricultores sean capaces de aumentar la productividad de sus campos con menos agua y ayudarlos a tomar las mejores decisiones de riego.

En este sentido, la FAO abunda además en que las tecnologías innovadoras aplicadas a la agricultura para preservar el agua deben ser económicamente eficientes, socialmente aceptables y ambientalmente sostenibles.

Empresas como SatAgro, dedicada a la monitorización por satélite de cultivos, están desarrollando herramientas que permitirán ahorrar agua por medio de la aplicación variable de agua en base a las necesidades hídricas específicas de cada cultivo. En este tipo de soluciones se tienen en cuenta todo tipo parámetros para determinar la demanda de agua incluyendo el estado actual de los cultivos, la capacidad hídrica del suelo o la escorrentía relacionada con la topografía. Además, el seguimiento por satélite de los cultivos cumple cada vez mejor la promesa de apoyar a la agricultura y las imágenes satelitales son una pieza central del módulo de riego de precisión.

Tal y como comenta Krzysztof Stopa, CTO en SatAgro: “Desde 2019 hemos estado trabajando con un grupo de explotaciones agrícolas en un nuevo módulo para el riego de precisión. Gracias a esta herramienta, los agricultores pueden obtener mapas con la cantidad de agua que debe ser aplicada en cada punto del campo y generar archivos con instrucciones para que sus equipos de riego sean capaces de aplicar esas dosis sobre el terreno. Nuestra solución permite distribuir el agua disponible proporcionalmente a las necesidades de las plantas”.

SatAgro se caracteriza por un rápido desarrollo y despliegue de novedosas herramientas de Agricultura Digital que evolucionan junto con la industria, en particular el sector de la monitorización por satélite. Durante la presente temporada esperan lanzar una nueva versión del módulo de riego de precisión, que se integrará con un módulo de déficit hídrico, teniendo en cuenta tanto las precipitaciones como los aportes de agua de riego. De este modo, las explotaciones agrícolas tendrán una visión más holística del problema del estrés hídrico, y la posibilidad de seguir sus anomalías actualizadas dinámicamente tanto en el espacio como en el tiempo.

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