Entre el lineal y el campo, la demanda atraviesa hoy muchos pasos: distribución, marcas, marketing, datos, logística o retail, que interpretan constantemente las decisiones de producción, innovación y comercialización. El resultado es una cadena donde el productor difícilmente recibe una señal directa del consumidor, sino indicadores indirectos basados en precios, calibres, rotaciones o rechazos.
En este contexto, la distribución se ha consolidado como el actor con mayor capacidad de escucha gracias al acceso a datos en tiempo real sobre hábitos de compra y comportamiento del consumidor. Así lo plantean desde Consum, donde Jesús Antonio García Herraiz advierte de la creciente dificultad para trasladar esa información al productor sin que se convierta en “ruido de fondo”. Una visión que comparte David Bodas, de Syngenta, quien considera que el gran reto del sector pasa por interpretar una demanda cada vez más condicionada por el valor percibido, el precio y las diferencias generacionales.
Sin embargo, el consumidor actual ya no se mueve únicamente por variables tradicionales. Neus Fernando Martínez, de Semillas Fitó, sostiene que la demanda se construye cada vez más desde la experiencia de consumo y no solo desde la oferta productiva, en un mercado donde conviven sostenibilidad, conveniencia, sabor o salud, aunque no siempre se traduzcan en decisiones reales de compra.
Por su parte, Hannes Tauber, de VOG, apunta hacia un futuro marcado por la segmentación, el análisis de datos y la construcción de categorías capaces de responder a consumidores cada vez más diversos. Porque entender quién escucha realmente al consumidor y cómo se interpreta su voz, será determinante para definir el futuro del sector hortofrutícola.


