Un mercado en transformación
“El cambio es lento, pero inevitable”, explica Vera, quien conoce de primera mano la resistencia al cambio que aún persiste en muchas zonas de olivar tradicional. Durante años, el agricultor ha trabajado con los mismos productos, los mismos ciclos y las mismas estrategias. Sin embargo, en los últimos años han entrado en juego nuevos factores que están obligando a replantear las reglas: la retirada de materias activas como el mancozeb, la aparición de enfermedades sin solución química clara, las campañas con restricciones hídricas y el encarecimiento general de los insumos.
“Los agricultores están cada vez más abiertos a probar nuevas soluciones, pero hay mucha desinformación. Algunos no saben realmente lo que están aplicando. Por eso es fundamental el asesoramiento técnico y la presencia en campo”, afirma.
«Los bioestimulantes son una pieza esencial
en un nuevo enfoque agronómico más adaptado a los tiempos»
Los bioestimulantes: aliados frente al estrés y la baja productividad
Según Vera, los bioestimulantes pueden marcar la diferencia en un cultivo como el olivar, donde los resultados no siempre son tan inmediatos como en hortícolas, pero sí duraderos y palpables. “El olivo es un cultivo muy agradecido. Si se le da lo que necesita, responde. Y los bioestimulantes bien aplicados ayudan a que la planta gestione mejor el estrés, tenga más capacidad de recuperación y afronte mejor su ciclo productivo”, explica.
Productos formulados con aminoácidos, extractos vegetales, calcio, potasio o betainas permiten, por ejemplo, mejorar el cuajado, reducir la caída del fruto, activar la savia tras la recolección o retrasar los efectos del estrés hídrico. Vera cita como ejemplo el uso de SERGOMAX L90, uno de los productos estrella de Servalesa, que ofrece una notable recuperación de árboles agotados y estimula la brotación en momentos clave.
Cambio de mentalidad, paso a paso
El delegado comercial de Servalesa sabe que la clave está en demostrar, no solo en vender. Por eso, su modelo de trabajo se basa en visitas continuas a finca, explicaciones técnicas accesibles y, sobre todo, resultados visibles. “Si el agricultor ve que algo funciona y puede permitírselo, vuelve”, asegura.
Aunque hay zonas con un mayor nivel de tecnificación, como las de olivar intensivo o superintensivo, la realidad es que buena parte del campo jienense sigue funcionando con patrones del pasado. “Todavía hay agricultores que utilizan abonados tradicionales, pero ya no es suficiente. Hoy, si no exprimes el potencial de cada árbol, el olivar tradicional no es rentable”, sentencia.
“El agricultor que empieza a usar bioestimulantes y entiende su función, ya no vuelve atrás”, concluye. Y ese es, tal vez, el mejor indicador de que el cambio ha comenzado.
La visión de José Vera es clara: el futuro del olivar pasa por una agricultura más técnica, más eficiente y mejor informada. Los bioestimulantes no son la solución a todos los problemas, pero sí una pieza esencial en un nuevo enfoque agronómico más adaptado a los tiempos.

